Ejercicios de resistencia de Mario Vargas Llosa
Alfaguara publica la colección de artículos periodísticos del Premio Nobel hispano peruano «El reverso de la utopía: América Latina y Oriente Medio».

Texto: José de María Romero Barea
Cuando sucede lo inevitable, el mundo debería detenerse, pero no lo hace. Es significativo, sin embargo, que algunos autores se detengan a reflexionar sobre ello, de manera tan prolija como lúcida: “La elección, en América Latina, no está desdichadamente entre la justicia con libertad o sin libertad, sino entre regímenes que suprimen la libertad para perpetuar la injusticia” (leemos en Crónica de Cuba).
Para algunos creadores, diríase que lo inefable es aliento, cifra de que los parámetros de lo inenarrable no necesitan ser limitados por palabras. En la colección de artículos periodísticos El reverso de la utopía: América Latina y Oriente Medio (Alfaguara; Colección Hispánica, 2025), a una amplia erudición, podemos sumarle el escrutinio incansable al que nos tiene acostumbrados el desaparecido autor hispano-peruano Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936 – Lima, abril de 2025).
Abordan esta selección de textos de intemporal actualidad los problemas que conllevan nuestras idealizaciones. Y, sin embargo, Vargas Llosa es capaz de aportar razones para la esperanza, incluso de consuelo, consciente de que nuestras luchas están ligadas a las de nuestros antepasados y permean las conquistas de nuestros herederos: “A lo largo del Diario [del Che] se tiene la impresión de que esta realidad está efectivamente siendo domesticada, dominada, por la arrolladora voluntad del hombre que anota cada noche, en estilo telegráfico, los sucesos del día”.
En esta enumeración de asuntos del día, hay menos motivos para la auto-recriminación que para la rendición de cuentas, y con ese conocimiento se accede a la salvación futura. Sabe Vargas Llosa que una vez a salvo, nuestra empatía es performativa; que es más conveniente estar contra el mal una vez que ha concluido: “¿Es esto el hombre nuevo?” se pregunta en Pájaro tropical, dedicado a la autobiografía póstuma del autor cubano Reinaldo Arenas: “¿Ésta es la sociedad sana y purificada por tres décadas de socialismo ortodoxo que reemplazó a ese burdel de Estados Unidos manejado por gánsteres que, según el estereotipo, era Cuba antes de Fidel?”.
Es consciente de que predicamos la justicia y la democracia, pero actuamos para preservar la riqueza y el poder. La definición del añorado autor de La ciudad y los perros (1962; Premio Biblioteca Breve y Premio de la Crítica) de lo que constituye la liberación a través de la cultura es amplia, o al menos, elástica: “La demagogia, el nacionalismo más chauvinista y estúpido, los prejuicios racistas, parecían haber transformado de la noche a la mañana a Gran Bretaña en un paisito tercermundista”, sostiene en el artículo dedicado al Brexit “England your England”.
En este tercer tomo de su obra periodística, el que fuera miembro de la Real Academia Española y de la Académie Française se ocupa de tres contextos que conoce de primera mano: América Latina, Israel e Irak. En estas zonas de conflicto, asistimos a sus experiencias en primera persona, lo que hace que nuestra frustración se convierta en empatía: “El embajador cree advertir en los países árabes, en los últimos meses, síntomas de moderación que podrían facilitar una solución negociada y definitiva del conflicto”, se enuncia en Un país iconoclasta, inserto en la crónica Tres notas sobre Israel.
Enfrentados a la alquimia que transforma lo anecdótico en trascendental, nos contentamos con atribuir el éxito literario a la genialidad o a la mera casualidad. Imaginamos un hilo invisible que conecta el ojo, la mano y la página. Pero para un escritor como Vargas Llosa es más bien una maraña o un nudo gordiano, que desata a base de iluminadoras disquisiciones: “Estados Unidos y la Unión Europea han tomado conciencia de lo expuestos que están a padecer ataques semejantes a los que destruyeron el Pentágono y las Torres Gemelas de Wall Street y en el futuro coordinarán sus acciones antiterroristas sin los subterfugios y mezquindades de antaño”, se asegura en el artículo Las réplicas del 11 de septiembre.
Apasionante y pormenorizado, Mario Vargas Llosa no se complace a sí mismo o al lector con las felicidades del estilismo: surge pleno de rabia razonada, de metódica frustración contra aquellos que necesitan que se les explique su propio desconcierto: “Donde uno vuelva ahora los ojos, la historia está más viva que nunca, las contradicciones y los rechazos violentos a la cultura democrática son el signo de la época y ganan terreno por doquier”, se vaticina en el texto Las guerras del fin del mundo.
En este catártico manual omnicomprensivo se articulan esas horribles verdades que alimentan y templan el fuego de nuestra rabia. Tiene Vargas Llosa algo en común con el médium y el espiritista: al escribir, intenta ponerse en contacto con el otro lado: “Ha sido la política del resto de Occidente la que ha terminado pareciéndose a la latinoamericana”, sostiene el antropólogo y ensayista Carlos Granés (Bogotá 1975) en el prólogo: “Los demonios incubados en el reverso de la utopía -el fanatismo, el nacionalismo, el odio sectario, el populismo- andan sueltos, y ahora acechan a la humanidad entera.”
Es este, por tanto, un libro de lectura obligada, aunque sólo sea para recordar que la historia siempre se reduce a una pregunta: ¿de qué lado estás? ¿Del lado del opresor o del oprimido? Leyendo El reverso de la utopía, arrebatamos de las manos del agresor toda la riqueza y los privilegios robados; hambrientos de capital cultural, celebramos estos ejercicios de resistencia para reclamar con ellos justa indignación ys olidaridad retrospectiva.




