Jorge Eduardo Benavides destila una elegancia tranquila, aunque bajo esa apariencia, palpita en sus libros una rabia por las injusticias sociales y por un país abandonado a la violencia y a la ruina, que es su Perú. En Alianza Editorial ha publicado recientemente la novela “Volver a Shangri-La”.

Texto: Susana PICOS  Foto: Asís G. AYERBE

 

Su último libro, Volver a Shangri-La (Alianza), es una novela intimista en la que una mujer cuenta su historia a su hija a la vez que le va mostrando las fotos de su infancia y juventud. Una mujer que no le hace reproches a la persona que la escucha, pero sí a la vida que le ha tocado vivir. Una mujer que nos recuerda a la Carmen Sotillo de Cinco Horas con Mario, quien, a través de la conversación con su marido muerto, nos explica sus vicisitudes y sus sueños rotos. Jorge Eduardo Benavides se mete en la piel de Mariana. Utiliza su voz para regresar y rememorar hechos y personas del pasado en busca de la comprensión, incluso del perdón, por las decisiones que ha tomado y que han marcado el futuro de su hija.

Si solo nos ciñésemos a resumir la historia de la novela en ese párrafo, omitiríamos una parte fundamental y que forma parte del ADN de la obra de Benavides: Perú. Hay que recordar que el escritor nació en Arequipa en 1964 y en 1991 se exilió a España, primero a Tenerife y después a Madrid. El abandono de su tierra, su casa y su familia está muy presente en su obra y también en Volver a Shangri-La, donde Mariana se marcha de Lima para progresar. Pero es en el recuerdo de ese Perú corrupto y desesperanzador que la obligó a marcharse donde Benavides deja aflorar esa rabia de forma más vehemente.

En Volver a Shangri-La lo retrata así: “El país era un caldero en el que hervía una queja perpetua a causa de la escasez, las huelgas enconadas de los profesores o las enfermeras o del poderoso sector bancario; los despidos intempestivos en fábricas y empresas que dejaban enjambres de desempleados que vagaban por las calles; las broncas manifestaciones y sus correspondientes cargas policiales que atufaban el aire más que con las irritantes bombas lacrimógenas con el azufre fidedigno de la indignación; el alza ya sin límite de los precios que hacían desechables los libros de contabilidad; la omnipresencia del dólar que desplazaba nuestra depauperada moneda nacional hasta para las compras más ínfimas, una chocolatina o un paquete de arroz. Y naturalmente la universidad no escapaba a aquel clima de malestar y desesperanza cotidiana bajo el que todos mostraban un semblante adusto, malhumorado, lleno de rabia e impotencia”.

Esa indignación por la precaria situación de la sociedad peruana es palpable desde la primera novela de Benavides, Los años inútiles, publicada en 2002, cuando ya residía en España. Con ella inició una trilogía policiaca que continuó al año siguiente con El año en que rompí contigo y se cerró en 2007 con Un millón de soles, en las que muestra un país desigual, decadente y sin escrúpulos.

Tras estas primeras obras, la carrera de Benavides emerge con fuerza, aunque anteriormente ya había publicado en Perú un libro de relatos, Cuentario y otros relatos. A partir de la trilogía, le siguen varios libros y premios, entre ellos el Tigre Juan o el Fernando Quiñones de Novela, que ganó en 2018 con la novela El asesinato de Laura Olivo, donde la historia del asesinato de una agente literaria le sirve para revelar las miserias del mundo del libro, un sector que conoce bien pues, a pesar de haber estudiado Derecho, siempre se ha dedicado al periodismo y a los talleres literarios.

La justicia, el exilio, la identidad… son temas centrales de la obra de Jorge Eduardo Benavides, al margen del género que elija para expresarlos. Y, como afirma su protagonista en su última novela: “Si uno puede sentir alegría por lo que ofrece el futuro también siente un amago de felicidad por el pasado que pudo ser futuro”.