Sara Torres: “Me gusta más estar en la vida que estar en el texto”

«El pensamiento erótico» (Reservoir Books), un ensayo brillante en el que Sara Torres reivindica conceptos como la dulzura y el erotismo para pensar no solo más allá del totalizante pensamiento heterosexual, sino para plantear nuevas formas de relación y de posicionamientos políticos a través de los cuerpos.

Texto: Anna Maria Iglesia   Foto: Irene Signorelli

 

Con El pensamiento erótico, Sara Torres (Gijón, 1991) prosigue así con una indagación en torno a cómo el lenguaje determina y ha construido nuestras maneras de entender el deseo y de relacionarnos con el mundo y con las demás.

 

En las notas a la nueva edición de Conjuros y cantos, usted ya mencionaba su interés por la performatividad del lenguaje. ¿El pensamiento erótico es el resultado de indagaciones que vienen de lejos?

Completamente. Yo creo que las lectoras que han participado de esta conversación conmigo a través de los libros y a lo largo de todo este tiempo entenderán que el camino realizado hasta El pensamiento erótico no solo era un camino inevitable, sino que ya estaba en gran medida trazado en textos anteriores. Diría que incluso muchas de las ideas centrales ya estaban enunciadas en aquel primer poemario que escribí con diecinueve años, La otra genealogía. Y esto es así porque llevo dando vueltas en torno a la relación entre lenguaje, mundo y educación del deseo desde siempre, desde que comencé a escribir.

 

 “El lenguaje es un acto con consecuencias”, dice en Conjuros y cantos.

Reconocer esta determinación que tenemos es reconocer la potencia de recreación, es decir, la potencia a la hora de crear de otro modo. Por tanto, para mí lo importante es no quedarse en ese movimiento crítico de lamentarnos por estar constituidos y determinados en tanto que sujetos del lenguaje y salir de ahí para así poder apuntar hacia otras direcciones. Hay que tener en cuenta que, evidentemente, nuestro deseo ha tenido inercias históricas muy marcadas, pero esto no implica en absoluto que la potencia poética de los cuerpos no pueda apuntar hacia otros lugares y hacia otras formas de deseo y relación.

 

Usted cita a Gloria Anzaldúa: “Escribo para idear; como se dice en español: ‘para formar o concebir una idea, desarrollar una teoría, inventar e imaginar’. Mi trabajo es cuestionar, afectar y cambiar los paradigmas que gobiernan las nociones prevalentes de realidad, identidad, creatividad, activismo, espiritualidad, raza, género, clase y sexualidad”.

Escribir permite idear nuevas posibilidades. Gloria Anzaldúa trabaja siempre, en toda su obra, en torno a las imágenes en las que estamos ancladas a la hora de pensar o de acercarnos a lo real para así cuestionarlas y ver cuánto nos determinan. Lo interesante de Anzaldúa es que, lejos de mantener ese férreo contrato hecho con el pensamiento occidental, lo ha roto. Esto le permite afirmar con mayor libertad y seguridad que existen muchos niveles de interpretación de la realidad y, al mismo tiempo, que son muchos los niveles de existencia. La cita de Anzaldúa aparece en el último capítulo de mi libro, capítulo que no por casualidad lleva por título “el camino hacia otro conocimiento”. Porque para mí es clave la idea de abrir nuevos caminos e idear nuevos modos de pensar más allá de los paradigmas imperantes. De ahí que en este mismo capítulo cite también unos versos de Noelia Cortés que dicen: “Y del tronco roto brota una idea, y la gitana/ la niega con su sangre. Y los sabios / huyen a arrancar otras verdades, y de la higuera crece la verdad más grande”. Noelia nos habla de las otras vías de conocer que están y son posibles, en la teoría y en la práctica, al margen de todas aquellas ideas que nos dan por sistema en la educación durante la infancia. Y volviendo a Anzaldúa, ella es una autora chicana y la cito además porque creo que, cuando empiezas a pensar cuestiones como estas a través de pensadoras feministas en la búsqueda de nuevas y de bellas alianzas, observas que las nuevas alianzas son decoloniales. Cuando hay muchas personas pensando de forma nueva, desde su propia experiencia y contando su propia historia, lo que se consigue no es solo entender mejor que hay modelos normativos del pensar y de actuar, sino también asumir que hay saberes que no entran en la norma.

