Jeremy Popkin ha escrito «El nacimiento de un nuevo mundo. Historia de la revolución francesa», una magna obra en la que expone su visión de un periodo de la historia convulso y apasionante tras décadas de investigación.

 

 

Texto: David VALIENTE

 

En El nacimiento de un nuevo mundo. Historia de la revolución francesa (Galaxia Gutenberg), su autor, Jeremy Popkin, nos muestra que su pasión por los libros y la vida intelectual le viene de familia. Su padre, Richard H. Popkin, fue un académico muy interesado por la historia de la filosofía, respaldado por su madre, la escritora Zelda Popkin, que despertó la pasión familiar por los libros mediante la gran biblioteca personal que tenía en su apartamento en Manhattan. La madre de Jeremy no era ni académica ni escritora, pero dirigía una pequeña agencia literaria.

En esta familia tan ligada al mundo de las letras, nació el gusanillo por la historia del pequeño Jeremy Popkin, quien ahora regenta la cátedra William T. Bryan en la Universidad de Kentucky: “Durante esos primeros años aún no sentía una especial atracción por la Revolución francesa”, asegura en una entrevista concedida a este medio. Los viajes por Europa que tuvo de niño junto a su familia despertaron en él “una fascinación juvenil por el viejo continente y las dos guerras mundiales”.

Ahora, unos cuantos años después, Jeremy Popkin ha escrito una magna obra en la que expone su visión de un periodo de la historia convulso y apasionante tras décadas de investigación. Popkin “quería concienciar sobre muchos de los aspectos progresistas de la Revolución que a menudo se descuidan” y mostrar al lector que la Revolución francesa no fue solo un periodo de violencia y tensiones, sino que también fue espacio donde se produjeron “los debates sobre los derechos de la mujer y la abolición de la esclavitud”.

Sin Ilustración, no hay Revolución.

Los revolucionarios vieron su oportunidad de poner en práctica las ideas de los filósofos. Si estas ideas no se hubieran extendido ya a gran parte de la población, no habría sido posible hacer este intento.

¿Cuál fue el gran error de Luis XVI? En su libro, se le retrata como un personaje que toma decisiones demasiado tarde.

Desde pequeño Luis XVI fue educado en la idea de que Dios le había otorgado el deber de defender las tradiciones de la monarquía francesa y la religión católica. Como persona, era un buen hombre y, según los estándares de su época, ciertamente no era un tirano. Pero no pudo entender que el pueblo necesitaba más voz para elegir sobre el destino de Francia.

Si no era un tirano,  ¿por qué acabó guillotinado?

Los revolucionarios tenían la sospecha fundamentada de que Luis XVI y María Antonieta estaban alentando a los gobiernos extranjeros para que intervinieran en el país con el propósito de acabar con la Revolución. Cualquier líder nacional que conspire con potencias extranjeras durante una guerra debe esperar ser considerado un traidor.

Y la nobleza y el clero, ¿qué papel jugaron en la Revolución francesa?

Algunos miembros de la nobleza y el clero abrazaron las ideas de la Ilustración y apoyaron, al menos, las primeras etapas de la Revolución. Mirabeau y Lafayette eran miembros de la nobleza, y el abad Sieyès y el abbé Grégoire eran clérigos. Sin embargo, muchos de los nobles y el clero que se opusieron a la Revolución tuvieron que huir de Francia y varios de ellos fueron ejecutados.

En su libro, recoge los debates que los miembros de la Asamblea Nacional mantuvieron durante la revolución, ideas entre sí muy dispares. ¿Cómo afectó la falta de consenso y de un plan bien articulado al proceso revolucionario?

A medida que avanzaba la Revolución, se hizo evidente que había muchas ideas diferentes sobre los objetivos que se debían perseguir. Hubo radicales que pretendían acabar con las religiones e intentaron eliminar las diferencias entre ricos y pobres; también hubo revolucionarios más moderados que estaban a favor de la tolerancia religiosa y defendían la propiedad privada. Estas divisiones debilitaron el movimiento revolucionario, conduciéndolo a su derrota y dejando vía libre para el ascenso al poder de Napoleón.

Se dice que la Revolución francesa fue robada a las clases más populares y mayoritarias.

Bajo mi punto de vista es una simplificación excesiva de la situación. Al igual que los revolucionarios más educados, la gente común también tenía muchas ideas en conflicto. Muchos campesinos permanecieron leales a la Iglesia católica, por ejemplo, y pocos de ellos se mostraron hostiles con la idea de la propiedad privada.

Aún así, podemos apreciar que suceden dos revoluciones en paralelo: una la hace las clases más populares y la otra los miembros de la Asamblea Nacional.

En muchos sentidos, eso es cierto. Los intereses y preocupaciones de la gente común a menudo estaban muy lejos de las ideas de los diputados en las asambleas. A veces, sin embargo, actuaron juntos, por ejemplo, en el verano de 1789, cuando los levantamientos populares empujaron a la Asamblea Nacional a declarar la abolición del sistema feudal, y en 1792 y 1793, cuando la mayoría de la población apoyó la guerra para derrotar a los enemigos extranjeros que invadían el país.

Sin embargo, los miembros de la Asamblea pretendían dejar fuera a las mujeres y a los negros, ¿esto puso en algún momento la Revolución en peligro?

Las demandas por los derechos de la mujer no tuvieron mucho que ver con la resistencia a la Revolución, sobre todo porque los propios revolucionarios se negaron a otorgar a las mujeres el derecho al voto o al servicio militar. La abolición de la esclavitud y la concesión de derechos a los negros en 1794 fue controvertida, y muchos ex colonos apoyaron el intento de Napoleón de obligar a los negros a volver a la servidumbre, pero esta no fue la razón principal de su ascenso al poder.

¿Cree que los autores de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano predijeron en cierto modo durante sus debates los retos a los que se tendrían que enfrentar los derechos humanos en el futuro?

Los autores de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano no podrían haber imaginado los desafíos a los que se enfrentarían sus principios. Realmente creían que la idea de los derechos naturales era evidente por sí misma y que todos estarían de acuerdo en la necesidad de un gobierno representativo para proteger esos derechos.

Mi paisano Francisco de Goya, dentro de la Serie de los Caprichos, realizó un grabado titulado El sueño de la razón produce monstruos, ¿La Revolución produjo más delirios que beneficios sociales?

A largo plazo, creo que los ideales de libertad e igualdad de la Revolución fueron contribuciones positivas a la libertad y el bienestar humano. Regímenes que han rechazado estos ideales, como la Alemania nazi, han desatado monstruos peores que los que se pueden atribuir a los revolucionarios franceses. No fue la Revolución francesa, sino Napoleón, quien rechazó el ideal de libertad de los revolucionarios, quien invadió España y desencadenó el conflicto cuyos horrores evocaba Goya con tanta fuerza.

¿Nuestros políticos y nuestras sociedades están más cerca o más alejados de los valores de los ideales de la Revolución francesa y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano?

Los ideales de las revoluciones americana y francesa están incorporados en las leyes básicas de mi país y de los Estados miembros de la Unión Europea, así como en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. A ambos lados del Atlántico, todavía tenemos mucho que hacer para realizar plenamente esos ideales, pero mi aliento está con aquellos que se esfuerzan por lograrlos. La historia nos ha demostrado demasiado bien el costo de abandonarlos.