«Carrie»: bodas de oro y sangre
La novela de Stephen King cumple 50 años.
Texto: Milo Krmpotic
Cincuenta años ha cumplido Carrie, la novela. Carrie White, su protagonista, permanece en cambio anclada en los 16, y mucho tendrá que esmerarse la anunciada versión televisiva del libro que producirá Mike Flanagan para arrebatarle, en el imaginario colectivo, los rasgos de una Sissy Spacek empapada en sangre de cerdo, cortesía de la recordada adaptación al cine que Brian de Palma dirigió en 1976.
Carrie fue la primera novela que escribió y publicó Stephen King, quien se ha encargado en numerosas ocasiones de mitificar las circunstancias que rodearon su creación y, por consiguiente, el primero de los pasos de gigante que acabarían por valerle el título de Rey
del Terror. A principios de los 1970, King vivía en una caravana junto a su esposa, Tabitha, y sus primeros dos hijos. Se ganaba la vida como profesor de inglés en un instituto de la localidad de Hampden, Maine, pero dependía de los relatos que había comenzado a publicar en diversas revistas para llegar a fin de mes. Un día, necesitado de uno de esos empujones económicos de entre 200 y 500 dólares, se encerró en el cuartito de la lavadora para escribir de manera compulsiva otro cuento. Por desgracia (para él en ese momento, pero por fortuna a la postre), la cosa comenzó a extenderse. Y, fustrado por su incapacidad para rematar la historia en el puñado de folios requerido (escribía a máquina, a un espacio y casi sin márgenes, para aprovechar el papel al máximo), tiró el proyecto a la basura. Llevada por la curiosidad, Tabitha lo sacó de allí, lo sacudió para limpiarle la ceniza de tabaco, lo leyó y se lo devolvió, bendiciendo la posibilidad de que le dedicara todo el tiempo que fuera necesario porque quería averiguar cómo acababa. El resto es historia, igual que la caravana y demás estrecheces en el presupuesto doméstico de los King: aunque la tirada inicial de 30.000 ejemplares que vio la luz el 5 de abril de 1974 no acabó de estallar, la edición de bolsillo y el empujón de la película de De Palma confluyeron para que, dos años más tarde, las ventas superaran los cuatro millones de copias.
Dos fantasmas presidieron la redacción de Carrie: el de una compañera que King había tenido en la escuela primaria y secundaria, y el de una vecina cuya casa había visitado en la adolescencia para ganarse unos dólares haciendo chapuzas y recados. La primera, y en especial el hecho de que acudiera a clase vistiendo siempre la misma ropa, fue curso tras curso objeto de una burla general de la que King no participó, pero a la que tampoco supo responder poniéndose del lado de la víctima. La segunda, por su parte, vivía sola con su madre, bajo la atenta mirada del Cristo crucificado de tamaño inmenso que presidía el salón y que bien podría haberlas desgraciado en caso de caer encima de sus cabezas. Ninguna de las dos llegó a acabar el instituto. La primera porque se suicidó, y la segunda porque murió a causa de un ataque epiléptico.
Carrie, que Plaza & Janés acaba de recuperar en una edición conmemorativa de tapa dura y con ilustraciones, es en efecto una novela sobre el bullying y el fanatismo religioso, y eso es lo que más miedo da en sus páginas. Además, un artículo de la revista Life sobre una casa en la que se producían sucesos extraños, que la gente adjudicaba a un poltergeist pero que coincidían con la presencia de la hija adolescente de la familia que allí residía, y que nunca tenían lugar en su ausencia, le sugirió a King la idea de la telequinesis. Y la mezcla de esos tres elementos es la que conduce a la orgía de destrucción en torno a la que se estructura la novela. Aunque su narración sea cronológica, King no deja de intercalar en ella fragmentos de libros, artículos periodísticos, declaraciones y entrevistas que sirven como anticipo (y anzuelo para el lector) de la tragedia, pero que además le permiten trascender cualquier limitación en términos de punto de vista y que ejercen de caja de resonancia de la historia. El muy macabro sentido del humor que iba a convertirse en marca de la casa, la definición de los personajes y la habilidad del escritor para volcar sus conocimientos sobre la literatura anglosajona acabaron de perfilar un debut lleno de frescura, incómodo y memorable, con la sangre como alfa y omega: un incidente menstrual desata las hostilidades y otra regla viene a acompañar el momento en que la vida abandona a Carrie la pobre y torturada Carrie.