El grimdark es básicamente aquella fantasía (o ciencia ficción) que toma un cariz amoral o violento.

Texto: Antonio TORRUBIA

 

Se supone que el término grimdark comenzó a utilizarse en relación con la franquicia Warhammer 40.000, una de las de más exitosas de Reino Unido. Para que veáis por dónde van los tiros, su lema es: “In the grim darkness of the far future, there is only war” (“En la sombría oscuridad del futuro lejano, solo hay guerra”).

Si acudimos a los expertos del mundo anglosajón, nos encontramos con diferentes opiniones. La autora de fantasía y ciencia ficción Genevieve Valentine calificó el grimdark como “taquigrafía para un subgénero de ficción fantástica que dice comerciar con la psicología de esos héroes de la espada, y el oscuro realismo detrás de toda esa política del reino”. El editor y antólogo Jared Shurin opina que la fantasía grimdark tiene tres componentes clave: un tono sombrío y oscuro, un cierto sentido realista y la acción de los protagonistas. En el grimdark, los personajes tienen que elegir entre el bien y el mal, y están tan perdidos como nosotros lo estamos en el mundo real (no como esos héroes de la alta fantasía que están predestinados a derrotar al villano que corresponda).

La escritora dublinesa Liz Bourke considera que el grimdark retrata la acción correcta como imposible o inútil, lo que absuelve a los protagonistas, y al lector mismo, ya de paso, de la responsabilidad moral. El académico, crítico y novelista fantástico Adam Roberts nos dice que es un tipo de literatura donde ningún personaje es honorable y prevalece la ley del más fuerte, dándole la espalda a todas esas concepciones idealizadas de lo medieval que muchas veces se emulan en el género de la fantasía, y subrayando lo desagradable, brutal, corta y oscura que era realmente la vida en aquel entonces. El grimdark, para que nos quede claro, tiene poco que ver con reimaginar una realidad histórica real y más con transmitir la sensación de que nuestro propio mundo es un lugar cínico, desilusionado y ultraviolento.

Damien Walter lo resumió como “espadas más grandes, más luchas, más sangrientas, más luchas, hachas, más luchas”, una tendencia que se opone, en principio, a una fantasía épica que ofrece, además de peleas, una narrativa subyacente. Todo lo contrario a lo que predicaba el maestro J. R. R. Tolkien y a lo que desde que apareció en librerías El Señor de los Anillos (que en 2024 cumplirá setenta años de su edición original) se siguió reescribiendo, con honrosas excepciones, hasta que George R. R. Martin nos mostró otra forma de ver la fantasía. Pero no fue el fundador de la corriente con su Juego de tronos, publicada en 1995 en Estados Unidos, porque el autor octogenario Glen Cook, en el literario año de 1984, publicó las primeras novelas de La Compañía Negra, una saga de fantasía que narra las aventuras de una unidad de mercenarios de élite a lo largo de varias décadas de historia. Esta serie, que cuenta actualmente con diez novelas traducidas al castellano pero descatalogadas por la malograda editorial La Factoría de Ideas, se ha convertido en una suerte de clásico de culto, especialmente entre miembros del ejército, tanto activos como retirados. Cuando se le preguntó por este hecho, Cook respondió: “Los personajes se comportan como lo hacen realmente los muchachos. Eso no glorifica la guerra; solo trata de cómo se llevan entre sí las personas en su trabajo. Los personajes son verdaderos soldados. No son soldados tal y como los imagina la gente que jamás ha estado de servicio. Por eso les gusta”. Hubo noticias hace unos años de que una productora empezaba a buscar localizaciones y actores para empezar el rodaje de Los Libros del Norte, la primera trilogía enmarcada en la saga, y poco después la editorial Montena reeditó esos tres primeros libros: La Compañía Negra, Sombras fluctuantes y La rosa blanca.

Otra de las sagas que se podría denominar como grimdark por su crudeza, su oscuridad y la amoralidad de algunos de sus personajes es la creada por el arqueólogo y antropólogo canadiense Steven Erikson y su amigo, el también arqueólogo Ian C. Esslemont. Pero la saga de Malaz trasciende el grimdark mezclándolo con alta fantasía y con magias imposibles, decenas de razas increíbles y un nivel de lectura exigente en el que la filosofía, la política y la antropología hacen que avanzar por sus páginas sea más parecido a intentar estudiar para unas oposiciones que leer una novela de entretenimiento. Tras tres mil páginas decidí que retomaría la saga (que pasa holgadamente de las veinticinco novelas) cuando me jubile o tenga un año sabático. Por suerte en Nova CF acaban de publicar el undécimo libro de Erikson y espero que de aquí a que me ponga con ella estén al día. Porque, como dice el gran Joe Abercrombie: “Lo importante no es que leáis mis libros, lo importante es que los compréis”. Pero ya os hablaré más adelante de él.

