Stridsberg nos acerca en “La facultad de los sueños” (Nórdica), un artefacto literario brillante, a la elusiva figura de Valerie Solanas, que pudo haber sido musa de Andy Warhol pero prefirió pegarle tres tiros.

 

Texto: Antonio ITURBE

 

La facultad de los sueños te sumerge en su pozo desde la primera página, desde el primer párrafo. No porque sea un thriller de enigmas tramposos, sino porque golpea con cada palabra, con esa mezcla de candor y cuchillo que maneja Sara Stridsberg. De hecho, todos los enigmas quedan desvelados desde el primer párrafo, cuando nos dice que Valerie Solanas “se muere de neumonía en un colchón sucio entre sábanas empapadas de orines”. Solanas fue uno de esos personajes erráticos, que se asoman un instante a la historia del siglo y después desaparecen. Fue la autora de textos sueltos, poesías dispersas y un rupturista manifiesto feminista radical, el SCUM: «Society for Cutting Up Men Manifesto», que podría traducirse como «Manifiesto para el exterminio de los hombres». «Cutting up» también puede traducirse como “hacer pedazos”. Haber sido violada reiteradamente por su padre de pequeña no ayudaba a su buena opinión del sexo masculino. Finalmente, al único que intentó liquidar físicamente fue al artista Andy Warhol, al que disparó a quemarropa y que se salvó de milagro. Él no quiso poner denuncia y ella cumplió una condena corta en instituciones psiquiátricas. Después se dedicó a la prostitución y a tomar notas febriles, muchas de las cuales nunca se encontraron. La escritora y dramaturga Stridsberg escribe, como en trance, un acercamiento a lo que en su imaginación pudo haber sido la vida y la voz de Solanas. Y consigue que todo retumbe en sus páginas con el exceso, la rabia, el asco y la gloria de una vida en combustión. Desde Suecia respondió a nuestro cuestionario.

Valerie Solanas parece en el libro una víctima que no quiere ser considerada como tal. Cuando la juzgan incluso desea inculparse frente al tribunal. ¿Por qué cree que alguien que sufrió tanto no quiso que la vieran de esa manera?

En ese momento de su vida, y en el libro, ha renunciado a todo. No culpa a nadie más que a sí misma. Valerie Solanas soñaba con un ejército de mujeres, con no estar completamente sola con sus heridas, SCUM era la idea de estar protegida y no de ser una víctima solitaria de la violación. Cuando llega a ese punto, se acabó el sueño, no le quedan ilusiones. También se podría decir que depende de nosotros, de la sociedad entera, defender a quienes no tienen la fuerza para hacerlo.

¿Y cuándo se decide a adentrarse en su laberinto?

El otoño de 2002 pasé unos meses en Camboya para escribir mi segunda novela. En todas partes a mi alrededor vi pobreza y prostitución, incluso infantil. Me afectó profundamente y para siempre, recuerdo haber llorado todos los días de ese otoño. En ese contexto leí el manifiesto. Me imaginé que sería un panfleto pedagógico y luego ¡boom! Fue como entrar en un poema oscuro, un mundo de ciencia ficción, un laboratorio de humor… para mí fue más poeta que política. El texto me golpeó como un rayo, y combinado con el hecho de que fue escrito por una chica que pasó gran parte de su vida en la prostitución, realmente me conmovió, me afectó de maneras misteriosas.

Estaba emocionada y conmovida por esa voz salvaje, desesperada y única. Era tan inusual, desesperadamente divertido, y extremadamente oscuro y aterrador… Ella no estaba interesada en la igualdad de género, quería hacer estallar todo. Hay un oscuro pulso de tristeza que late debajo del texto, me pareció la chica más solitaria del mundo. No pude evitar preguntarme qué tipo de experiencia podría haber tenido una persona para terminar en una utopía tan triste y trágica, y a la vez una distopía tan ingeniosa.

La figura de Andy Warhol sale bastante vapuleada, como artista de arte de mala calidad y muchas ínfulas

Andy Warhol era tan solo un artista de mala calidad y, por supuesto, no merecía que le dispararan. ¿Por qué iba a merecerlo? El manifiesto aboga por la no violencia. La oración más esencial del libro es: «Toda mujer sabe que lo más importante en la vida es no dañar a los demás y que el amor es el significado de la vida». Solanas es irónica, en el fondo es pacifista, pero, como la vida es más complicada que la teoría, terminó disparándole a otro humano.

