¡Odio los prólogos!
El experto en literaturas de anticipación, Antonio Torrubia, tótem de la librería Gigamesh de Barcelona, es el prologuista de “Y entonces desperté”, la nueva novela de Malcolm Devlin que le da la vuelta y resucita el mortecino género zombi.

Texto: Antonio Torrubia
A ver, no odio leerlos, casi nunca, sólo cuando el prologuista te explica cosas que no te interesan para contextualizar la obra tratándote como si fueses lerdo, o cuando te destripa el argumento (vamos, que te hace spoilers de toda la trama y hasta del final). Pero no es este el momento ni el lugar donde contaros mis manías lectoras.
Odio escribir prólogos.
No, tampoco, me gusta bastante, sí, como es en el caso de este libro, pues he disfrutado de su lectura. Lo que odio es pensar cómo empezar a hablaros de una obra y no ser capaz de afrontarlo por su rareza, por no saber plasmar todo lo que pasa por mi cabeza sobre ella o cómo encararlo…
Entre el momento en que acabé de leer Y entonces desperté, traducida de manera magistral por María Pilar San Román, y el momento de ponerme a escribir el prólogo han pasado dos meses y un montón de cosas, pero igual mejor empiezo por contaros cómo hemos llegado hasta aquí.
La editora de Obscura, Aitziber, me escribió hace seis meses para comentarme que Job estaba a puntito de cerrar el trato para una novela corta de zombis, aunque no era de zombis, y quería que le escribiera el prólogo: And Then I Woke Up, de Malcolm Devlin.
En el inicio de la fiebre del género Z en literatura, leí Guerra Mundial Z de Max Brooks, Apocalipsis Z de Manel Loureiro, Los Caminantes −que incluye uno de mis primeros cameos literarios− de Carlos Sisí, y decenas de obras más que explotaban este subgénero del terror. Por destacar un par de libros de los inicios del boom de los redivivos en el mercado español, aparte de las ya mencionadas, os diría que Y pese a todo de Juan de Dios Garduño −con adaptación internacional a la gran pantalla− y la antología de Valdemar Gótica: La plaga de los zombis y otras historias de muertos vivientes −con relatos de Lovecraft, Lafcadio Hearn o Clark Ashton Smith− se cuentan entre mis favoritas. En unos años acabé bastante aburrido de novelas de zombis y sólo caían en mi pila algunas que huían de los clichés del género, como la también adaptada al cine The Girl with All the Gifts de Mike Carey −sí, en la portada de la edición en castellano, que está descatalogada, tuvieron a bien titularla Melanie, una novela de zombis, mostrando el secreto del misterioso título original−. O novelas como Vida y milagros de Stony Mayhall de Daryl Gregory, y La brigada de la muerte de Joseph D’Lacey.
En películas y series de televisión hay una gran presencia de muertos vivientes en los que vemos acción, humor, drama, terror y a veces, si lo hacen bien, todo al mismo tiempo. Aitz me comentó que lo que le gusta de la novela de Devlin es que probablemente se trate de uno de los narradores menos fiables que han caído en nuestras manos en mucho tiempo y, copio literalmente lo que me contestó al preguntarle por el libro:
«Muchas de las cosas que cuenta, ¡ni siquiera es culpa suya! El tono del protagonista, este hombre que estuvo infectado y ahora está curado, pero a la vez está dispuesto a ponerse en peligro otra vez por ayudar a alguien a quien apenas conoce… me encantó. Es lo que tú decías, empieza como Estamos todos de puta madre, pero poco a poco vas viendo las capas que hay por debajo y como lector te vas adentrando en el propio relato del que se habla en la novela, porque vas creyendo lo que ocurre, vas sintiendo la misma sensación de estar perdido que los personajes en su momento. Y tienes un nudo en el estómago porque sabes la gravedad de todo lo que narran. La desinformación, el boca a boca entre los infectados… es tan real que da miedo y parece que el formato de “así es como sucedió” te hace enfrentarte a cada versión con intriga.»
Marcheto, del blog Cuentos para Algernon, que se dedica desde hace más de una década a traducir relatos y compilarlos anualmente en antologías que no dejan de acumular premios, tradujo uno de los relatos del autor en 2022, de título Marzo, abril, mayo, y comentaba de Y entonces desperté: «No soy demasiado aficionada al subgénero zombi, pero Malcolm Devlin me parece un autor francamente interesante, de ahí que decidiera darle una oportunidad a leer esa novela corta, su obra más extensa hasta el momento. Y me alegro un montón, porque Malcolm da un original giro al género que me ha sorprendido y encantado. Como creo que se trata de uno de esos casos en los que cuanto menos se sepa del argumento mucho mejor, tan solo diré que, incluso aunque, al igual que me pasa a mí, ahora mismo no os apetezca demasiado leer historias de apocalipsis, epidemias y muertos vivientes, este libro acaba siendo algo muy distinto a todo eso, ofrece diversas lecturas e interpretaciones, y una interesante premisa que no podría estar más de actualidad. Y es apto incluso para estómagos sensibles. (…) Malcolm Devlin es el pseudónimo que el diseñador gráfico y escritor Vince Haig utiliza para firmar sus obras literarias. Malcolm, que aunque es inglés en la actualidad reside en Australia, empezó a publicar relatos en 2014, y desde entonces ya se han podido leer un par de docenas de cuentos suyos en diversas antologías y revistas —recopilados en su mayoría en dos colecciones: You Will Grow Into Them y Unexpected Places to Fall From, Unexpected Places to Land—, además de un par de novelas cortas, la última de las cuales, And Then I Woke Up, os recomendaba recientemente (…) El cuento March, April, May es su primera obra traducida al español, y me gustaría señalar que tal vez este relato no sea demasiado representativo de su obra, ya que aquí nos encontramos ante una historia de ciencia ficción pura y, aunque no sea la única que ha escrito, la mayor parte de sus cuentos son más oscuros y extraños, y encuadrables a la perfección en la categoría de literatura weird.»
Por último, al enterarme de quién se había encargado de la traducción y conocer a María Pilar San Román por sus trabajos en Agentes de Dreamland de Caitlín R. Kiernan, algunas de las recopilaciones de Ken Liu, El demonio de Próspero de K. J. Parker, o La saga de los niños descarriados de Seanan McGuire, sabía que el autor había tenido una suerte inmensa cayendo en el mercado español con una traducción, corrección y edición tan cuidada y 100% hecha por humanos… Algo obscuros, pero humanos >:)