 

Usted habla del pensamiento heterosexual y es importante matizar que usted al referirse a la heterosexualidad no apela al deseo que una puede o no tener hacia el otro sexo.

Para mí el principio fundamental que sostiene El pensamiento erótico es que todos los cuerpos hemos sido educados en un inconsciente y en una razón heterosexual. Eso quiere decir que al margen de las prácticas que tengamos, tenemos anclajes apasionados e inamovibles a ideologías binarias y dualistas para las cuales la pasión no es nada más que el encuentro con el opuesto.

 

Y este pensamiento heterosexual niega “el placer, la calma y la sexualidad no reproductiva”.

Es así y estoy convencida de que cualquier persona que esté dispuesta a iniciar una pregunta crítica sobre su deseo no puede afirmar que no hay alternativa recurriendo al argumento de que nuestro inconsciente ha estado organizado a partir de toda una serie de ideas fijas y que aprendemos inconscientemente desde la infancia. Lo único cierto de este argumento es que es incuestionable que, incluso en los entornos más abiertos, se tiende a evitar que la infancia tenga acceso a la idea de diversidad hasta que no haya aprendido y asumido la norma heterosexual. El objetivo de todo ello no es otro sino asegurar que la ideología heterosexual se implante correctamente y de manera estable: de lo que se trata es de no inestabilizar la norma. Y una inercia conservadora, a veces incluso inconsciente, es la que lleva a alejar de la infancia cualquier alusión a la diversidad que ponga en riesgo la norma.

 

Monique Wittig, cuya obra se está recuperando, es una figura de referencia para usted.

Es muy interesante observar lo que hace Monique Wittig en su ensayo El pensamiento heterosexual: utiliza las mismas herramientas y teorías que está utilizando la academia en este momento para analizar la realidad para poder abordar la heterosexualidad como una institución y como una forma de pensar. El hecho de recurrir a los planteamientos teóricos en boga para la academia de entonces y que se reconocían como válidos para analizar cualquier realidad cultural hace que su lectura de la heterosexualidad no pueda no ser considerada válida y que su estudio lleve a unas conclusiones de gran relevancia, si bien por entonces no calaron lo suficiente, porque, por un lado, la sociedad de entonces no estaba preparada para ellas y, por el otro, porque en la sociedad hay una fuerza o una inclinación que se expresa de manera inconsciente y conservadora para preservar el orden heteropatriarcal.

 

Un orden que se preserva a través de su naturalización: la heterosexualidad considerada como lo natural y, por tanto, lo incuestionable.

El ser humano no tiene un acceso a la realidad sino es a través de la mediación. El ser humano recurre constantemente a imágenes para mediar, dar sentido y orientación a la realidad. El problema aparece cuando se naturaliza la heterosexualidad, porque implica crear una ficción en la que existe un elemento que se mantiene bruto e inamovible, mientras todos los otros elementos que definen nuestra cultura y nuestro pensamiento están sujetos a cambio, a modificaciones. Su naturalización hace que la heterosexualidad, entendida como sistema, como estructura de pensamiento, se resista a cualquier tipo de análisis y esto hace que, por tanto, tenga una especie de acceso privilegiado a la hora de organizar el sentido de la vida.

 

Este replanteamiento crítico es un posicionamiento político. Y, como usted misma señala, urgen posicionamientos políticos, no identidades políticas.

Muchas veces confundimos la urgencia de tener una posición política frente a la vida con tomar parte crítica de lo que está ocurriendo, y tomar decisiones con tener una identidad política, que muchas veces significa identificarnos con un conjunto de ideas cerradas, con un grupo de personas o, incluso, con una marca. En este momento del capitalismo funciona muy bien la identificación porque crea consumidores. Por tanto, si conseguimos diferenciar lo que es un proceso de identificación con un proceso comprometido de responsabilidad y posicionamiento, podemos favorecer las prácticas políticas y no tanto las identidades políticas.

