Philip Morris contra Uruguay: una historia de soberanía

El periodista uruguayo Emiliano Zecca relata la contienda entre la tabacalera Philip Morris y Uruguay en su libro «El humo, la patria o la tumba»(Random House). 

Texto: Ana Rodríguez Álvarez

 

Cuando era adolescente, mientras mis amigos escuchaban en sus casas la letanía «ni se te ocurra beber, ni se te ocurra fumar», mi padre me decía: «Fuma, bebe, haz todo lo que quieras. Pero sé responsable y, sobre todo, nunca cedas a la presión del grupo. No me voy a enfadar si te veo con un pitillo o bebiendo unas copas, pero no voy a soportar que lo hagas porque cedas ante los demás. Hazlo porque quieres».

Echando la vista atrás, me doy cuenta de que sus peculiares métodos pedagógicos fueron realmente buenos. Mi padre, un hombre criado en los cincuenta y sesenta en un país socialmente avanzado como Uruguay –tan distinto de la España de dictadura que lo había visto nacer–, sabía que pocas cosas son tan importantes como la propia soberanía. Él me enseñó que la libertad empieza en uno mismo y que, por mucho que nos presionen, hay que decir ‘no’ si esa es la respuesta que hemos elegido.

No ceder, resistir, aguantar el embate, ser libres.

 

El sábado terminé El humo, la patria o la tumba, el último libro del periodista uruguayo Emiliano Zecca. En él relata la contienda entre la tabacalera Philip Morris y Uruguay, un periplo que se inició en 2010 cuando, tras la aprobación de ciertas medidas antitabaco, la multinacional arrastró al paisito a un arbitraje que se prolongó durante años.

Cada vez que alguien me preguntaba en esos días qué estaba leyendo, se sorprendían del título: «¿La patria o la tumba? Un poco fuerte, ¿no?» –me llegaron a decir. Y entonces tenía que explicarles que era un guiño al himno uruguayo, al verso que clama «Orientales, la patria o la tumba». Después tenía que aclarar de dónde viene lo de orientales. Y así, una vez más, iba engarzando una explicación tras otra, cosa a la que estoy acostumbrada desde niña por vivir entre dos mundos: a usar el lenguaje para hacer desaparecer las distancias. A veces, para dinamitarlas.

 

Con una prosa transparente como el cristal de la ventana –eso diría Orwell–, Zecca no se limita a relatarnos el arbitraje, las audiencias, las declaraciones políticas, el desfile de abogados, de testigos expertos… No. Va más allá y nos cuenta parte de la historia del tabaco que, en el fondo, sea de forma activa o pasiva, es también nuestra propia historia. Quién podría decir que ninguno de sus recuerdos está asociado a un cigarrillo. Los míos desde luego lo están, a pesar de no haber sido nunca fumadora: el color rojo del paquete de tabaco de mi padre, las cajetillas de contrabando que se vendían por todo Vigo (¿quieres del normal o del de batea?), los pitillos a veinticinco pesetas que se conseguían de tapadillo en el kiosko pegado a mi colegio, los corrillos en el pasillo de la facultad durante mi primer año de carrera, cuando todavía se podía fumar dentro, el olor a humo en el pelo y en la ropa tras cada noche de fiesta. En ocasiones, incluso, la añoranza de ese olor cuando se aplicaron las leyes antitabaco: «Prefería el tabaco a este hedor a humanidad» –se escuchaba a altas horas de la madrugada en tantos bares de Compostela.

 

No entraré en muchos detalles de la obra, no porque el libro no lo merezca –al contrario–, sino porque no querría privar al lector de descubrirlos por sí mismo. Que cada uno busque, no sólo en sus palabras, sino también entre los huecos, en los silencios y en las entrelíneas: es ahí donde suele radicar el fondo de las cosas.

Sólo haré una excepción que me lleva hasta el laudo arbitral: Uruguay ganó a Philip Morris. Y la importancia de esa victoria no puede circunscribirse a una cuestión de salud pública. Obvio que a estas alturas nadie puede discutir que el tabaco es perjudicial y constituye la principal causa de muchas enfermedades graves. Pero este caso va más allá. Como en tantos otros pleitos, lo que se discutía tenía otro trasfondo: «No era un juicio solamente por dinero, porque la suma era irrisoria para la empresa. Philip Morris quería dar una señal». Uno de los testigos expertos de Uruguay, el Profesor Pereira Campos, dio en el clavo cuando señaló que lo relevante del asunto era la potestad de un Estado para definir las políticas de salud pública. En definitiva, se trataba de una cuestión de soberanía frente al enorme poder de las multinacionales «en un mundo donde el capital se presenta sin patria».

De nuevo, la soberanía: no ceder, resistir, aguantar el embate, ser libres.

 

La lucha de Uruguay contra Philip Morris nos habla de capitalismo, poder estatal, grandes corporaciones, salud pública, historia cultural y de tantos otros temas. Zecca los ha hilvanado a través de una obra que –como él mismo sostiene en relación a Seda, de Baricco– «no puede ser llamada novela ni cuento, porque cuando no hay palabras para decir las cosas las decimos con historias». Y esta es de las buenas.