La escritora anglo-australiana debuta en la novela con “El diccionario de las palabras olvidadas” (Maeva), una encantadora historia sobre las voces perdidas del prestigioso diccionario Oxford.

Texto: Antonio ITURBE  Foto: Andree Goosen

 

“El diccionario de las palabras olvidadas” combina personajes y elementos de ficción con una documentada investigación sobre la elaboración del solemne Diccionario Oxford de la lengua inglesa. Pero, sobre todo, es una historia en torno a la importancia de las pequeñas voces ahogadas por el peso (masculino) de la historia. En una época de cambios vertiginosos como fue el final del siglo XIX, con un proceso tecnológico e industrial como nunca se había visto en la historia de la humanidad, una muchacha que perdió a su madre ve cómo trabaja su concienzudo padre con sus colegas lexicógrafos en la elaboración de fichas para el diccionario Oxford. Esos señores tan serios y racionales, desechan algunas fichas de palabras y otras las extravían sin darles importancia. Pero Esme tiene ve en esas palabras despreciadas un sentido y una importancia que a ellos les han pasado desapercibidos, así que decide crear su propio diccionario de palabras perdidas.

Pip Williams hasta ahora había escrito fundamentalmente artículos de viajes y poesía, Publicó  One Italian Summer, unas memorias sobre los viajes de su familia por Europa.

¿Cómo decides contar la historia del Diccionario Oxford desde la mirada marginal de una muchacha?

Era una forma de tratar de responder dos preguntas que surgieron después de leer un libro de no ficción sobre la elaboración del Oxford English Dictionary. Me di cuenta de que era un esfuerzo muy masculino y, de repente, tuve dudas sobre el sesgo que esto podría crear en nuestros diccionarios y nuestro idioma. Fue un shock mirar los diccionarios en mi estantería y darme cuenta de que no eran textos objetivos. Que las definiciones que sostuvieron fueron creadas originalmente por hombres privilegiados y educados, basadas en gran parte en la escritura de hombres privilegiados y educados. Las preguntas que esta historia trató de responder fueron estas: ¿las palabras significan cosas diferentes para hombres y mujeres? Si lo hacen, ¿es posible que se haya perdido algo en el esfuerzo por definirlas?

Los diccionarios han sido elaborados por hombres durante siglos. ¿Habrían tenido otros matices si las mujeres hubieran podido participar más?

Esa es la pregunta que explora mi historia y creo que la respuesta es sí. Pero no son solo las mujeres cuyo uso matizado de palabras ha sido omitido de los diccionarios, también son las personas de las primeras naciones, la clase trabajadora, los inmigrantes, las comunidades colonizadas y las personas de comunidades que no se identifican con la corriente principal. Históricamente, estas personas no han escrito los libros que se usan para definir nuestras palabras. Esto está cambiando, pero la inclusión de significados matizados de diversos grupos de personas debe ser consciente y deliberada.

El español es un idioma que marca mucho las palabras por género, no solo sustantivos sino también artículos y adjetivos. Hay algunas voces (todavía pocas) que piden un debate para plantearse cambiar la gramática e incluso el diccionario para conseguir palabras que no sean masculinas ni femeninas sino neutras. ¿El inglés también tiene problemas de inclusión de género?

A diferencia del español, el inglés no tiene una estructura gramatical de género. Si bien no hablo un idioma que no sea inglés con fluidez, he pasado tiempo aprendiendo español, francés e italiano. Su naturaleza de género es una curiosidad y recientemente me he preguntado cómo encaja esa estructura dentro de las culturas que adoptan la diversidad de género en sus comunidades. Lo que me queda claro después de escribir este libro es que el idioma, como la cultura, está en constante cambio. Evoluciona. Es una herramienta que usamos para expresarnos, y cuando falla, la adaptamos a nuestras necesidades.

Ahora nos creemos en un momento de gran agitación en este inicio del siglo XXI. ¿Fue el cambio del siglo XIX al siglo XX una época aún más agitada?

Es cierto que estamos viviendo un momento de gran agitación, pero no somos la primera generación en hacerlo. El comienzo del siglo XX fue un período extraordinario en nuestra historia que tiene paralelos con nuestro tiempo: la lucha por la igualdad de las mujeres; una guerra en Europa; la muerte de millones debido a una pandemia viral. Fue una época de enorme tragedia humana en una escala que aún no hemos igualado. Pero nuestra lucha por la igualdad de género, nuestra guerra en Europa y nuestra pandemia no han terminado. Y si continuamos ignorando la crisis climática que hemos creado, es probable que experimentemos una tragedia similar y por mucho más tiempo. Uno solo puede esperar que miremos las lecciones que ofrece la historia y prestemos atención.

 ¿Usted como escritora utiliza diccionarios o son reliquias del pasado?

Como escritora, uso diccionarios todo el tiempo. Pero soy consciente de que han de tratar de ponerse al día con el idioma de la gente, y que siempre habrá lagunas en el conocimiento que imparten.

Ha explicado que sufría de dislexia. ¿le causó un gran sufrimiento social?

Cuando era niña, mi dislexia era desconcertante, molesta, una fuente de humillaciones menores y castigos a la hora del almuerzo en la escuela cuando tenía que escribir listas de palabras mal escritas. Pero no fue una causa de sufrimiento social significativo porque la mayoría de los adultos que me rodeaban optaron por centrarse en lo que hacía bien y no en lo que hacía mal. De adulta, la veo como un regalo. La dislexia se caracteriza por un pensamiento innovador y creativo. He utilizado esta habilidad en mi trabajo como investigadora social, planificadora estratégica y ahora como novelista. No lo cambiaría por nada.

¿Cree que en nuestra sociedad de redes sociales le damos más importancia al embalaje de las palabras que a su significado profundo?

Como muchas herramientas, el lenguaje se puede usar para crear algo significativo o algo tosco. Creo que las redes sociales nos han desafiado a adaptar nuestro lenguaje, pero no creo que lo hayan disminuido. Se han dicho cosas hermosas y profundamente significativas en las redes sociales y estas han creado movimientos sociales que cambiarán nuestro mundo para mejor. Pero también es cierto que en las redes sociales se han dicho cosas superficiales, crueles y peligrosas que socavan y corroen. Lamentablemente, siempre ha sido así.

¿Qué ha aprendido al escribir esta historia donde las voces pequeñas son tan importantes?

He aprendido la importancia de mirar entre líneas y escuchar el silencio.