“Cartas olvidadas de Jane Eyre y Anna Karenina” de las escritoras Eugenia Tusquets y Marga Iriarte, es una novela epistolar con dos de las heroínas más populares de la literatura universal que retrata la sociedad opresiva en la que vivía la mujer del siglo XIX, sociedad de la que todavía arrastramos algunas lacras.

 

 

Texto: Susana PICOS

 

Las escritoras Eugenia Tusquets y Marga Iriarte decidieron durante el confinamiento iniciar una correspondencia imaginaria entre dos de sus personajes de ficción más queridos, Jane Eyre y Anna Karenina. Del proyecto resultó la novela epistolar Cartas olvidadas de Jane Eyre y Anna Karenina (Funambulista),

En la recreación de las cartas se entabla una conversación entre las dos protagonistas donde descubrimos sus pasiones y pensamientos, pero también sus opiniones sobre la sociedad del momento. A través de las misivas conocemos la vida de la protagonista de Tolstói, Anna Karenina, y en un juego literario la posible vida que Jane Austen podría haber llevado tras el final de la novela de Charlotte Brontë. En los dos casos, las cartas sirven a sus autoras para retratar una época, pero también, para mostrar que las dudas, los sentimientos, los anhelos, las trabas… siguen siendo iguales para muchas mujeres de hoy en día.

 

¿Por qué habéis elegido los personajes de Jane Eyre y Anna  Karenina?

Eugenia: Aunque parezca poco creíble, fue un juego de casualidades. Las dos compartimos muchas lecturas, en especial las novelas del XIX. Durante el primer confinamiento decidimos escarbar un poco en Jane Eyre y en Anna Karenina.. En una de nuestras múltiples llamadas telefónicas se nos ocurrió darles vida, escribir sobre ellas, y decidimos finalmente hacerlo al estilo epistolar.

Marga: Si en vez de personajes de ficción hubiéramos elegido dos escritoras, como pensamos en un principio, nos hubiésemos tenido que ceñir mucho más a la realidad y lo que nosotras queríamos era jugar literariamente con dos personajes femeninos que representaran dos contrapuntos y que nos permitieran centrarnos en explicar lo que nos interesaba, que era el rol de la mujer en la sociedad.

 

¿Se puede calificar vuestro libro como feminista?

Eugenia: Claro que es feminista; se contraponen y expresan dos modelos de mujer. Retratamos de la manera más directa la opresiva sociedad que sufrieron tanto Jane como Anna y millones de mujeres occidentales, pues el contexto requería aproximarnos a cómo eran tratadas entonces, tanto las de clase alta, como las menesterosas.

 

¿Por qué el género epistolar? 

Eugenia: Al principio pensamos en hacer un intercambio de narraciones de una y otra redactadas en primera persona, algo así como alternar los diarios de ambas, buscando similitudes que justificaran esta alternancia, pero enseguida nos dimos cuenta de que lo ideal era que se comunicaran mutuamente los relatos, es decir, montar una correspondencia entre ambas.

Marga: Por la razón de que es un recurso de ficción narrativa muy convincente. ¿Qué diferencias hay entre una carta falsa y otra real? Muy pocos podrían distinguirlas. La novela epistolar es una narración muy dinámica que da la impresión de veracidad. Es una crónica que el lector descubre en cada carta. “

Eugenia: El género epistolar estuvo muy de moda durante el siglo XVIII. Recordemos la fama de Rousseau con La nueva Eloísa o Laclos en Las amistades peligrosas.

 

¿Os ha sido difícil meteros en la piel de estas grandes figuras de la literatura universal? ¿Quién de vosotras es Jane y quién Anna?

Marga: No sé qué dirá Eugenia, para mí fue una experiencia casi paranormal, llegó un momento que sentía que Anna Karenina me había poseído. La entendía mejor que nadie y sufría por su irreflexión y su romanticismo enfermizo. En una de las últimas cartas, cuando le explica a Jane Eyre cómo se coló en su antigua casa con el fin de ver a su hijo, lloraba sintiendo la gran amargura de esa madre y del niño apartado de ella, como si fuera mi propio hijo.

