Cuatro ensayos analizan la configuración internacional desde la caída del muro de Berlín.

Texto: José Ángel LÓPEZ JIMÉNEZ

 

Hace treinta años de un buen número de acontecimientos que trastocaron el mundo tal y como lo habíamos conocido hasta ese momento. La fractura del orden bipolar que había caracterizado a la comunidad internacional desde el final de la Segunda Guerra Mundial iniciaba una reconfiguración en la que, todavía, está inmersa. El título de la obra que acaba de aparecer, cuya autora es Kristina Spohr (Taurus) define claramente un proceso inacabado que presenta enormes desafíos e interrogantes. Hay que recordar la absoluta sorpresa que significó un acontecimiento para el que los líderes internacionales no estaban preparados y que se produjo de forma abrupta. Mientras la OTAN realizaba juegos de simulación, como el Wintex 89, que presentaba un escenario de prolongado conflicto bipolar que acabase detonando en algún Estado como la propia Alemania, el Muro de Berlín se desmoronaba de un día para otro durante la noche del 9 de noviembre de 1989. El desenlace producido entre esta fecha y el final del año 1991, con la disolución de la Unión Soviética, fulminó un orden internacional que parecía duradero y estable. Frente a la sorpresa y la falta de previsión ante unos acontecimientos inesperados, fueron los liderazgos individuales y la capacidad de negociación diplomática los responsables de la reconstrucción de un nuevo escenario mundial. La tesis central de la autora refuerza la idea motriz del ensayo: la cautela de los líderes políticos protagonistas suplió a la inexistente hoja de ruta; la gestión de los acontecimientos y el objetivo esencial de estabilidad se fundamentó en la adaptación de los principios y de las instituciones que habían logrado evitar la confrontación directa entre los actores de la Guerra Fría. El triángulo diplomático formado por George Bush, Mijaíl Gorbachov y Helmut Kohl y, en menor medida, los cada vez más marginales Margaret Thatcher y François Mitterrand, fue complementado por el protagonismo de una China cada vez más pujante con el liderazgo de Den Xiaoping. La cooperación entre potencias antagónicas, el respeto a la legalidad internacional y la aparición del concepto de seguridad global -no sólo a la seguridad regional- se concretaron en torno a la invasión de Kuwait y la intervención en Iraq, al amparo del Consejo de Seguridad. Sin embargo, la desaparición de la Unión Soviética abrió el período unipolar de Estados Unidos, a pesar de los intentos de integración de Rusia y de China en las instituciones internacionales y en el multilateralismo. Los fallos del diseño improvisado del nuevo orden internacional han quedado de manifiesto treinta años después: aparición de regímenes autoritarios, el ascenso del populismo, la proliferación de los conflictos enquistados, y la ineficacia de algunas organizaciones internacionales claramente esclerotizadas. El uso de fuentes documentales hasta ahora clasificadas enriquece notablemente este brillante trabajo.

En el mundo previo al derrumbe del Muro de Berlín se desenvuelven dos trabajos de reciente publicación. En Mi Ovni de la Perestoika, de Daniel Utrilla (Libros del KO) el autor utiliza un hecho inédito en el período previo a Gorbachov, como fue la aparición de un ovni en la ciudad de Vorónezh, para radiografiar el cambio que se estaba produciendo en la Unión Soviética. La hermética agencia oficial Tass difundía la noticia un mes antes de la caída del Muro, el 9 de octubre de 1989, provocando su recepción en todos los informativos del mundo. Utrilla, corresponsal de larga trayectoria en el país, traza un itinerario sentimental en el que conecta su infancia y juventud en la madrileña San José de Valderas, protagonista de otro famoso avistamiento, con el acontecimiento de Vorónezh conectando las dos réplicas del Roswell norteaméricano. La investigación llevó a Utrilla a entrevistar a alguno de los protagonistas para, lo más interesante, recrear el paisaje político y cultural de un país apasionante como Rusia.

El escritor búlgaro, Ilija Trojanow ha trazado en Poder y Resistencia (Acantilado) un fresco histórico de su Estado desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad. Para ello utiliza las visiones contrapuestas de sus dos protagonistas, un opositor al régimen totalitario instaurado en la mitad oriental de Europa y un miembro del Partido Comunista que, desde su juventud, escaló posiciones en la Nomenklatura hasta llegar a la cúspide de los servicios de la seguridad del Estado. La perspectiva de ambos desde el derrumbe del sistema denominado como socialismo real y el retorno de la democracia resulta muy interesante. La reconversión del segundo a la nueva realidad política contrasta con la obsesión del primero por encontrar a sus delatores a través de la investigación de los archivos de los servicios secretos. Detrás de la obra hay un trabajo de historia oral de Trojanow, con las entrevistas a algunas de las muchas víctimas del régimen a las que, a través de esta obra, pretende rendir un homenaje, ausente en la historia oficial.

En último término hay que saludar la publicación en castellano de la biografía de Lenin de Stéphane Courtois (La Esfera de los Libros). Autor reconocido por dirigir El libro negro del comunismo, que suscitó una sana polémica intelectual. El debate forma parte de la imprescindible metodología científica cuando son historiadores profesionales los que, a través del uso de fuentes documentales, confrontan diferentes interpretaciones. A partir del mismo se podrán conformar opiniones, más o menos elaboradas, que trasciendan las afinidades ideológicas de cada cual. En el caso de figuras históricas relevantes se ha ido abriendo paso en los últimos años una línea de investigación historiográfica que abona la tesis de su tarea fundamental en la creación del Estado totalitario en el que convirtió a la Unión Soviética. Hasta hace pocos años, la figura de Stalin aparecía como el origen de todos los males: la instauración del terror, la eliminación de la disidencia y el triunfo del socialismo real malversando la tradición revolucionaria de los bolcheviques. Sin embargo, experimentos como la NEP, fruto de las necesidades del momento histórico, no significaban que Lenin tuviese una visión más flexible sobre la instauración de la ideología única y la eliminación de la oposición. Trabajo interesante y documentado, a la par que discutible en algunos aspectos. Como parece lógico en obras sobre este tipo personajes. Desconfiemos de aquellos que tienen todo absolutamente claro y nítido.