Oxígeno

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Marta Jiménez Serrano
Alfaguara
150 págs. 18’90€
Hay novelas que te impulsan a abrir el navegador de tu ordenador y buscar más información del personaje protagonista, de la ciudad que aparece en la historia o de cómo se construían las pirámides. Tras leer la novela de Marta Jiménez Serrano, lo primero que harás será preguntarte por la última revisión de la caldera de gas de tu casa y, si no la has hecho hace poco, llamar al técnico inmediatamente.
La historia de Marta Jiménez Serrano podría resumirse en dos líneas: una mujer y su pareja intoxicados por monóxido de carbono por el mal funcionamiento de la caldera del piso que acaban de alquilar se salvan in extremis, pero eso sería demasiado simplista y sería cargarnos la profundidad de la novela.
Esa traumática experiencia personal es la base sobre la que Jiménez Serrano construye una narración en primera persona, donde llena los huecos de los momentos en los que estaba inconsciente con lo que le cuenta Juan, su pareja, el enfermero del SUMMA, el psicólogo o con informaciones periodísticas. Pero, sobre todo, aprovecha su caso para reflexionar sobre la vida y la muerte; trasladarnos su dolor y hacernos vivir en nuestras carnes sus secuelas, incluso, la incomprensión de muchas de las personas que la rodean con frases como “no es para tanto”, “yo también estoy mal”, “ya pasó”.
El problema de la vivienda planea en toda la trama. Marta no hubiera estado a punto de morir si el piso hubiera cumplido con la normativa, si se hubieran hecho los controles pertinentes, tanto de la inmobiliaria como de la compañía del gas y, por supuesto, de los dueños. La especulación y la falta de vivienda asequible convierte su búsqueda en un Vía crucis. Nos cuenta cómo vivían sus abuelas y cómo vive actualmente una mujer de treinta años. Asistimos a sus negociaciones con las inmobiliarias o con la arrendataria sin escrúpulos que manda un ramo de flores y piensa que de esa forma todo está solucionado y olvidado.
En 150 páginas, Jiménez Serrano nos hace partícipes de su historia y sufrimos con ella sus ataques de ansiedad, su miedo a dormir y su indignación e impotencia ante la negligencia y la avaricia. No necesita largas descripciones, con frases cortas y diálogos intercalados nos ofrece la escena completa de lo sucedido, desde la llegada al piso hasta lo que aconteció después. La sensación de que la muerte puede alcanzarnos en cualquier momento nos acompaña hasta el final del libro. Así que, no esperen: ¡Por favor, revisen sus calderas! Susana Picos