Eugenia: Yo soy Jane Eyre. No discutimos ni un minuto sobre cuál sería cada una de nosotras. Son dos figuras coetáneas, si nos atenemos a las fechas de las novelas correspondientes de Charlotte Brontë y de Leon Tolstoi, pero hay una cuestión que hemos tenido muy en cuenta, y es que la novela de Jane Eyre acaba cuando empieza la vida adulta de Anna Karenina, es decir, que todo lo que le ocurre a la primera tenía que crearse desde cero porque no está en la novela de Brontë. A mí me seducía mucho esta idea, la de hacer como una segunda parte de la historia, y a Marga le apetecía más colocarse en la piel de Anna y dejar entrever su mundo interior, ese mundo tan íntimo que solo otra mujer puede concebir y razonar.

 

Vuestro proceso de escritura ha sido también como una correspondencia, ¿esperabais la carta para escribir la respuesta o ya teníais un plan de escritura previsto?

Marga: No, cada carta marcaba su propio rumbo, eran tan reales como se pueda imaginar entre dos amigas que se escriben y viven tan alejadas. No había plan, en algunas cartas y ya al final, tuvimos que acomodarlas a la propia dinámica de las dos protagonistas para no desviarnos de los personajes.

 

¿Pensáis que estos clásicos de la literatura siguen estando tan vigentes como cuando se escribieron en el siglo XIX?

Eugenia: Sí que lo son puesto que muchos de los problemas continúan. Es cierto que la situación jurídica de la mujer es ahora menos machista, pero a nivel social arrastramos muchos de los problemas de las desigualdades de género. No hay más que ver el telediario.

Marga: Son plenamente vigentes si las leemos con la mirada puesta en la época en la que se escribieron. Descontextualizarlas es matar la novela, por suerte creo que hay un resurgir del gusto por las novelas clásicas, ya vemos que muchas de las series que emiten las plataformas se basan en relatos clásicos. Sin ir más lejos, Jane Austen sigue siendo un bocado apetecible para lectores, telespectadores y cineastas.

 

El libro está lleno de referencias literarias, algunas de las cuales como Madame Bovary suscita un debate entre las protagonistas. ¿La literatura además de entretener tiene que propiciar la reflexión?

Marga: Una novela, una buena novela ha de entretener, pero también provoca que pensemos en cómo se desenvuelven los personajes frente a las adversidades, lo imprevisible y lo fortuito; una novela bien construida puede ayudarnos a pensar sobre nuestro mundo y nuestras decisiones, mejor que un alegato filosófico. Si, como en este caso, le ponemos un nombre concreto a los arquetipos, es decir, los personificamos, logramos una mayor identificación con las emociones y los sentimientos.

 

¿Qué papel juega la pintura en la novela?

Eugenia: Como pintora, siempre le guardo un papel u otro a este arte en mis novelas; en todas lo he hecho.

Marga: Eugenia es pintora, y es evidente que su segunda profesión tenía que aflorar y darle un toque muy interesante a nuestra Jane Eyre.

 

Dickens aparece como uno de los amigos de Jane. En la realidad, ¿fueron amigos Charlotte Brontë y Dickens? Si no lo fueron, ¿por qué su inclusión en el libro?

Marga. Fueron contemporáneos, aunque Brontë murió en 1855 y Dickens en 1870; ambos reconocidos en su momento en los ambientes literarios. No buscábamos tanto reproducir la amistad que hubieran podido tener, sino que la intención, en este caso la de Eugenia, era recrear el Londres victoriano y también bohemio de la época en Londres, sobre todo porque este último es desconocido para muchos.

 

La muerte sobrevuela el libro y podría ser únicamente por el final de una de las protagonistas, pero vosotras incluís el asesinato, ¿con qué objetivo?

Eugenia: Pues por necesidad de retratar una realidad social bastante frecuente en la época. No era nada raro que las criadas jóvenes sufrieran abusos de sus “señores”, que las violaran, embarazaran… Una lacra social, aún existente, pero por lo menos perseguida por las leyes en los países occidentales. En el caso de nuestra novela, el crimen se enmarca en una familia aristocrática que se cree a salvo de pagar por sus delitos. En el libro proporcionamos mucha investigación sobre el tema, sobre cómo sucedían estos atropellos criminales, terriblemente machistas… Pero no queremos desvelar el desenlace…