La premiada y reconocida editorial aragonesa, Olifante, publica el poemario “Madre lluvia”, de José Antonio Santano.

 

Texto: Enrique VILLAGRASA

 

José Antonio Santano (Baena, Córdoba, 1957) abre Madre lluvia (Olifante) con tres citas de tres grandes poetas Valente, García Baena y Colinas. Poetas de los que es lector el autor sin ninguna duda al respecto, por mi parte. Texto que lleva como delantal una introducción de Alfonso Berlanga Reyes, que sí es de justa y necesaria lectura, para entender o adentrarnos en este hermoso cuadro que el autor ha pergeñado de su memoria y de su tiempo vivido al lado de su madre y fecundado por esa lluvia poética tan generosa. Memoria y lenguaje es la vida y “los templos derruidos/ allá donde la tierra madre,/ donde la madre lluvia”.

Los poemas son un cantar y un contar para dar las gracias a la madre, piedra angular en la vida y obra del poeta, aquella que sufrió las inclemencias de la posguerra, como mujer fuerte de la Biblia. Y si bien sus versos no tienen una métrica regular por su desigual extensión, aunque la mayoría son heptasílabos, tienen una fuerza que arrastran al lector, asonancias incluidas o por eso mismo. Es el yo poético atropellado por ese sentimiento que plasma y de qué manera, de ahí la falta de comas y o puntos, por ejemplo. La lluvia y la madre en su fuerza única y singular: “que la vida retoña al vientre/ maternal/ de la liberadora madre lluvia,/ nube gris de otoño/ presagio de otra luz”.

Que José Antonio Santano es poeta nadie lo duda y que por lo tanto conoce y utiliza todos los recursos literarios y estilísticos a su alcance es un hecho y queda constatado en su obra y en este su punto final a una escritura sensorial, plagada de cromatismo, de más que exquisitas figuras retóricas, metáforas imprescindibles. Es su palabra poética una de las más sencillas que haya en el panorama literario poético español, pero con tal fuerza que es como los afilados cuchillos de cocina, que cortan que da gusto, así en nuestra alma finamente y cual lluvia fina y pertinaz nos hieren: “y en tus ojos de lluvia/ madre lluvia el silencio”.

Tal vez y solo tal vez, Madre lluvia sea la historia de esa ausencia (A mi madre. In memoriam), en ese cuadro que plasma con palabras que son versos, que son paisaje; pero también son nuestro paisaje, de días más o menos singulares, queridos y buscados, anhelados y perseguidos, deseados y logrados, que nos han dado y dan vida, como la suave lluvia de agua fecunda en este devenir telúrico del silencio. Extensos poemas de tono elegíaco donde el eje es la madre y la lluvia, no se olvide: “Inefable lluvia madre”, no dejarán a nadie indiferente y bien valen la pena leer, hacer nuestros. Santano sí ha aprehendido de la vida y se ha hecho su amante: “y en la luz de los labios/ madre lluvia la vida”.

Como anotación final ante esta letanía y o mantra amoroso, puedo decir que la lectura de este singular y cálido poemario de sugerentes versos heptasílabos, de este poeta cordobés afincado en Aguadulce (Roquetas de Mar, Almería), no defrauda y además conmueve y de qué manera, por su belleza y calidad, que es lo que debe ser y hacer en las personas lectoras la poesía: “Nuevamente la lluvia por su pálido rostro/ en rumor de silencios y una leve sonrisa”.

 

PLEGARIA

Madrenuestra que habitas

en el aire y la rosa

toda tú en los campos

en el agua de lluvia

en la aurora celeste

en la música clara

de la luz en los sauces

de regreso a la tierra

una tarde de enero

en las nubes grisáceas.

 

Madrenuestra de lluvia

Madre Lluvia la vida.