El manifiesto SCUM que escribe Solanas es una sátira política clásica, como Una modesta proposición de Jonathan Swift, donde sugirió que los ingleses deberían comerse a los niños irlandeses para comentar la relación desigual entre Inglaterra e Irlanda. Yo diría que, en el momento de disparar a Andy Warhol, Solanas se suicida, se convierte en una sombra, un fantasma de los sesenta. Warhol era su gran esperanza para encontrar un lugar en el mundo. La Fábrica era un espacio donde los llamados fanáticos, forasteros e inadaptados podían encontrar un lugar, pero Valerie fue demasiado extrema incluso para la Fábrica. Literalmente mató su esperanza. En mi obra literaria me han atraído y he gravitado sobre personajes que son demasiado complicados para encajar: los forasteros, los inadaptados, los que son muy difíciles de amar.

Hay muchos pasajes, especialmente los diálogos, que parecen escritos en un estado de trance. ¿La literatura ha de sumirnos en un estado hipnótico?

Bueno, la literatura es algo radicalmente diferente a la realidad, es un sueño, no tiene nada que ver con la razón. En mis novelas es de esperar que sea imposible separar la luz de la oscuridad, la locura de la razón, la belleza del miedo. Como en un sueño nada está prohibido, en el sueño todos somos criminales y mafiosos. El proceso de escritura fue muy intenso y libre, y Solanas —y otras “Valeries”, vagabundas, inadaptadas y solitarias, con una poesía brillante en sus mochilas— se acercaron a mí.

Se dirige al lector y rompe la cuarta pared. Ese recurso tan propio del teatro, ¿no corre el riesgo de romper el encantamiento?

Mientras escribía, tuve la sensación de que tenía que hacer explotar la estructura y la forma de la novela. Dado que ella ya había sufrido abusos y la habían utilizado sexualmente durante toda su vida, no quise ser otro parásito. Al narrador normalmente se lo disfraza en una novela, pero yo quise hacerlo tan visible y vulnerable como a la protagonista. Quería describir a Solanas sin destruirla, sin encerrarla en una jaula o en un ataúd del lenguaje. Quería mostrar el esqueleto de una novela, de un narrador, de una historia. Y como ella no creía en nada, ni en la paternidad, la familia, el arte, la cultura, las madres, la religión, la política, la novela tenía que romperse, fragmentarse en mil piezas como un espejo.

En una entrevista dice: “Mi alma colisiona con el mundo”. ¿Qué es lo que se le hace más insoportable?

La pobreza. La soledad. El hecho de que algunos nazcamos en mitad de la más pura tragedia. Que no cuidemos del otro siendo todos humanos. Que el mundo sea un lugar injusto. En ese choque nace la literatura. Escribir es aguantar en la cuerda floja. Escribir es alterar el orden de las cosas, el mundo entero, nuestras nociones preconcebidas. Escribir es consolarnos el uno al otro. Escribir es, al menos de forma imaginaria, reparar lo que está roto.

Usted no es una intelectual que escape a los problemas de la sociedad. Sin embargo, si pudiera habitar un planeta de libros y sueños, ¿se quedaría allí para siempre, escapando del ruido y la multitud?

Necesito escribir para soportar el mundo. Escribir me salvó la vida de muchas maneras y a veces, cuando escribo, tengo miedo de quedarme atrapada en ese aterrador mundo de las maravillas para siempre, en ese infierno encantador. Cuando salgo de mi ordenador después de un intenso día de escritura, a menudo me sorprende que mis muebles, el piso y las paredes de mi apartamento sigan allí. Pero tengo que volver, ya que mis hijos viven en el mundo real, y también porque escribo en contacto permanente y en una lucha constante con el mundo real.

¿La gran literatura solo puede tratar la infelicidad?

Bueno, la verdad es que el final de toda historia es la muerte. Así acabarán tu vida y la mía. La literatura puede contarlo todo, esa es su magia. Yo diría que hay mucha luz y alegría en La Facultad de los Sueños, mucho amor, ternura y poesía, y belleza, risas y humor. Lo que describo principalmente es su gran anhelo, su amor, sus esperanzas. Sin embargo, es verdad que los alrededores son oscuros. Yo quería que mi personaje fuera frágil y peligroso, brillante y oscuro. Pacifista y violador. Como escritora, me interesan las personas que no son solo una cosa, ángeles o monstruos. Una novela puede albergar todos los aspectos de la humanidad sin juzgarlos.

¿Qué la conmovió de Valerie Solanas?

Sobre todo, las paradojas de su carácter. La mujer que odiaba a los hombres que trabajó como prostituta toda su vida. La pacifista que trató de matar a otro ser humano. La voz salvaje del manifiesto y la muerte solitaria en el distrito de Tenderloin en un hotel de beneficencia. La literatura que amo puede acoger la oscuridad y el brillo, la luz y el dolor, en la misma frase.