Sándor Márai en el siglo XXI

«El último encuentro», «La herencia de Eszter» y «Divorcio en Buda» son algunas de sus obras más leídas actualmente.

Texto: David Valiente

 

Lo habitual es que, una vez muerto el autor, sus libros comiencen a consumirse en la hoguera del olvido. Sin embargo, este principio no siempre se cumple. Como dice el dicho, la excepción confirma la regla y, en el caso de los escritores que sobreviven al lento morir de los años, siempre supone un motivo de dicha saber que, por ejemplo, los salones de la clase media-alta aquincense de principios del siglo XX que con tanto acierto estilístico recreó Sándor Márai para denunciar la enfermedad moral que debilitaba a la Europa de entreguerras han revivido en la mente de los españoles —y de buena parte de los lectores europeos- de este siglo con la misma fuerza y brillantez que mostraron ante los contemporáneos del escritor.

La pregunta se vuelve inevitable: ¿qué buscan los lectores en un escritor húngaro que narró un mundo —el de la vieja Europa— desaparecido en la actualidad? Durante veintiséis años, la editorial Salamandra lleva traduciendo y publicando en español títulos ya icónicos, como Divorcio en Buda, El último encuentro o Confesiones de un burgués; un hecho no del todo excepcional, pero sí bastante inusual dentro del ecosistema editorial que requiere sacar el mayor rédito posible a sus apuestas literarias para mantener en activo la maquinaria.

El editor de Salamandra Manel Martos resume esta resurrección como “una combinación poco frecuente entre calidad literaria atemporal y coherencia editorial a largo plazo”. Según explica, Márai interpela al lector español con “una voz profundamente moderna”, un “estilo refinado, introspectivo y moralmente exigente” que da lugar a “una literatura de alta intensidad emocional”. A esta razón se le pueden sumar otras de carácter más formal, como subraya la especialista en Sándor Márai e investigadora posdoctoral en el Departamento de Estudios Finoúgricos de la Universidad de Viena Magdalena Garbacik: “Su prosa está dotada de una extraordinaria claridad y disciplina juiciosa”. La elegancia meditada y precisa, exenta de cualquier barroquismo estilístico, confluye en un lenguaje transparente, cargado de matices y significación, dentro de una narración que en muchas ocasiones trasciende la trama para aproximarse a unas formas de expresión más propias del género del ensayo.

Los personajes, lejos de ser arquetípicos, se convierten en los vehículos trasmisores de una compleja estructura de pensamiento. “Este tono introspectivo, cercano al de la literatura psicológica contemporánea, hace que el lector sienta que está experimentando una historia vivida más que una historia <<contada>>”, ilustra Magdalena Garbacik.

Pero si su estilo genuino contribuye a explicar una buena parte del fenómeno, las temáticas tratadas aportan algo más de luz al misterio ‘maraiano’. “Márai conecta porque plantea preguntas morales y existenciales que siguen siendo las mismas de hoy: la fidelidad, la amistad, la pérdida, el paso del tiempo, el sentido de la responsabilidad individual”, señala Manel Martos. Esos temas universales, pese a encontrarse inscritos en unos códigos culturales muy concretos, trascienden los límites de la regionalización literaria y se barnizan con el tinte de la universalidad compatible con la cosmovisión de cualquier persona sin importar el origen, la lengua o la creencia.  “La lealtad y la traición, por tanto, no se inscriben en contextos político-sociales determinados, sino que se manifiestan principalmente como dramas interpersonales en los ámbitos de la amistad, el matrimonio y la comunidad”, aclara la académica Garbacik.

Algo similar ocurre con su mirada sobre la crisis de valores que con tanta agudeza analizó en sus novelas. En la actualidad, el mundo transita por la incertidumbre de la guerra. Se ve que las grandes transformaciones políticas van acompañadas del paulatino desmembramiento de los valores rectores. “En sus novelas se aborda el sentido del deber, la lealtad, la decadencia de las élites y la fragilidad de los valores culturales, temas que hoy cobran una nueva urgencia”, afirma el editor. Para Magdalena Garbacik esta coincidencia no responde tanto a la naturaleza cíclica de la historia como a la permanencia de los mecanismos de reacción humana ante la incertidumbre, el miedo y el caos.

Se lee… se lee mucho

Según el editor de Salamandra, el perfil de los primeros lectores que se sintieron seducidos por el hechizo literario del húngaro principalmente buscaban profundizar en las grandes mentes de los novelistas europeos clásicos. Sin embargo, hoy su obra apela también a la sensibilidad de “muchos lectores jóvenes que lo descubren en redes, en clubes de lectura o a través de recomendaciones cruzadas con autores contemporáneos que lo citan como referencia moral y estética”.

El último encuentro, por ejemplo, “se ha convertido en uno de los grandes long-sellers de la literatura centroeuropea”, debido a que “unos años después de su lanzamiento experimentó un resurgir espontáneo de ventas tras aparecer en listas de recomendaciones y clubes de lectura, sin ninguna campaña detrás”. Títulos como La herencia de Eszter y Divorcio en Buda se reimprimen con asiduidad y están presentes en las bibliotecas personales —y públicas— compartiendo espacio y resonancia con autores como Stefan Zweig y Albert Camus.

Sándor Márai ha sido traducido a diferentes idiomas de manera desigual. A pesar de que se ha traducido a casi todas las lenguas europeas —de hecho, en Polonia han visto la luz hasta las “obras menores”— en el mundo anglosajón no ha llegado a cuajar ni en la crítica ni entre el gran público. Este es uno de los motivos, junto a la marginación de ciertas lenguas europeas, por el cual su posicionamiento en el canon continental del siglo XX permanece aún por consolidar.

En su tierra natal ocurre algo muy parecido. Magdalena Garbacik considera que su lugar en el canon literario nacional húngaro no ha sido del todo definido. La causa principal son los años comunistas: “No debería extrañarnos, ya que, desde una perspectiva histórica y literaria, Márai ha estado presente en Hungría durante los últimos 35 años, un periodo corto, si se tiene en cuenta su ausencia durante la era comunista”.

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A pesar de que ya se lee (y mucho), Sándor Márai debería ser de obligada lectura tanto en institutos como en universidades sin importar la rama del conocimiento que el alumno haya escogido. Sus novelas abordan las problemáticas de dos de los grandes males de nuestra época: la falta de atención derivada del abuso tecnológico y la falta de compromiso con la responsabilidad individual. La sociedad moderna está sumida en una carrera por el consumo, y esta no se limita a los ámbitos de la especulación material. Las mentes buscan información desmenuzada: píldoras del conocimiento de quince segundos que adormecen las neuronas. Ante este ritmo nunca antes experimentado, la lectura de Márai presenta una lucha constante contra esas microrrealidades de la pantalla: “En un mundo dominado por la velocidad y la opinión, Márai propone una ética de la lucidez y la introspección. Su lectura se ha convertido, en cierto modo, en un acto de resistencia: detenerse, pensar, mirar con distancia crítica el propio tiempo”, defiende Manel Martos.

La investigadora de la Universidad de Viena va más allá recordando que una de las máximas de la obra del genio húngaro es “la responsabilidad moral” ante las decisiones tomadas. En este sentido, continúa, “su obra puede servir como una herramienta intelectual y ética que ayude a los lectores a orientarse en tiempos difíciles, no ofreciendo soluciones prefabricadas, sino fomentando una mejor comprensión de nosotros mismos y del mundo en el que vivimos”.