Dos destacados especialistas españoles del mundo árabe: Ignacio Álvarez-Ossorio e Ignacio Gutiérrez de Terán son los autores de «Qatar. La perla del Golfo» (Península).

Texto: David VALIENTE  

 

 Se acerca la Copa Mundial de Fútbol de 2022 y Doha, capital de Qatar, ya está preparada para que el día 20 de noviembre el balón empiece a rodar por el césped. Qatar es un país pequeño en sus dimensiones geográficas y demográficas. De él nos llegan pequeños retazos, muchos de ellos inventados o exagerados. Seguramente, si saliéramos a la calle y preguntáramos a la gente que nos señale Qatar en el mapamundi, no sabrían dónde situarlo. Algo normal, por otro lado, pues hasta hace no muchas décadas, Qatar no era más que desierto y pequeños pueblos costeros. ¿Qué interés podía tener España en un territorio tan lejano? Sin embargo, ahora nos interesa por algo más que el fútbol, especialmente desde que comenzó la guerra en Ucrania y la amenaza de pasar un invierno muy frío se hizo patente. Qatar es un salvavidas para Europa en la delicada situación actual, un salvavidas que convendría conocer a nivel académico y también a nivel social.

Para ello, la reciente publicación de la Editorial Península satisfará a muchos. Qatar. La perla del Golfo ha sido escrito por dos grandes especialistas españoles del mundo árabe: Ignacio Álvarez-Ossorio e Ignacio Gutiérrez de Terán. El primero es catedrático de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Complutense de Madrid, ha publicado otros magníficos libros sobre Oriente Medio y sus conflictos y también es miembro de la Junta Directiva del Comité Español de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA). El segundo es profesor titular de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Autónoma de Madrid, además de publicar sus propios ensayos (Yemen, la clave olvidada del mundo árabe o Las revoluciones árabes: relato de un proceso de desarrollo), es traductor de autores tan relevantes para las letras árabes como lo es el Premio Nobel Naguib Mahfuz. En Librújula, hemos tenido el placer de charlar con ellos.

Copy. Nuria Castejón. A la izquierda, Ignacio Álvarez Ossorio y a su lado Ignacio Gutiérrez de Terón.

¿Cómo condiciona la geografía qatarí a su población?

Ignacio Álvarez-Ossorio: La geografía determinó las condiciones materiales de una población que presentaba un fuerte carácter nómada y un desempeño económico de actividades vinculadas al comercio caravanero y la trashumancia de los rebaños, sin descuidar las riquezas que les proporcionaba el mar en forma de pesca y recolección de perlas, ya que, debido a la aridez de la península arábiga y la falta de oasis, la mayoría de los asentamientos humanos se encuentran en la costa. Esta condición geográfica también ha sido clave para el desarrollo de unas relaciones fluidas con sus vecinos, especialmente con los persas.

En el libro comentan que Qatar está tratando de combinar su pasado con la modernidad, ¿esto no genera tensiones sociales?

Ignacio Gutiérrez de Terán: Sí, pero no solo en Qatar, también en toda la región. Es más, me atrevería a decir que, gracias a las reformas realizadas en el reglamento social, Qatar está combatiendo mejor las tensiones que su vecino Arabia Saudí, donde el wahabismo está más extendido y tensiona a la sociedad. En Qatar cada vez es más común ver a mujeres conduciendo, asistiendo a estadios de fútbol o disfrutando de un concierto al aire libre. Pero eso no significa que algunas reformas no generen un tipo de tensión particular, y lo estamos comprobando con el tema del Mundial: las autoridades qataríes tratan de prevenir ciertos escenarios, como las manifestaciones en público, el acercamiento de ambos sexos, la toma de alcohol fuera de los lugares establecidos, por el temor a las reacciones de una parte de la sociedad que, no se nos olvide, todavía es profundamente tradicional. Aun así, hay muestras suficientes para decir que, junto a Abu Dabi, Dubái y, en ciertos retazos, Kuwait, están asimilando algunas expresiones que hace años les eran ajenas.

