Una moda «divina»
Una ola de santidad y espiritualidad está irrumpiendo con fuerza en nuestra sociedad. Como afirman Ana Garriga y Carmen Urbita en «Instrucción de novicias» (Blackie Books, 2026): “No importa donde mires: en películas, en libros, en los virajes del pop internacional y hasta en las pasarelas de moda de pronto reverbera una misma obsesión con la estética, la liturgia y el misterio de la vida comunitaria de las monjas”.

Texto: Javier Pintor
Algunos analistas la interpretan como una moda pasajera con fecha de caducidad; otros creen que es un síntoma más de ese conservadurismo decadente que nos acecha; hay también quienes piensan que todo se debe al clima de descontento en el que están instalados muchos jóvenes que buscan el amparo o la provocación en estas nuevas religiosidades. Quizás estas manifestaciones de religiosidad no sean más que una espiritualidad aparente que utiliza las redes sociales como cauce de expresión. Pero lo cierto es que hay toda una comunidad que utiliza símbolos religiosos en muchas de sus publicaciones, se visten con un cierto estilo monacal y se dejan arrastrar por una cierta espiritualidad pop.
Este fenómeno conocido como “catolicismo cool” es una tendencia contemporánea más enfocada en las formas que en el contenido doctrinal que persigue renovar la imagen de la iglesia para a atraer a los jóvenes. Nos encontramos en la actualidad con discursos y propuestas que intentan conectar la fe con la vida nocturna, la música y el ocio de los jóvenes. El pasado verano, Roma acogió un Jubileo al que acudieron alrededor de mil influencers católicos y misioneros digitales de cuarenta y seis países. El objetivo del Vaticano era poner el foco en el entorno virtual en plena crisis de fe.
Esta cotidianeidad de la secularidad y de la sacralización del ocio forma parte de una religión que busca encontrar a los jóvenes donde están, utilizando sus propios códigos y su mismo lenguaje. La articulación de una cultura de raíz cristiana es una respuesta a los avances progresistas que atentan, según ciertos grupos conservadores, contra los valores tradicionales.
La proliferación indiscriminada de significados termina erosionando la densidad semántica. Los semiólogos afirman que estamos asistiendo al “agotamiento del signo”. En una época de hiperproducción discursiva y laboral, de ritmos estresantes, la oda a la vida monacal presente ya en la poesía de Fray Luis de León adquiere ahora plena vigencia. Este renacimiento de lo espiritual y de la vida retirada algunos se atreven a interpretarlo como una consecuencia más de la pandemia.
Sea cual sea el motivo que ha despertado esta tendencia, lo cierto es que la iconografía religiosa está irrumpiendo con fuerza en la cultura del momento. Esto salta a la vista en el aluvión de productos culturales de carácter religioso que están surgiendo en la música, en el cine, en la literatura y también en la moda. Esta supuesta ola de santidad está inundando muchos espacios de consumo.
La apropiación de esta imaginería católica está dando importantes y significativos frutos en todo el ámbito cultural. Esta “estética nuncore” que reinterpreta el estilo de las órdenes religiosas, principalmente, el hábito de las monjas bajo un prisma vanguardista y austero aparece en muchos desfiles de moda y en la estética de celebridades musicales como Amy Winehouse, Madonna, Lady Gaga, Rosalía o Rihanna. El impacto de estas actuaciones ha sido tan grande que ha trascendido el ámbito musical y está transformando una parte de la estética visual contemporánea.
El último trabajo de la cantante Rosalía, el álbum Lux, indaga en la religión y el feminismo místico, inspirándose en figuras como Santa Hildegarda de Bingen y Simone Weil. La artista promocionó este nuevo trabajo recorriendo la plaza de Callao en Madrid cual santa pop mientras sus fans la perseguían por las calles como fieles devotos, enajenados ante esta aparición mariana. En la portada de este álbum aparece la cantante con un hábito de monja que refleja, según ella, la búsqueda espiritual y el compromiso con una causa. La propia intérprete ha expresado su admiración por lo que supone la vida monacal como espacio de retiro espiritual creativo.
Otra muestra de este interés por todo lo que tiene que ver con la religión y la espiritualidad es la película de Alauda Ruiz de Azúa, Los domingos, premiada con la Concha de Oro del Festival Internacional de Cine de San Sebastián y con el premio Goya a la mejor película. La historia narra el conflicto que se instala en una familia el día que la hija mayor decide ingresar en un convento. Los domingos nos enfrenta a la turbación de una adolescente que cree encontrar en el convento un espacio de plenitud que no encuentra en su vida. La película reflexiona sobre qué significa renunciar a ciertas libertades para abrazar una vida de clausura en pleno siglo XXI. El film ha generado un amplio debate en la sociedad y se ha acusado a la autora de utilizar una narrativa que legitima de alguna manera el discurso eclesiástico.
