Norman Manea: “Para un refugiado vender el alma es un dilema ético”

El rumano Norman Manea publica la novela «La sombra exiliada« (Galaxia Gutenberg).

 

Texto: David VALIENTE

 

Una de las experiencias más difíciles de comprender (para las personas que no la han experimentan) y más dura de soportar (para aquellos que sí lo han sufrido en sus propias carnes) es, con poco margen de duda, el exilio. Exiliarse no es como viajar a un lugar exótico y apacible con la seguridad de que puedes regresar a las confortables paredes del hogar; el exilio obliga a tomar un tren (quien tiene suerte) y poner rumbo a cualquier lugar, muchas veces no prefijado, con la incertidumbre de si algún día podrás regresar con tus seres queridos. La vida de antes, los paisajes sentimentales de la niñez desparecen, se entumecen y poco a poco toman la forma de un pálido recuerdo.

Norman Manea sabe mucho sobre el exilio. Lleva casi cuarenta años fuera de su país de origen, Rumania, y al menos cuatro de ellos sin poder visitar Bucovina, la región de su nacimiento. Hace muy poco ha publicado La sombra exiliada (Galaxia Gutenberg), una novela compleja y profunda en la que narra las vicisitudes de un personaje (nunca hace referencia a su nombre, siempre es designado con apodos) decidido a abandonar su Rumania natal y emprender el camino al exilio; durante su travesía analiza sus propias emociones en países muy diferentes, a los que contempló cuando sus ojos tomaron consciencia. En La sombra exiliada, el aspirante al Premio Nobel de literatura también indaga en las relaciones familiares, sobre todo en las sinergias del protagonista con su medio hermana, una relación algo fuera de lo común y condenada por el estigma social a ser prófuga.

En paralelo rescata la figura del botánico y poeta Adelbert von Chamisso, exiliado en Prusia, que escribió el relato de otro exiliado, La maravillosa historia de Peter Schlemihl, analizada por Norman Manea. El texto que nos ofrece el autor rumano combina con maestría diferentes registros y tonos, que acentúan el dramatismo y la tensión de la trama.

¿En el ADN del ser humano está impregnado la cualidad de ser nómadas?

En el primer capítulo de mi libro La sombra exiliada, enfatizo en que el exilio comienza cuando somos expulsados del útero. Las madres, las abuelas, las bisabuelas, las tatarabuelas también experimentan este comienzo. El exilio está normalizado en nuestra historia, pero es un suceso poco habitual. Las personas prefieren la estabilidad que les ofrece su propio entorno, su idioma y su familia. De hecho, el desplazamiento, el extrañamiento o el exilio se producen por acontecimientos impredecibles y de ellos se han creado muchos relatos históricos y novelados. Bertolt Brecht escribió que el exilio es un momento de  “frenética dialéctica de cambio”. La historia de la humanidad se ha nutrido durante muchos años de constante movimiento de personas y, nuestro tiempo moderno, ha acelerado esta dinámica y la ha convertido en un evento planetario y constante.

A lo largo del relato, el protagonista de su libro recibe distintos apodos, pero nunca es nombrado por su propio nombre, ¿por qué?

Los apodos del protagonista muestran la condición fluida de su identidad, que se va ajustando a los cambios que se le imponen. Entonces, creí que esta condición del protagonista sería más expresiva estilísticamente por los continuos cambios en los motes, adaptados a las experiencias vitales que en ese momento estuviera viviendo. Además, esto me permitió agregar ironías y juegos de palabras.

¿Un inmigrante (refugiado), indefectiblemente, debe vender su alma al diablo?

En mi historia no sucede así, ni siquiera Chamisso lo hace, él solo vende su sombra pero no su alma. “Vender el alma” es un dilema ético, una decisión personal extrema muy adoptada en muchas obras literarias importantes. Nuestra situación actual ha acentuado las dinámicas de cambio, propiciando complicadas y profundas consecuencias. Por desgracia, nos debemos enfrentar a situaciones extremas de importantes efectos sociales.

El contexto internacional ha cambiado mucho desde la época de Adelbert von Chamisso, ¿ha cambiado en algo también para los exiliados?

La historia de Chamisso nos muestra el papel protagonista que tomó el dinero en las sociedades capitalistas: el Sr. John le explica a Peter Schlemihl que necesita un millón para ser considerado un ciudadano honorable. El actual capitalismo amplifica la velocidad y las dimensiones de los cambios, los exiliados entienden esta realidad, por eso hay esa obsesión con la evolución y el bienestar. Las consecuencias son visibles en todas partes.

Günther es un ferviente antifascista y anticomunista y está obsesionado con la culpa alemana. De todos es sabido que el movimiento colaboracionista estuvo muy extendido en los territorios donde se asentó el nazismo. En Rumania, hasta 1944 hubo un Gobierno afin al nazismo, liderado por Ion Antonescu. ¿Hay algo parecido a una ‘culpa rumana’? 