Ignacio Álvarez-Ossorio: Queremos dejar patente, desde la portada del libro donde se puede apreciar el Skyline y la embarcación tradicional qatarí (el dhow), el contraste entre tradición y modernidad, producto de los cambios radicales experimentados en el emirato, pero especialmente en Doha, la capital, donde se concentra el 80% de la población. Hace 70 años la capital qatarí era un villorrio de casas de pescadores; hoy en día, las construcciones de adobe han cedido el terreno al Skyline.  La monarquía no deja de ser consciente de los cambios tan drásticos sufridos en tan poco tiempo y de los riesgos que esto puede generar. Por eso, entre sus planes se encuentra preservar elementos tradicionales como las carreras de camellos, la cetrería o la pesca de perlas. Visto desde fuera, sus incentivos a la tradición se pueden entender como una acción meramente simbólica, aunque en realidad hace las veces de cordón umbilical entre las generaciones pasadas y las presentes. En sus discursos hacen continuas referencias al origen, a ese villorrio humilde y a la sociedad que lo componía antes de encontrarse los hidrocarburos.

Imagino que no toda la familia Al Thani estará de acuerdo con los cambios.

Ignacio Gutiérrez de Terán: Dentro de la región arábiga son bastante habituales las rencillas en las familias reales. No olvidemos que la poligamia está muy extendida, lo que incentiva la formación de familias extensas. Dentro de los Al Thani se presentan dos facciones familiares: los más jóvenes apuestan por la modernidad, manteniendo la seña tradicional; mientras que los integrantes con edad más avanzada temen que tanta modernidad provoque una fractura social, sobre todo por esa parte más conservadora, que considera que siguiendo por ese camino se va a perder la identidad qatarí. Con la celebración del Mundial, claramente, se aprecia que está ganando la línea aperturista de la familia.

Ignacio Álvarez-Ossorio: Las tensiones familiares han hecho que se comience a regular el proceso de sucesión del emir. En 2003, se estipuló que el heredero debe ser un hijo del emir gobernante, de madre qatarí. De algún modo, se trata de impedir que las fracturas conduzcan a escenarios de debilidad estructural. Así también evitan la conformación de candidaturas al trono que pudieran dar pie a potencias vecinas a apoyar a una u otra y desestabilizar el reino.

En el libro, nos hablan de la compleja estructura tribal de la que está compuesta la sociedad qatarí, ¿esta condición no lastra el progreso del país?

Ignacio Gutiérrez de Terán: Pues no. Qatar, junto a su vecino, Emiratos Árabes Unidos, ocupa una de las diez primeras plazas en la lista de los países más ricos del mundo respecto al PIB per cápita. Nuestra manera de entender el tribalismo es demasiado arcaica. El tribalismo no es un sistema político piramidal que busca el beneficio de unos jeques o shayj, más bien es un promotor de coherencia y cohesión dentro de una sociedad, que da unas cualidades particulares a ese grupo y lo dota de una serie de instrumentos que sirvan para dilucidar conflictos comunitarios. La cordialidad entre los grupos tribales ha estabilizado el país y le ha permitido desarrollarse a altos niveles económicos.

Ignacio Álvarez-Ossorio: El tribalismo cuenta con una gran vitalidad. No es algo del pasado, como se suele creer. Tiene mucho protagonismo en las sociedades del golfo Pérsico. De hecho, las autoridades lo incentivan, pues es de gran ayuda a la hora de desarticular demandas o militancias políticas. En los países de la región, se habla del ‘neotribalismo’, que no es otra cosa que el resurgimiento tribal con más fuerza y ligado a un ámbito político. Se cooptan a los principales líderes tribales, haciendo que su supervivencia dependa de la supervivencia de la familia real. Los líderes tribales están perfectamente integrados en el sistema político qatarí.

Qatar es un ejemplo de país con una población autóctona bastante más inferior a la extranjera, ¿una situación así no es un problema para la conformación de una identidad nacional?