 

Y aquí aparece el concepto de la dulzura como neutralización de las lógicas del capitalismo.

En Potencia de la dulzura, Anne Dufourmantelle trabaja el concepto de dulzura y lo intenta inscribir dentro de un pensamiento filosófico, puesto que secularmente la dulzura se ha negado la posibilidad de que la dulzura como concepto entre en una conversación filosófica y política. Dufourmantelle quiere situar la dulzura en el centro de pensamiento filosófico y del pensamiento crítico, haciendo hincapié en que la dulzura es aquello que se pierde con el capitalismo avanzado y con el neoliberalismo. La dulzura, sostiene Dufourmantelle, es la inteligencia de atender a la vida. El problema que el capitalismo trae consigo es una especie de desensibilización de la vida y una intensificación del espectáculo. Lo estamos viendo: en los fascismos de hoy opera lo espectacular; no importa lo que ocurra en los cuerpos, no importa la vida perdida, no importa la vida asesinada y violada. Lo único que importa es un espectáculo que sea capaz de mantenerse. De esta manera, se sitúa la idea de verdad en el espectáculo, ya no en la experiencia testimoniada y subjetiva de muchísimos cuerpos.

 

Usted señala que la dulzura es un concepto que el neocapitalismo puede banalizar, sin embargo, nada tiene de naif: la dulzura no promete felicidad absoluta ni una utopía feliz, sino que se hace cargo de la vulnerabilidad.

Dufourmantelle señala que mientras Oriente sí ha tomado otra posición frente a conceptos como la amabilidad o la dulzura, Occidente no le ha dado importancia filosófica. Y, con respecto a lo que comentas, lo contrario a la dulzura sería precisamente lo edulcorado, que es ese condimento que le echamos a las cosas para que parezcan más atractivas y para que se puedan consumir. En este sentido, una posición dulce a nivel político traería quizás mucho más afecto amargo al espacio público. Como diría Sara Ahmed, “Feminist Killjoy”: El cuerpo que agua la fiesta denunciando una injusticia es el cuerpo más dulce. Por el contrario, no es dulce el cuerpo que está intentando ser cool, fiestero y hacer una llamada a una vida sin dolor y sin sufrimiento. Este no es un cuerpo dulce, este un cuerpo que está utilizando estrategias engañosas para conseguir un beneficio. El discurso que promete una vida sin conflicto es un discurso que te vende algo. Porque una forma comprometida de estar en lo vital implica reconocer la finitud, la vacuidad, el conflicto, el dolor, la injusticia y la desigualdad. El reconocimiento de todas estas cosas en pos de cuidar la vida es una posición dulce y política.

 

¿El feminismo ha estado también atrapado por el pensamiento heterosexual?

Para mí una feminista heterosexual sería como una pensadora que defendiese la heterosexualidad normativa como modelo natural, pero ¿existe una pensadora así? El pensamiento feminista siempre ha sido crítico con lo relacional y con las inercias de la educación sentimental patriarcal. Está en nuestra genealogía feminista ser críticas con el pensamiento heterosexual; lo que sucede es que esta crítica no ha sido la prioridad. Dicho esto, a pesar de que sentimos que estamos en el centro, en realidad, no lo estamos. Si vamos a la calle, si acudimos a determinados circuitos de sensibilidades culturales, el mundo con el que nos encontramos es el de siempre. Por ejemplo, entra en una juguetería y el mundo que ves es el del binarismo de género. Por tanto, es cierto que hay una resistencia hacia estos planteamientos que ha empezado a ser visible, pero pensar que está en el centro es una ilusión y prueba de ello es que todavía hoy nos chocamos con discursos que dicen que la diversidad es una ideología impuesta a la gente. Hay una tendencia conservadora que no quiere que las cosas cambien y la realidad es que, todavía hoy, los cuerpos siguen siendo educados como heterosexuales.

 

En este posicionamiento de resistencia, la recuperación de una figura como la de Safo es clave.