Ahora bien, ¿solo escriben grimdark los hombres anglosajones? Pues no. Por suerte en España tenemos a Ferran Varela, Concepción Perea y la dupla de autores Víctor Blanco y Gonzalo Zalaya. Me atrevería a nombrar incluso el debut literario de Guillem López o el de Miriam Jiménez Iriarte.

El abogado barcelonés Ferran Varela debutó en 2018 con La danza del gohut, una novela (o novela corta) en la que descubrimos una de las voces más potentes y originales del fantástico, aunque aún no estaba metido en el género que nos atañe. En el grimdark entró por la puerta grande con El arcano y el jilguero, y Mezen el Ariete, un demonio inmortal que disfruta desollando a sus víctimas. Su oficio, torturador al servicio del Imperio, lo ha lleva[1]do a cometer crímenes aberrantes contra personas indefensas y la única ayuda con la que cuenta para sobrellevar la culpa es el convencimiento profundo de que lo hace por un bien mayor. Además de esta novela, y dentro del mismo mundo, El Transbordador Ediciones le ha publicado un compendio de cuatro relatos (Historias de Hann) y un manual que tendrá mucha importancia en la continuación de las historias de Mezen el Ariete y que va acom pañado de una baraja de tarot: Guía de lectura de Ignotos Mayores.

La sevillana Concepción Perea es licenciada en Humanidades y profesora de narrativa desde hace diez años. Imparte cursos desde su academia Caja de Letras y lo compagina con la escritura de, en estos momentos, la precuela de su bilogía de Terralinde: La Guerra de la Reina Durmiente. Su primera novela, La Corte de los Espejos, se puede considerar fantasía feérica pero tiene mucho de grimdark. Si no me creéis mirad la frase con la que presenté su continuación: «No sabía lo que echaba de menos la prosa de Concepción Perea hasta que no he empezado a leer La última primavera. Comienza con sangre, dragones, hechizos y espadas trabadas en columnas vertebrales. Impresionante”.

Delbaeth Rising: Camino del Odio es una novela a medio camino entre las aventuras fantásticas de Conan el cimmerio, de Robert E. Howard, y el grimdark más crudo, escrita hace un lustro por Gonzalo Zalaya y Víctor Blanco, y que nos narra el tortuoso y sangriento viaje de un gladiador elfo y su compañero hobbit, Dealbaeth y Ratón. Están ambos trabajando en su secuela, La enemistad del mago, que esperamos poder ver pronto en librerías.

Uno de los referentes patrios en ciencia ficción y terror, el castellonense Guillem López, publicó sus primeras novelas, La guerra por el norte y Dueños del destino, en el territorio de la fantasía (entre grimdark y épica) con una gran acogida por parte de público y crítica. La lástima es que la editorial que lo publicaba cerró, la tetralogía quedó inconclusa y el autor pasó a escribir especulación científica y terror.

La autora navarra afincada en Valencia Miriam Jiménez Iriarte debutó hace unos años con Ayantek, una potente y cruda novela, mezcla de grimdark y de otro subgénero fantástico que me es imposible nombrar sin entrar en el destripe (estoy intentando dejar de usar “spoiler”, teniendo una palabra que me gusta bastante más, soy así de raro).

Volviendo al mundo de las letras anglosajonas nos encontramos con Ed McDonald, autor de la trilogía La marca del cuervo (Blackwing, Ravencry y Crownfall, todas ellas traducidas al castellano). El primer libro nos narra las aventuras del capitán Ryhalt Galharrow, que intenta rehabilitar a todo aquel que llega a La Miseria, la peligrosa y corrupta frontera entre la República y los Reyes de las profundidades. Ese emplazamiento es el destino final de los traidores, ladrones y espías que tratan de burlar a la autoridad y es un lugar necesario, porque la única defensa de la República contra los Reyes de las Profundidades es la “Máquina” de Punzón, un arma de poder incomparable que protege las fronteras del desierto, siempre y cuando no empiece a fallar. Una de las razones por las que esta trilogía ha pasado a lo alto de mi pila de pendientes en papel es porque este señor es el marido de la gran Catriona Ward (y, con que escriba la mitad de bien que su esposa, va a ser ambrosía).