Ignacio Gutiérrez de Terán: Más bien sucede todo lo contrario: la propia percepción de los qataríes como una minoría en su país (recordemos que son 300 000 qataríes, o lo que es lo mismo, ni un 20% de la población total del emirato), la figura de una familia dirigente y el desarrollo de una política nacional e internacional propia han contribuido a crear y reforzar la identidad nacional qatarí. En lo concerniente a la marca identitaria, los qataríes se distinguen del resto de la población residente y extranjera, entre otras cosas, por su manera de vestir. Los hombres van ataviados con túnicas blancas y las mujeres con túnicas negras; además, entre ellos mismo saben a qué tribu, linaje o región pertenece un individuo por su manera de llevar la túnica o atarse el pañuelo. A los extranjeros les llama mucho la atención que en un contexto de riqueza y tecnología puntera todavía no se haya perdido ese arraigo tribal, quizás, por eso, se incide en que la qatarí es una sociedad atrasada, arcaica, con una gran fortuna, pero incapaz de avanzar racionalmente. De hecho, sus signos de identidad no solo los identifican frente a la población extranjera residente en Qatar, también les ayudan a desmarcarse del resto de nacionalidades de la península arábiga. La andadura independiente de Qatar comenzó en 1971. Como es de suponer, la población no tenía consciencia de una identidad nacional propia; sin embargo, 50 años después, el sentimiento nacional ha calado gracias, en gran medida, al camino iniciado durante el reinado del emir Hamad y se ha visto muy reforzado por el bloqueo al que los qataríes fueron sometidos en 2017 por parte de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto.

¿Qué opinión tienen de Al Jazeera? ¿Es un medio fiable para informarse?

Ignacio Álvarez-Ossorio: Al Jazeera es fundamental para la política exterior qatarí, pues es el altavoz por el cual expresa su perspectiva política, social y económica al mundo árabe. Es, por otro lado, el canal preferido de los árabes para informarse. En el pasado gozaba de mayor autonomía, pero con el transcurso del tiempo, y tras comprobar su poder de influencia, se ha vuelto más dependiente de las decisiones políticas, tanto es así que el actual director general es miembro de la familia Al Thani y fue ministro de información. Esto no quiere decir que su información no sea veraz. Al Jazeera representó un soplo de aire fresco y superó a los canales oficialistas por su apertura de miras. Daba voz a diferentes tendencias, en un momento dado podías ver en la pantalla a un representante político de la línea oficial, y a la media hora, en su puesto podría estar invitado un islamista o un representante de izquierdas. Hacían buen ejemplo de su lema: “la opinión y la otra opinión”. Con el tiempo, el gran éxito que tuvo en los años 90 se fue empañando, sobre todo por su apoyo a los Hermanos Musulmanes y a las Primaveras Árabes, cosa que no gustó a muchos actores regionales. Recordemos que cuando en 2017 se impone el boicot, una de las reivindicaciones, aparte de cerrar la base militar turca, romper relaciones con Irán y expulsar a los Hermanos Musulmanes de Qatar, es cerrar la cadena.

Desde que se confirmara la celebración del Mundial en Qatar, muchas han sido las voces críticas en contra de esta decisión. Los derechos humanos, en especial en lo referido al sistema de explotación laboral kafala, preocupan a las personas, ¿se pueden apreciar mejoras en este ámbito?

Ignacio Gutiérrez de Terán: La celebración del Mundial ha estimulado la apertura de fronteras y Qatar se ha dado a conocer al resto de países. No obstante, sin las presiones externas y la obligación de responder a las críticas, posiblemente hubiera sido más complicado suprimir el sistema de la kafala. En la actualidad, la kafala no está vigente y hay una mayor sensibilidad hacia los derechos de los trabajadores, aunque las ONGs y las propias instituciones del Gobierno han denunciado que algunas empresas siguen practicando la kafala. Pero la mejora se puede apreciar e incluso ha hecho efecto dominó en Abu Dabi y Dubái, a una escala menor, claro.

¿No fue jugar con fuego apoyar a los Hermanos Musulmanes y a las Primaveras Árabes?

Ignacio Álvarez-Ossorio: Antes de que se produjeran las Primaveras Árabes, Qatar ya respaldaba a los Hermanos Musulmanes. En el 2011, los regímenes se tambalearon y pronosticaron que en el caso de producirse unas elecciones libres y transparentes, los Hermanos Musulmanes tenían muchas posibilidades de ganarlas. Entonces, mientras que el resto de países de la región respaldaban el mantenimiento de regímenes autoritarios (recordemos que Arabia Saudí hizo todo lo posible por sostener a Hosni Mubarak en Egipto y luego apoyó el golpe de Estado de al-Sisi contra el Gobierno que los Hermanos Musulmanes habían formado en Egipto), tanto Qatar como Turquía apostaron por los Hermanos Musulmanes. Aunque Qatar mostró una coherencia política, su apuesta fue demasiado arriesgada, incluso, vista en la distancia, fallida. Los Hermanos Musulmanes han sido expulsados del poder, bien por golpes de Estados militares, caso de Egipto, bien por golpes de Estados civiles, caso de Túnez; y los qataríes han pagado un elevado precio con el boicot de 2017. Desde entonces, se puede apreciar un cierto distanciamiento respecto a los Hermanos Musulmanes.

