Richard Ford: «¿Soy un novelista político?»
A sus 82 años, Richard Ford conserva esa mirada penetrante que rechaza la solemnidad, pero que no se conforma con la banalidad del mundo. En “En palabras sencillas” (Feltrinelli) observa cómo la política se entrelaza en las líneas de las novelas y reflexiona sobre qué es ser político en un mundo donde ser deshonesto es en muchos aspectos más rentable que ser honrado.

Texto: Pere Sureda Foto: Oliver Mark
En palabras sencillas inaugura la colección Feltrinelli Lectures, inspirada en las míticas Norton Lectures de la Universidad de Harvard, que reunirá a algunos de los grandes autores de nuestro tiempo para reflexionar, desde la literatura y el pensamiento, sobre cuestiones centrales del presente. Se trata de ensayos escritos expresamente para esta colección, que se presenta en tapa dura con sobrecubierta y con un diseño sobrio y elegante. Buena traducción de Damià Alou.
“La política en medio de una obra literaria es un pistoletazo en medio de un concierto, una zafiedad a la que, sin embargo, no se le puede negar atención”. La cita de Stendhal que abre el libro se convierte en alfa y omega de este breve ensayo. Es el hilo conductor de unas reflexiones que atañen a Richard Ford (Jackson, Misisipi, 1944) pero que, a su vez, interrogan a todos los interesados por el mundo de la escritura. No se trata de una novela, ni de un ensayito al uso, es un texto breve pero profundo. De lo que sí se trata, y nuestro autor lo siente como una verdad incuestionable, es de que a la hora de escribir un nuevo libro lo importante es hacerlo mejor que el anterior.
Vayamos al pistoletazo de salida que enuncia el autor y cito sus palabras: “Los lectores a menudo me plantean una cuestión, cuya respuesta es el tema de este librito: ¿me considero un novelista político? Y, en ese caso, ¿cómo he llegado a esa conclusión? ¿Y por qué? ¿Y cuándo? Al principio este asunto no me interesaba mucho, pero con el tiempo he cambiado de opinión”.
Intentando dar respuesta a esas preguntas, Richard Ford, autor de la aclamada El periodista deportivo, retrocede en el tiempo en busca, y en una especie de expiación, del proceso que le llevó a empezar a escribir a los 28 años. Mirando desde hoy hacia su pasado creativo va encontrando diversas pistas que le abruman porque se da cuenta de que, sin advertirlo ni hacerlo conscientemente, hubo una politización, sobre todo en sus primeros libros.
Es esa lectura de hoy la que le revela a un escritor con unos rasgos inadvertidos para él mismo. Pero no se conforma y esa ¿revelación? le impele a revisar a los escritores que considera sus maestros, los que leyó y acabaron formando parte de su universo literario. Revisa, da vueltas y reflexiona sobre los que le “obligaron” a escribir, véase Hawthorne, Hemingway, Henry James, Kafka, Virginia Woof, Malcolm Lowry, Naipaul, Richard Wright y, fundamentalmente, ¡Absalom! ¡Absalom!, la obra de Wiliam Faulkner, autor también de Misisipi como él, en ese sur de Estados Unidos que puede resultar tan opresivo. Con una lucidez sobrecogedora descubre que, dentro de los avatares de la vida de Quentin Compson —protagonista de ¡Absalom! ¡Absalom!—, el substrato de todo es el mundo de la esclavitud, de la ira, del territorio vedado a los negros. Todo ese mundo Richard Ford lo tenía tan grabado en su educación —jugaba con sus amigos sin ver el todo, sin ver el horizonte, solo jugaba— que simplemente no lo tuvo en cuenta en sus ideas para contar una historia. Para novelar.
Como lector me reconozco en aquel joven chaval que leía y ponía en tela de juicio e interpretaba todo con una seguridad y una inocencia aplastantes, pero vivas. Este ensayo remite a la esencia de la lectura: acompañar al autor en las preguntas que se hace.
Hay una cuestión muy destacable que el sureño Ford recalca, y este lector atrevido reafirma: no hay novelista político si no hay novelista. Para adjetivar es imprescindible que haya detrás un verdadero novelista. Si lo hay, después se le pueden añadir los adjetivos que se quieran, pero lo que permanecerá será su obra literaria. ¡Gracias por este libro, Mr. Ford!