La autora de origen chino Rebecca F. Kuang ha escrito una trilogía grimdark de estilo oriental e inspirada en la sangrienta historia bélica del siglo XX chino, La Guerra de las Amapolas. En el volumen uno, The Poppy War, La Segunda Guerra de las Amapolas ha dejado Nikan desolada. Rin, huérfana de guerra, vive con los Fang, que la fuerzan a trabajar en el negocio familiar. Su único posible futuro es un matrimonio concertado con algún vejestorio, pero ella, lejos de aceptarlo, recurre al Keju, un examen nacional que le permitirá ingresar en la más prestigiosa academia militar de Nikan, en Sinegard, donde podrá aprender y entrenar sus capacidades físicas y espirituales. Pues, aunque la guerra terminó hace unos años, la Federación de Mugen aún acecha al otro lado del mar y su sed de sangre no hace más que crecer.

El escocés Richard Morgan, cuya obra más conocida es la trilogía Carbono modificado (llevada a la pequeña pantalla en dos temporadas y varios animes en la plataforma Netflix con su nombre original, Altered Carbon) y que se cerró en castellano el pasado mes de marzo con Furias desatadas, se preguntó: “¿Qué es de los héroes cuando las guerras terminan?”. El protagonista de la trilogía Tierra de héroes (compuesta por Solo el acero, El gélido mando y La impía oscuridad), Ringil Ojos de Ángel, se gana el pan desde el exilio de la posguerra con el relato de sus hazañas, mientras su espada, la legendaria Criacuervos, cuelga olvidada sobre la chimenea. Para Egar el Matadragones, su triunfal retorno a las estepas como señor del clan nómada está marcado por la nostalgia que siente por los tiempos felices pasados como mercenario en el civilizado Imperio. Y en ese mismo Imperio, la mestiza Archeth, a quien la desaparición de su raza ha dejado atrás, sirve al emperador e intenta en vano mantener en funcionamiento la tecnología abandonada. Algo empieza a moverse, sin embargo, en su mundo rodeado por un anillo. Ringil es reclamado por su noble familia, que lo había repudiado, para que rescate a una pariente de los traficantes de esclavos. Egar es objeto de conspiraciones, inspiradas por los dioses, para apartarle de la jefatura de su clan. Y Archeth debe investigar el ataque a una guarnición costera del Imperio, realizado con armas que en teoría no deberían existir. Los caminos de los tres viejos camaradas de guerra volverán a cruzarse, y entonces sabrán por fin si su tierra puede ser realmente apta para los héroes.

Mark Lawrence, con The Prince of Thorns (traducido creativamente como El príncipe del mal), se quedó con la primera parte colgada, pero es uno de los referentes del grimdark actual. Espero que en algún momento alguien coja el testigo y la continúe. Y de camino que publique Empires of Dust, de “The Queen of Grimdark” (podéis encontrarla en redes sociales con ese nombre): Anna Smith Spark.

Permitidme que cierre esta pieza hablando de mi autor favorito en activo, Joe Abercrombie, el Señor del Grimdark (@LordGrimdark en Twitter). Nacido en Lancaster en 1974, se graduó en psicología en la Universidad de Manchester. Antes de dedicarse en exclusiva a escribir, trabajó para una compañía de posproducción televisiva. En la actualidad vive con su familia en Bath. Es autor de la trilogía de La Primera Ley, compuesta por La voz de las espadas, Antes de que los cuelguen y El último argumento de los reyes. A este mismo universo pertenecen tres novelas independientes: La mejor venganza, Los Héroes y Tierras Rojas; la antología de relatos Filos mortales, y la trilogía La Era de la locura, a la que pertenecen Un poco de odio, El problema de la paz y La sabiduría de las multitudes. Asimismo, es autor de la Trilogía del Mar Quebrado, formada por Medio rey, Medio mundo y Media guerra, de la que George R. R. Martin dijo que era “una historia trepidante de traición y venganza que me atrapó desde la primera página, y de la cual ya no he podido desengancharme”.