¿Cómo es actualmente la relación de Qatar con los Hermanos Musulmanes?

Ignacio Álvarez-Ossorio: No son tan fluidas como en el pasado. De hecho, en la intervención inaugural de las sesiones de la Asamblea General de la ONU, la delegación qatarí aseguró que ya no hay dirigentes de los Hermanos Musulmanes en su país, lo cual no es fácil de demostrar, pero sí muestra una clara tendencia a desligarse de ellos y una voluntad a restablecer puentes con Egipto.

¿Cómo ha gestionado Doha la pandemia?

Ignacio Gutiérrez de Terán: En Qatar se ha producido un hecho curioso: hubo muchos casos (en cifras porcentuales la región del golfo Arábigo se llevó la peor parte), pero el número de muertes fue muy bajo. Los trabajadores extranjeros, al vivir hacinados, sufrieron muchos contagios. Las autoridades implementaron una estrategia basada en cierres forzosos y medidas de distanciamiento social muy estrictas, y con ello consiguieron reducir el número de casos. Hasta donde sé, en enero y febrero, todavía se mantenía una normativa muy estricta para entrar al país. Lo sabemos por una alumna que viajó para asistir a un curso de entrenamiento de debates universitarios. Tuvo que ir con la vacuna puesta y una serología y una vez allí pasar 48 horas en aislamiento. Pero tuvo tan mala suerte que durante el vuelo cogió el virus y le tocó cumplir una cuarentena de 7 días, primero en un hotel y luego en un recinto habilitado por el Ministerio de Sanidad situado entre Doha y el aeropuerto, de donde no pudo salir. La normativa del país establece que, aunque ya no des positivo y si no eres residente en Qatar, debes regresar a tu lugar de origen. Así que mi alumna tuvo que volver, pero el curso también había terminado. Han aplicado estas medidas durante todo el proceso pandémico; ha sido drástico y efectivo.

Qatar es un país amigo de Estados Unidos y Europa, pero también lo es de China, Rusia e Irán. ¿En la coyuntura actual creen que Qatar se verá obligada a posicionarse?

Ignacio Álvarez-Ossorio: Qatar se ha decantado siempre por una política exterior multidireccional. Es consciente de sus limitaciones estratégicas, es un país pequeño con poca población, su seguridad depende del respaldo que una potencia les pueda proporcionar. Antes la seguridad se la garantizaban los británicos, desde los años 90 esta tarea ha recaído en Estados Unidos, que además cuenta con una base en Al Udeid cerca de Doha. Sin embargo, esta debilidad estructural no les impide mantener buenas relaciones con países alejados de la órbita occidental, como es el caso de Irán, con quien comparten el tercer pozo de gas más grande de todo el mundo. Son conscientes de que la unipolaridad llega a su fin y nuevos protagonistas, desde Asia sobre todo, están llamados a ser nuevas potencias. Por eso, en lo que respecta al gas, Qatar hace una distribución igualitaria: del total de gas extraído, un 50% va a parar a Occidente y el otro 50% a Asia. La seña de identidad de Qatar es esa actitud conciliadora que intenta mediar en los conflictos enquistados. De hecho, el 13 de octubre, el emir de Qatar, Tamim bin Hamad Al Thani, se reunió con Vladimir Putin y apeló a una solución pacífica del conflicto e hizo hincapié en la necesidad de mantener la integridad territorial ucraniana. Sin duda, esta equidistancia les ha generado muchos quebraderos de cabeza, pues en ciertas ocasiones les han exigido que tomaran un posicionamiento claro.

Estados Unidos está perdiendo influencia en la región arábiga, ¿qué papel puede jugar Qatar en esta nueva restructuración de poderes?

