“Peregrinas” es la última novela del escritor aragonés Joaquín Berges, en la que narra la historia de tres ancianas que se escapan de la residencia para hacer el Camino de Santiago.

 

 Texto: Javier PINTOR  Foto: Laia NAVARRA MELLADO

 

El humor representa una de las vetas más ricas y fecundas que ha dado la literatura española. Hunde sus raíces en obras medievales como el Libro del buen amor, continúa en el Renacimiento con textos como La Celestina y alcanza su apogeo con la larga tradición de la novela picaresca representada por El lazarillo de Tormes, obra precursora para muchos críticos de la novela moderna. En la actualidad, un escritor como Eduardo Mendoza, en su serie del detective sin nombre, podría considerarse como un fiel representante de esta tendencia literaria. Otros autores tan significativos de nuestra historia literaria como Cervantes, Quevedo, Moratín, Wenceslao Fernández Flórez, Gómez de la Serna, Miguel Mihura, Jardiel Poncela o Álvaro Cunqueiro utilizaron el humor como ingrediente fundamental de su literatura.

En nuestro país, los libros calificados como humorísticos no gozan de gran prestigio literario. Incluso en algunas ocasiones son tachados como de literatura menor. Es difícil de entender esta circunstancia después de comprobar la excelente lista de novelistas que han destacado en este terreno. De hecho, en la actualidad es difícil hablar de una literatura de humor y lo único que nos encontramos son algunos autores que utilizan la comicidad de manera ocasional en su obra.

Joaquín Berges es un escritor aragonés que ha publicado varios libros que pueden adscribirse sin dificultad al género humorístico. Títulos como El club de los estrellados (2009), Vive como puedas (2011), Un estado del malestar (2012) y Nadie es perfecto (2015) se amoldan perfectamente a esta descripción. También su libro más reciente, Peregrinas (Tusquets, 2021), una historia repleta de escenas disparatadas en la que el componente humorístico es fundamental. A través de un manejo brillante del diálogo, el autor recrea situaciones de lo más absurdas y cómicas aderezadas con un lenguaje fresco y muy atrevido.

Berges comenta que deformar la realidad es una manera de hacer que la vida sea más liviana. El propio autor se califica de espíritu nómada atrapado en una vida sedentaria; de ahí que en sus novelas el tema del viaje esté tan presente. Y, en Peregrinas, las tres protagonistas deciden huir de una residencia de ancianas acompañadas de un amigo fiel con la intención de recorrer el Camino de Santiago y cumplir un sueño aplazado durante mucho tiempo. Bajo este pretexto, el autor construye una historia llena de equívocos, giros hilarantes, sorpresas continuas y situaciones divertidas durante el complicado verano del desconfinamiento.

En este libro se mezclan los elementos cómicos con otros más emotivos. El autor comenta que le gusta alternar en sus libros el toque cómico con el más dramático. De esta forma, en sus dos libros anteriores, Una sola palabra (2017) y Los desertores (2018), la narración se inclinaba hacia el lado más dramático en el primero y hacia el lado histórico en el segundo. En estas dos novelas, los personajes emprendían un viaje hacia el pasado a través del cual reconstruían su propia biografía. Esto mismo sucede en Peregrinas. En Los desertores, el protagonista busca en su viaje de peregrinación hacia el Somme un camino de redención. En este sentido podemos decir que todas estas novelas dialogan entre ellas.

Ficción y realidad se entrecruzan continuamente en este periplo que los personajes realizan por una España actual con muchos ecos del pasado. El viaje real que emprenden los personajes de esta historia y el imaginario que les gustaría realizar se funden de manera magistral a lo largo de toda la narración. Esto le permite al autor retratar de forma irónica un país lleno de tesoros, pero también de muchas contradicciones y miserias.

Los personajes de esta historia dan rienda suelta a su imaginación para ponerse a salvo de la realidad. La imaginación es un elemento esencial en los libros de Berges, de tal forma que el autor afirma que la imaginación lo permite todo. Dorita se refugia en la lectura de las novelas de aventuras de Julio Verne para compensar las carencias de la vida, aunque a veces no necesite estas novelas para “sentir el vértigo de la existencia”. Berges, de manera parecida a su personaje de ficción, comenta que recurre a sus lecturas de adolescencia para relativizar el presente y sentirse de este modo más joven y menos perdido. El autor comparte con sus personajes esta concepción de la literatura como espacio de libertad. Los personajes de Berges son seres castigados por la vida que deciden desertar de la realidad en la que están instalados. Sus criaturas de ficción resultan a menudo muy quijotescas en su afán de alcanzar la gloria en un mundo gris. Estos personajes, siempre bastante pintorescos, encuentran en la aventura una tabla de salvación con la que enfrentarse a sus propios miedos. En los libros de Joaquín Berges el humor es una herramienta esencial de la que el autor nunca reniega. La comicidad presente en sus textos nos incita con frecuencia a la risa, pero también nos hace pensar y ser conscientes de algunas de las debilidades de nuestro mundo.

La diversión y la reflexión caminan juntas en las aventuras en las que estas tres octogenarias se ven envueltas. Quizás este libro sea uno de los textos de este autor en donde más presente estén sus dos voces, la más cómica y también la más trascendente. El autor ideó esta novela en plena pandemia deseando, como sus personajes, escapar de la realidad del presente. Así concibió una historia de ficción que nos habla de la soledad de los ancianos que viven en las ciudades. Sin dramatismo, partiendo de una situación disparatada, pero sin rehuir el sentido crítico y la denuncia, Berges ha escrito una novela muy divertida, ingeniosa, que incita a la reflexión y nos invita a vivir el mundo como una quimera llena de sorpresas inconcebibles.