En el debut de la, de momento, decalogía de El Círculo del Mundo nos presentaba al inquisidor Glokta, una de las promesas en el ejército de La Unión convertido en un cínico tullido tras su paso por las cárceles de sus enemigos, que es ahora a su vez un eficaz torturador capaz de extraer información de cualquiera. El capitán Jezal dan Luthar es un soldado que se dedica a desplumar a sus amigos jugando a las cartas y soñar con la gloria de vencer en el Certamen de esgrima. Pero se está fraguando una guerra, y en los campos de batalla del Norte la lucha se rige por normas mucho más brutales… Logen Nuevededos, infame bárbaro de pasado sangriento, acaba de perder a sus amigos y está decidido a abandonar sus tierras y dirigirse al Sur, pero los espíritus le advierten que lo busca un Mago de los Viejos Tiempos… Bayaz. Sus historias se entrelazan en una fantasía negra repleta de acción y personajes memorables que continúan con la historia de La mejor venganza, con Monzcarro Murcatto en la lejana Talins. Tres días en los que vemos una gran batalla desde el punto de vista de ambos bandos narrada de forma magistral es lo que nos encontramos en Los héroes. Tierras rojas nos muestra el viaje marcado por viejas hostilidades, duelos y matanzas de Lamb por las áridas llanuras, siguiendo la escuela de los westerns crepusculares, del spaghetti western y del cine fronterizo de Clint Eastwood. Cerrando el ciclo nos encontramos con las historias cortas de Filos mortales, que transcurren desde antes de La voz de las espadas y hasta después de Tierras Rojas. Situados cronológicamente, los relatos siguen hilos apuntados en las tramas de las novelas del Círculo del Mundo, pero todos ellos se pueden leer de forma independiente, siendo violentos y afilados como las armas de sus personajes más memorables: el coronel Sand dan Glokta, Curnden Craw, Shevedieh la ladrona y Javre, la Leona de Hoskopp, y el lunático y sangriento Nuevededos (entre otros). La Era de la locura nos lleva a unos treinta años después del inicio de la saga, con la Era de la máquina llegando al Círculo del Mundo, pero con la Era de la magia negándose a morir. Las chimeneas de la industria se elevan sobre Adua y el mundo bulle de nuevas oportunidades. Pero las viejas rencillas no se han olvidado. En las castigadas fronteras de Angland, Leo dan Brock lucha por conseguir la fama en el campo de batalla y derrotar a los ejércitos de Stour Ocaso. Para ello espera recibir ayuda de la Corona, pero es mejor no contar con Orso dan Luthar. Savine, influyente inversora e hija del hombre más temido de la Unión, planea llegar a la cumbre del montón de escoria de la sociedad empleando los medios que sean precisos. Con lo que ella no cuenta es que ningún dinero podrá poner coto a la ira que va a estallar en los suburbios. Con ayuda de la montañera Isern-i-Phail, Rikke trata de controlar el don, o la maldición, del ojo largo. Ver el futuro es una cosa, pero cambiarlo, cuando el Primero de los Magos sigue manejando los hilos, es otra muy distinta.

Tras acabar justo hace unas horas de leer el cierre de esa decalogía, se afianza en mí el convencimiento de que Joe es mi autor en activo favorito. Es oscuro, es descorazonador, tiene un sentido del humor ácido y socarrón, y hace que avances páginas y páginas deseando saber qué ocurrirá en el siguiente capítulo. Al ser siempre sus novelas corales, salta de un personaje a otro sin dar tregua al lector y ese “solo un capítulo más” puede hacer que te ventiles un tercio de sus más de setecientas páginas en una sentada y lleves seis horas sin levantar la vista del libro. Desde los primeros volúmenes de Canción de hielo y fuego no me pasaba con ningún autor de fantasía. Y, aunque lo siguiente que ya está escribiendo no forme parte de la saga, hace justo un año encontré un artículo en el mejor blog de género fantástico en castellano, El Caballero del Árbol Sonriente, comandado por Daniel Garrido, que nos contaba que Abercrombie hacía referencia en su web a una obra completamente nueva y totalmente independiente de todo lo que ha escrito hasta el momento. Anunció que el título provisional de esta obra era The Devils (“Los demonios”) y de ella nos decía: “Ya he escrito la primera parte, tal vez una cuarta parte (35.000 palabras) del libro siguiente a The Wisdom of Crowds. Su título provisional es The Devils. Es algo completamente nuevo: nuevo mundo, nuevos personajes, y mi enfoque para este [libro] es ser un poco menos estructurado de lo que he sido en el pasado. Quería sumergirme y ver cómo me sentía durante la escritura, probar algunos de los personajes para calibrarlos, con un mínimo worldbuilding, con el esfuerzo mínimo para darle sentido a todo, concentrarme en los personajes y por ahora sentir, y luego reescribir más tarde, si es necesario. Ahora que he avanzado tanto, probablemente necesite tomarme un tiempo para planificar y estructurar un poco más, pero voy a dejar que crezca y se desarrolle a su debido tiempo. Veremos cómo avanza”.

El autor no desvela mucho más de la obra que tiene entre manos, pero hay un comentario en su web que arroja un poco más de luz. Cuando un usuario le pregunta si en The Devils habrá magia y monstruos la respuesta de Abercrombie no puede ser más clara: “UN MONTÓN de magia y monstruos. Hay magia y monstruos hasta el final”. Y es que, con Joe Abercrombie, tenemos GRIMDARK para rato.

¡Nos vemos en las librerías!