Ignacio Gutiérrez de Terán: Qatar se ha convertido en la puerta delantera frente a Riad, que, a mi parecer, está jugando con un diletantismo torpe. Quedó patente cuando comenzó la guerra en Ucrania. Arabia Saudí amenazó con alejarse de Occidente y apoyar las pretensiones de Rusia. Las presiones internacionales al final les obligaron a recular y mostrar su rechazo por la invasión. Ahora con el tema de los precios del petróleo, Arabia Saudí ha vuelto a mostrar las uñas.  En contraposición, Doha ha estado dispuesto a abastecer a Europa de gas licuado y, como mayor exportador de gas licuado del mundo, no solo venderá gas a los países necesitados, sino que también influirá en otros para que sigan su ejemplo. Ahora mismo hace de contrabalanza regional de Arabia Saudí e impide que la región entera vaya detrás de Riad. La polaridad creada por Qatar le permite desempeñar la política internacional que quiera porque Estados Unidos sabe perfectamente que Qatar va a cumplir una serie de compromisos.

Me vienen a la mente los casos recientes de Río de Janeiro y Tokio, ambas capitales albergaron grandes competiciones deportivas. Hicieron una gran inversión que no ha salido rentable, no han recuperado el dinero y las estructuras están abandonadas por completo. ¿No corre Doha el peligro de que suceda lo mismo?

Ignacio Gutiérrez de Terán: La inversión qatarí asciende a la cifra astronómica de los 220 000 millones de dólares, es decir, más de la mitad del PIB español, y 8 o 9 veces más que la inversión del país que más dinero ha gastado para un Mundial. No obstante, las inversiones se han producido en sectores estratégicos y las han hecho de tal modo que sean sostenibles y puedan ir sacándoles partido. Por ejemplo, la inversión que se hizo en el Aeropuerto Internacional de Hamad, le ha permitido a Qatar poner a su compañía aérea en el puesto de la tercera más grande que viaja a Asia. De tal manera que mucha de la gente que toma un vuelo desde Europa y Estados Unidos destino China o la India tiene que hacer escala en Qatar. Pero no se queda aquí la cosa, porque Doha quiere ser un puente y un lugar turístico. Por eso las inversiones del Mundial forman parte de un plan para convertir al emirato en un destino turístico de relieve. En lo referente a las estructuras deportivas, cuando termine el Mundial, Doha donará a los países en vías de desarrollo las estructuras para que puedan hacer sus propios estadios. No creo que a Qatar le suceda lo mismo que le ocurrió a Atenas o Río de Janeiro.

Ignacio Álvarez-Ossorio: Una de las prioridades de Qatar es diversificar su economía. Las previsiones establecen que aún les queda gas para 200 años al ritmo actual de extracción. El turismo es primordial para ellos, quieren que el turista se quede y disfrute, por ejemplo, de la oferta de museos recientemente construidos. Han invertido mucho dinero en la búsqueda de conocimiento, pero por desgracia los esfuerzos de la ex jequesa Moza bint Nasser al-Missned no son tan conocidos. Se ha apostado por la formación de las futuras generaciones y se ha creado un ecosistema intelectual rico para atraer talento internacional. Ahora mismo son destacables el campo de las tecnologías renovables y la medicina. La construcción de un centro oncológico con la tecnología más puntera pretende atraer un tipo de “turista sanitario”. Son proyectos a remarcar, aunque entiendo que no es lo mismo que hablar de derechos humanos y de la explotación de inmigrantes asiáticos.

¿Hubo fraude en el proceso de elección de Qatar como sede del Mundial de este año?

Ignacio Gutiérrez de Terán: Se abrió una investigación dentro de la FIFA, pero como era de esperar no llegó a conclusiones claras. Sospechamos que tanto en la FIFA como en el COI se han producido procesos sistemáticos de corrupción. El Informe García, realizado por Michael J. García, un exfiscal de Nueva York, que trató de esclarecer los hechos, concluyó que el sistema de elección empleado por la FIFA es poco transparente. La FIFA convocó un comité interno para analizar el informe, pero determinó que los agujeros que muestra el informe no eran tan graves y no requerían de medidas drásticas que exigieran cambios estructurales profundos. ¿Hubo compra de voluntades? Probablemente sí, pero es algo que se repite con otros países, parece habitual que en los procesos de selección un país que había votado por otro, en la siguiente ronda, cambie su votación. En el caso qatarí, la delegación estadounidense denuncia que hubo cambios muy forzados por parte de países africanos francófonos y la propia Francia. Se piensa que París pudo presionar al resto de delegaciones a cambiar la dirección del voto. En esos momentos Qatar estaba detrás del PSG y puede que esto haya influido. Pero no hay pruebas. Yo sí creo que hubo algo raro, pero también hay una campaña de acoso hacia Qatar, porque, repito, es una situación que ya ha ocurrido con otras candidaturas.