¿Qué tienen en común los escritores Wodehouse, José Bergamín, Blasco Ibáñez y Edith Wharton?

El filósofo y escritor Jorge Freire publica «Los extrañados» (Libros del Asteroide).

Texto: Alfonso de la Hoz González

 

Jorge Freire (Madrid, 1958), reconocido filósofo y ensayista, nos ofrece cuatro apuntes biográficos, muy bien escritos, de cuatro escritores que tienen en común su desubicación tanto geográfica como intelectual. Si bien en un principio, el autor reconoce que su primera intención era titular el libro como “los exiliados”, enseguida se dio cuenta de que lo que tenían en común estos cuatro personajes era el extrañamiento, polisémica palabra que le permite abarcar más significados como el de encontrarse aislado, fuera de lugar o en una situación de solitud permanente.

El primero de los escritores escogidos por Freire en su libro Los extrañados es el británico Pelham Grenville “Plum” Wodehouse (1881-1975​), un maestro de la ironía y del humor blanco. Su ingenuidad durante la segunda guerra mundial lo llevó a ser repudiado por gran parte de sus compatriotas, lo que motivó su definitivo alejamiento del Reino Unidos. Se estableció en los Estados Unidos, aunque ya residía en Francia antes del estallido de la guerra. A pesar de su posterior rehabilitación, Woodhouse no regresó a su país.

El segundo de los escritores es el poeta José Bergamín (1895-1983), al que Freire compara continuamente con un pájaro. Un hombre de grandes contradicciones, católico a machamartillo y revolucionario radical: “con los comunistas hasta la muerte, pero ni un paso más allá”, llegó a proclamar.

Concluida la guerra civil, se exilió a Hispanoamérica, regresando a España en 1958. Nuevamente desubicado y ferozmente hostigado, se vio obligado a volver a exiliarse, esta vez a Francia. Retornó definitivamente a España en 1972, pero ni siquiera los nuevos vientos democráticos que trajo consigo la transición le satisficieron y se volvió a meter en líos. En 1982, inició un último autoexilio y se instaló en Fuenterrabía, donde fue acogido por el mundo radical vasco.

Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) es el tercer protagonista del libro. Valenciano, republicano, periodista y escritor, llegó a convertirse en el escritor más leído en lengua española después de Cervantes. Enriquecido, arruinado tras su aventura en la Patagonia y nuevamente enriquecido, no acabó de encontrar su sitio en España, siendo atacado por la dictadura de Primo de Rivera. Falleció en Mentón, un pueblo de la Costa Azul, donde adquirió una villa a la que llamó Fontana Rosa y en la que intentó reproducir su Valencia natal.

La neoyorquina Edith Wharton (1862-1937) es la última escritora reseñada en este florilegio de ilustres extrañados. Procedente de una de las familias más ricas de Nueva York durante el siglo XIX, la joven Edith Newbold Jones, a la que sus familiares y amigos llamaban “Pussy Jones” empezó a destacar como escritora, no conformándose con el papel reservado para las jóvenes patricias norteamericanas. Se casó a los 23 años con Edward Robbins Wharton (Teddy) y pese a lo desastroso del matrimonio – se divorciaron en 1913-, Edith Warton apostó por una especie de autoexilio, lo que no la privó de instalarse definitivamente en Francia en 1907.