Poesía para empezar 2026

2025 queda atrás pero nos deja estos poemarios para leer en este invierno, con manta en casa o en la nieve, también en la playa, que para todo hay. 

Texto:    Enrique Villagrasa       

 

Llegan poetas de aquende y allende, personas lectoras. Poemas que enaltecen el lenguaje, que nos demuestran una vez más que con estos versos llegamos al fondo de nosotros mismos, a enfrentarnos al silencio que no queremos escuchar. Esa voz que nos conecta, en el devenir telúrico, con nuestro ser y con la otredad: con la naturaleza, con la existencia, con el otro. Leer poesía nos salva de nosotros mismos.

 

Sol y sombra (Reino de Cordelia) de Mercedes Escolano (Cádiz, 1964) es el flamante XXVIII Premio de Poesía Ciudad de Salamanca donde se nos da cuenta del virtuosismo de la poeta quien con ese lenguaje tan sencillo, tan cotidiano, nos presenta su alimento diario de palabras con metáforas e imágenes poderosas como: <<Nubes del Oeste han ido hilvanando/ los cielos dormidos esta tarde>>. Una genia.

 

El cuerpo quemará la medida de las casas (La Garúa) de Cleofé Campuzano Marco (Murcia 1986), con prólogo de Luis Llorente, quien termina diciendo: <<Que celebre el incendio la mirada>>. Leer esta poesía es eso: dejarnos atrapar por sus versos, imágenes y metáforas, pues <<Solo las piedras y los espejos dicen y ocultan>>. La poeta conoce la realidad del verso que motiva, que da continuidad.

 

Sueños: La puerta oscura (Aerea-Ril) de Jaime D. Parra (Huércal-Overa, Almería), con prólogo de Jesús Aguado, quien señala esa puerta oscura que se abre a un camino que es el del ser-Ser. Creo que es esa puerta abierta encajada en la realidad que nos lleva a donde no sé si queremos ir: al conocimiento: <<Yo procuraba no cruzar al otro lado para/ no invadir la parte otra>>. Ser siendo y no escapar a la vida.

 

El Libro (no) de los Salmos (Hiperión) de Susana Szwarc (Quitilipi, Argentina). En lo lúdico anida lo lucido diríase ante estos poemas que el verso atesora: <<Que la letra atesore/ su pasar de largo>>. Salmos que no son salmos pero sí tienen ecos de invocación. Plasman la ambigüedad de la incertidumbre existencial dando certeza a la cotidianeidad como materia poética: hay necesidad de leer y de leer esta poesía.

 

Ritos de paso (Nazarí) de Constanza González Ferrer (Barcelona-Albolote, 1967). Una demostración de la pluralidad y diversidad de la poesía que es umbral para traspasar y recordar los portales de la infancia que decanta nuestra existencia, esas circunstancias y nuestra particular visión del mundo: <<En los portales donde mi infancia se deshacía/ no se apostaban las esfinges>. Azar y necesidad poética.

 

La arquitectura del azar (Polibea) de Juan Manuel Uría, con palabras preliminares de Manuel Neila, quien tiene a bien señalar la sencillez, magnífico logro, de estos haikus que me parecen exquisitos. Un alarde de poetizar el momento, ese instante que te hace resplandecer con el temor y temblor de la grandeza que sabes que en ellos anida la belleza: <<Veo en lo efímero/ un ansia irreprimible/ de eternidad>>.

 

La luna presentida –Tankas (Satori) de Fidel Sendagorta (Madrid, 1956). La poesía japonesa me encanta y en esta colección de tankas, cinco versos, se imbrican de manera exquisita cotidianeidad, naturaleza y sentimientos (amor): <<Hoy nublan los misterios/ que ayer nos deslumbraban>>. Belleza por doquier distinguen a estos tankas, de la mano firme de este poeta singular y señero en estos menesteres.

 

La lascivia caía como agua de madrugada (Huerga y Fierro) de Mateo Morrison (Santo Domingo, 1946) es un interesante poemario, catártico diríase: además de toda una apuesta ética y estética, eros y thanatos, por el renacer del yo poético tras el baño en ese Jordán que es la poesía: «Unir los ríos para que sean uno/ Nos permite superar el dominio del mar/ Diluir cada nube cerca de nuestros ojos».

 

Esta es una propuesta poética que bien vale la pena, es de lo mejor que se publica por estos lares, no lo duden, para empezar el año 2026 bien y también para regalar el próximo día de Reyes, que no son monárquicos. ¡Hay que leer y regalar poesía, personas lectoras! Este año será tenebroso y necesitamos la luz que nos da la poesía. ¡Ahí su utilidad!