Safo consiguió sobrevivir al tiempo: nos llegaron sus fragmentos y vimos su nombre citado en los manuales. Sin embargo, sobrevivió en gran medida por una heterosexualización de su trabajo. Es decir, hubo una lavada de cara de Safo para que no representase lo sáfico, sino que representase una figura creadora dentro de la gran literatura de occidente. Lo bueno es que los textos sáficos hablan por sí mismos: si los leemos ahora y, sobre todo, los leemos con traducciones actualizadas no heterosexualizantes que respetan el texto y y no cambian el género de las cosas, nos encontramos con Safo y con toda su sabiduría, que es fruto de haber vivido distinto y de haber amado distinto. Y esa sabiduría, que tenía Safo, pero también Gloria Fuertes, por ejemplo, nos sirve a todas para pensar nuestras vidas.

 

Gloria Fuertes, la poeta que fue asexuada precisamente para que fuera un referente de la infancia.

Y no es la única. Pienso en Elena Fortún y su personaje Celia. Si la lees con atención, ves que en sus textos había algo. Me recuerdo leyéndola de pequeña y sentir un deseo muy potente. Es decir, a pesar de que se invisibilice la diferencia específica, hay algo de la pulsión de esas autoras que está en sus textos.

 

Usted relee a Safo en parte a través de Anne Carson y lo hace en clave poética, pero también filosófica.

Porque Safo es la gran filósofa del cuerpo enamorado, pero cómo pensar el cuerpo enamorado si no es desde la lírica, si no es a través de la voz del cuerpo que canta. Safo nos ha dejado un conocimiento increíble en torno a lo que implica ser un cuerpo enamorado y nos abre las puertas hacia una reflexión, a la que yo intento sumarme, en torno a una ética del cuerpo enamorado, una ética de las amantes. Y para esta reflexión la oralidad es clave, porque el pensamiento ocurre en la conversación y, cuando hablo de conversación, me refiero también a la lectura. Porque la lectura no fija el sentido, sino que es un intercambio de fuerzas y de experiencias. Si el pensamiento no se pone a prueba en la voz y se encarna, no vale para nada. El pensamiento tiene que contrastarse con la vida y no solo con la vida propia, sino con las otras vidas para así ver los efectos de tu pensamiento en otros cuerpos y en otras experiencias distintas. Porque una inteligencia mejor es la adaptación del lenguaje a la movilidad de la vida.

 

Y, además, nos salvaría de todos estos discursos neoliberales que se presentan bajo la etiqueta de la autoayuda.

Es muy difícil estar hoy en el mundo trabajando y viviendo sin caer constantemente en las inercias de la mercantilización, porque cualquier intercambio que tenemos, incluso con la mejor de las voluntades políticas o culturales, deriva hacia la mercantilización. Estamos inscritas en un sistema donde todo se mide por el consumo y la visibilidad; entonces vivir en este mundo implica tomar un lugar respecto a esas inercias tan poderosas y aprender a decir que no, para así no convertirlo todo en publicidad.

 

-“Para ellas /con quienes comparto/ cuchara viaje/ en agradecimiento y amor total”. La dedicatoria de Conjuros y cantos es también un posicionamiento y resumen de mucho de lo que lo que hemos hablado.

Apela a esa familia distinta que hacemos las personas que de alguna forma nos quedamos fuera de la familia tradicional, porque, en algún momento, sentimos que podíamos perderlo todo por ser diferentes. En ese sentir que se podía no tener nada por tener ese compromiso con el amor distinto, creo que empezamos a hacer comunidad de muchas formas distintas y eso es muy bonito.

 

Y es algo que también debemos hacer las mujeres heterosexuales.

Y lo han hecho también. He visto siempre muchas resistencias dentro de modelos supuestamente normativos, he visto a tantas abuelas tan amigas de sus vecinas y tan generosas entre ellas… Mujeres organizadas involuntariamente en familiar y en modelos heterosexuales reproductivos que han tenido el conocimiento íntimo de que tenían que buscar sus alianzas fuera, creando prácticas de resistencia. Ponerlas por escrito es importante porque implica atrevernos a ponerlo en los canales de pensamiento compartidos. Implica, obviamente, un riesgo, porque se puede recibir violencia por contar la historia distinta, pero es un riesgo que tenemos que tomar todas.