«Presentes» de Paco Cerdà
La nueva novela del periodista y escritor Paco Cerdà se titula «Presentes» (Alfaguara), una crónica de los nueve días en los que los falangistas transportaron a pie los restos mortales de José Antonio Primo de Rivera.
Texto: Guillem Borrero
Casi asusta pensar que Paco Cerdà todavía no tiene los 40 años, (con la mayor parte de su carrera literaria por delante), y ya ha escrito barbaridades del calibre de 14 de abril (Libros del asteroide), o la que nos ocupa, Presentes (Alfaguara).
Esta es una crónica de los nueve días que, en noviembre del 1939, el incipiente régimen franquista se tomó en transportar a pie, a ritmo de funeral, sobre hombros de centenares de falangistas, el ataúd con los restos mortales de José Antonio Primo de Rivera. Desde Alicante, hasta El Escorial, mausoleo imperial. Casi 500km. Durante el trayecto, una población tras otra salió a la calle en las madrugadas frías para aguardar y rendir tributo al que fuera fundador de la Falange. Hogueras, antorchas, arcos con su nombre, crespones negros y cruces gigantescas. Toda una panoplia fascista que hoy estremece.
¿En qué mentes fraguó la ocurrencia de elevar una caminante oda a la muerte a lo largo de media España calcinada? ¿Qué circunstancias macabras son precisas para que algo así suceda?
La lectura de Presentes nos permite adentrarnos (en ocasiones, demasiado) en el horror de sentir el espíritu de aquella época, acaso de atisbar su sentido, comprender por qué. Y restar atónitos. Porque el delirio debió de ser absoluto. Todo un país derrotado, postrado a punta de fusil, honrando la memoria de un líder de masas inventado que ya, por muerto, no puede proyectar su sombra sobre nadie.
Si uno, como español, lo piensa bien, algo le encaja. Esto solo podía ocurrir en el país del Quijote. Pero con una elemental salvedad. Una fanfarria de las tinieblas así solo podría armarla un país que ha leído mal el Quijote. Un país incapaz de la ironía. Un país esclavo del pensamiento monolítico combinado, fatalmente, con un romanticismo fanático.
Paco Cerdà corre un considerable riesgo escribiendo estas líneas, pues todavía existe ese país incapaz de las lecturas complejas y adicto a lo literalidad, que no la literatura. Bravo por su brillante valentía.