Harold Bloom afirmó que figuras como “Jesús, Hamlet y don Quijote son los grandes personajes de la historia de la literatura”. Eduardo Mendoza comenta que El libro del Génesis, publicado recientemente por Blackie Books, “es la primera fuente de la verdadera literatura”. Durante la presentación de su nuevo libro, Los héroes numerados (Seix Barral, 2026) Juan Villoro declaró que “ser hincha de un equipo es una forma laica de ejercer la religiosidad”. El sacerdote y escritor Pablo d’Ors ha conseguido que ensayos como Biografía de la luz y Biografía del silencio hayan alcanzado ventas considerables y fuesen traducidos a más de diez idiomas.
Este imaginario religioso está también muy presente en novelas como El Evangelio (Blackie Books, 2021) de Elisa Victoria, Bendita tú eres (Egales, 2020) de Carlos Barea o Últimas tarde con Teresa de Jesús (Anagrama, 2020) de Cristina Morales, novelas que ponen el foco en este universo religioso desde propuestas arriesgadas que reivindican la libertad y la literatura de los márgenes.
Instrucción de novicias. Vidas del convento barroco para guiar tu presente es un libro publicado recientemente por la editorial Blackie Books que explora la vida de las monjas en los siglos XVI y XVII. La instrucción de novicias fueron textos redactados por monjas para acompañar la formación de las novicias. Las autoras, Ana Garriga y Carmen Urbita, doctoras en Literatura Hispánica y Estudios Culturales por la Universidad de Brown y creadoras del podcast “Las hijas de Felipe”, analizan la vida y escritos de figuras como Santa Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz o la carmelita descalza Ana de San Bartolomé y nos ofrecen lecciones de resistencia y sabiduría para afrontar el presente.
Garriga y Urbita también atravesaron su viacrucis particular en la Universidad de Brown durante su doctorado. Estas investigadoras describen con mucha ironía las miserias de la vida universitaria y las semanas encerradas en archivos y bibliotecas para conseguir escribir con una prosa a la que denominan insulsa, artículos que pudiesen superar los feroces filtros académicos. Con ese tono humorístico que domina buena parte del libro comparan el voto de pobreza que asumen al convertirse en estudiantes de doctorado en E.E.U.U. con el que asume una carmelita descalza. Sara Barquinero en su novela, La chica más lista que conozco (Lumen, 2026) también desnuda la hipocresía y abusos de poder que sufren los que aspiran a integrarse en la docencia universitaria. Dos libros de escritoras coetáneas que describen una realidad universitaria de la que la literatura apenas se había ocupado.
Instrucción de novicias es un ensayo divulgativo que analiza el malestar y la complejidad del mundo contemporáneo a la luz de lo que ya le pasó a una monja de los siglos XVI y XVII. Las autoras trazan un singular paralelismo entre nuestro presente y la vida conventual en esos siglos. La desazón que en muchos casos nos provocan cuestiones como la amistad, el trabajo, el cuerpo, el amor, el dinero, el espíritu y la fama, títulos de cada de uno de los capítulos del libro, son los mismos que atormentaban a las clarisas, carmelitas descalzas, jerónimas, dominicas, benedictinas que desfilan por este libro.
Esta obra se presenta como un manual de supervivencia que intenta dar algunas claves que nos ayuden a entender algo mejor el mundo que nos rodea. Poque como se repite a modo de estribillo a lo largo de todo el libro “Todo lo que te pasa a ti ya le pasó a alguien, probablemente a una monja, en los siglos XVI y XVII”. De esta forma, advertimos, en relación con la explotación laboral, que las carmelitas del siglo XVI ya intuyeron que para preservar unas buenas condiciones laborales era necesario asociarse a sus compañeras y plantarles cara a las medidas abusivas de un jefe. Las monjas también padecieron en sus propias carnes los rigores de los métodos extremos de ayuno, sufrieron casos de amistades tóxicas, ocultaron casos de lesbianismo y fueron hábiles contables que se angustiaron por cuadrar las cuentas del convento. Esta vida del convento se proyecta en la nuestra del siglo XXI en muchos sentidos.
Ana Garriga y Carmen Urbita reivindican que su trabajo nada tiene que ver con el de Rosalía o la película Los domingos ya que ese interés por lo conventual tiene motivaciones muy diferentes. Lo que sí comparten es que nos muestran una imagen de estas monjas alejadas de los estereotipos de la época. Se enfatiza la personalidad poliédrica de estas religiosas y se revela que llevaban una vida bastante más compleja de lo que uno pudiera pensar. Estas monjas fueron revolucionarias en muchas de sus demandas en una época de la historia tan poco favorable para la mujer. El convento fue ese lugar estratégico situado en los márgenes desde el que podían intervenir en algunos de los temas que estaban en el centro del discurso de su época. Las autoras reivindican los conventos como un espacio colectivo y feminizado. Instrucción de novicias consigue que contemplemos la vida en los conventos barrocos con una mirada alejada de ciertos tópicos.




