Qué quedará de nosotros

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Qué quedará de nosotros

Eduardo Sacheri

Alfaguara

408 págs.  pvp: 20,80 €

 

La historia de Argentina no se entiende sin los gallegos; y viceversa. Pero tampoco se entiende sin los tanos. Hasta los capos de los milicos dictadores se llamaban Videla o Galtieri… Quizá esta nota esté un tanto parcializada por culpa de andar entre gallegos en la Patagonia, pero vamos adelante.

Eduardo Sacheri (apellido tano) escribió un libro que merece el mejor elogio para un narrador realista: Qué quedará de nosotros es un reportaje fabulado, capaz de meter el lector en las circunstancias de tal manera que se sienta en el barro helado de las Malvinas, en las zorreras donde los colimbas aguantan lo que les va a venir encima, como advierte su teniente. Eso se llama “capacidad de sugerencia”, estilo según la definición de Rodrigues Lapa.

En la capital del petróleo de la Argentina, Comodoro Rivadavia, los de la gaita y el pulpo se lanzaron a la guerra con todo lo que tenían y la vivieron en la esperanza de ganarles la partida a malvineros e ingleses. Uno de Vigo, que ponía los cohetes a los aviones, se vino abajo cuando el milico jefe le dijo “Che, gallego, andate, que se acabó la joda”.

Sacheri hace Historia con las intrahistorias de los pibes que tenían frío y cagazo de morir, que se fiaban del sargento y el teniente porque cuidaban de ellos, y no les dejaban largar tiros a lo loco pues se acababan las balas. Y mataron ingleses (cosa fea, la cara de un muerto, carajo).

¿Y qué quedó de ellos? Lápidas, algún monumento, manifestaciones en la Plaza de Mayo de la capital. “Buenos Aires y el país”, siempre se dijo. En la parte del país más cercana a aquellas islas yermas —entre Comodoro Rivadavia y Río Gallegos— todavía hoy lucen en las casas fotos y certificados de valentía para militares y civiles: durante unos meses, soñaron juntos con que Santa Evita humillaría a la Thatcher. Alfaguara acertó con esta publicación, a la que solo le cabe una crítica: que no esté escrita en castellano español. El habla platense —koiné para toda Argentina— solo puede ser gozada en toda su riqueza por quien allá la fue descubriendo. Xavier Alcalá