Günther es un rumano-alemán que se presenta como marxista y pertenece a un grupo de disidentes que critican las ambiguas posturas políticas asumidas por las autoridades nacionalcomunistas rumanas. El gobierno de Antonescu mantuvo su alianza con la Alemania nazi hasta el 1944; la derrota del ejército rumano en Stalingrado unos meses antes les empujó a buscar el amparo de la Unión Soviética antes de que la marea roja ocupara sus territorios. La ‘culpa rumana’ está relacionada principalmente con la alianza con el nazismo alemán, e incluso hoy hay debates sobre esa época.

Por desgracia, en España, hay unos pocos que siguen venerando a Franco y el discurso franquista y fascista cala, incluso, entre algunos jóvenes. ¿En Rumania pasa algo parecido con la figura de Nicolae Ceaușescu? 

Los últimos años del liderazgo de Ceaușescu fueron terribles desde el punto de vista político y económico, por lo que la nostalgia no es tan fuerte. A las generaciones que vivieron los años comunistas les costó mucho adaptarse al capitalismo agresivo, algunos de ellos buscaron un entorno social más estable. En cambio, las nuevas generaciones, como sucede en todas partes, están ajenas al pasado, se encuentran más preocupadas por las tensiones del presente. Es posible que exista una minoría que busque soluciones extremas, al igual que sucede en España.

En una entrevista dijo: “El proceso judicial contra Ceaușescu me decepcionó”. ¿Por qué?

Cuando Ceaușescu fue juzgado, la situación política del momento era confusa: se agilizó el procedimiento judicial, evitando complicaciones y dilaciones. El juicio no analizó la situación real del sistema político ni la ambigüedad de la dictadura socialista. Más bien fue un espectáculo, algo improvisado con una rápida condena a muerte. Un auténtico juicio debería haber implicado una acusación y una defensa detallada que hubieran revelado la esencia corrupta del sistema político. Eso no sucedió.

El protagonista de su novela es un judío que de niño fue deportado a un campo de concentración nazi. Sin embargo, su suplicio antisemita no termina dentro de las vallas de espinas de Transnistria, cuando sale al mundo comunista comprende que el antisemitismo sigue muy arraigado en la sociedad; ¿y ahora?

Por desgracia, el antisemitismo sigue vivo y activo en muchas partes del mundo. A la edad de cinco años, fui deportado a Transnistria junto a mi familia y toda la población judía de Bucovina; regresé a Rumania con los familiares supervivientes a la edad de nueve años. En el campo de concentración, experimenté todas las crueldades del antisemitismo rumano. Con el fin de la guerra, y tras un periodo breve de confusión y esperanza, vi como el nuevo nacionalismo recuperaba gradualmente el antisemitismo tradicional. Desalienta contemplar el resurgimiento de las feas manipulaciones y mentiras y que se ignore las raíces del odio,  la sangrienta realidad del Holocausto y los crímenes de tu propia patria. .

Su personaje es también definido en el libro como un refugiado. La actual crisis en Ucrania ha generado una oleada de refugiados europeos no recordada desde el conflicto de Yugoslavia. ¿Qué le parece la respuesta que está dando la Unión Europea a esta crisis? ¿No hay también una pizca de hipocresía? Gente de África, Medio Oriente y Asia llamaron (y siguen llamando) a nuestras puerta y les ignoramos en la mayoría de los casos.

La agresión rusa ha separado a este país del mundo europeo y libre y ha generado el peligro de que nuestro continente, pero no solo él, se pueda desestabilizar. Mi personaje expresa el drama de las personas que lo pierden todo y se ven marcadas por las habituales consecuencias del desplazamiento. Es todo un desafío comprender ese drama, pero la respuesta generosa de los europeos es una gran señal de solidaridad y, a su vez, una reacción normal a este tipo de situaciones trágicas. Huelga decir que la puerta tiene que estar abierta para todos. Sin embargo, podemos encontrar una explicación al fenómeno en los contrastes entre los países emisores y los receptores. Dichos contrastes se pueden superar a través de la evolución global progresiva.

Se habla muy poco en los medios de comunicación de la ayuda que Rumania está prestando a los refugiados ucranianos, pero verdaderamente está realizando un trabajo muy bueno. ¿Qué opinión tiene la sociedad rumana de lo que sucede en Ucrania? 

Rumania se localiza en la frontera con Ucrania y durante muchos años estuvo bajo el dominio soviético. Todavía hay recuerdos malos de aquella época y la guerra en Ucrania ha despertado el temor a una posible expansión del conflicto. Rumania no puede olvidar que en 1941 los rusos ocuparon partes de Bucovina incluida la capital, Cernowitz. El ‘hermano mayor’ obsesiona a los rumanos, que no olvidan a su vecino hostil e imperialista. Por eso, la solidaridad con el pueblo ucraniano debe entenderse como un gesto fraternal, normal, hacia una población agredida.