Nick Hornby hermana a “Dickens y Prince”

¿Qué tienen en común uno de los más grandes escritores ingleses del siglo XIX y uno de los más grandes artistas de la música popular del siglo XX y comienzos del XXI? A juicio de Hornby, entre otras cosas, “Un tipo de genio muy particular” (Anagrama).

Texto: Milo J. Krmpotic

 

En sus primeras dos obras, Fiebre en las gradas y Alta fidelidad, Nick Hornby exploró las posibilidades del fenómeno fan, primero en relación con el fútbol (de Dickens y Prince manera autobiográfica) y después con la música (de manera más camuflada y novelizada). Y, puesto que sirvieron para que obtuviera una fama tan notable como temprana, puesto que esa presencia del yo entusiasta como eje a partir del que se despliegan los textos ha sido una constante en su trayectoria ensayística, cuesta poco y nada aceptar la tesis de este libro, sobre todo si se parte de la obviedad de que no se pretende para nada académica, sobre todo (bis) porque se acaba desembocando en la constatación de que la boutade ha tenido bastante más recorrido de lo que se podía prever en un principio.

Hornby relaciona aquí a uno de sus escritores favoritos con uno de sus músicos predilectos. Es posible que, si nos ponemos a buscarlas, encontremos un número parecido de coincidencias entre Shakespeare y Springsteen (¡los apellidos de ambos comienzan por ‘S’!), o entre Cervantes y Rosalía, qué sé yo. Pero el mérito de este libro radica en que, 140 páginas después del razonable enarcamiento de cejas original, Hornby podrá presumir de haber convencido no ya a los fans de su estilo fan, sino al lector más pintado y escéptico.

A grandes trazos, he aquí las pruebas de la defensa, bastante resumidas para no fastidiarle a nadie el placer de la lectura (Hornby puede pecar de ombliguista, pero su profesionalidad y la gozosa amenidad de sus títulos están fuera de toda duda):

1) Tanto Dickens como Prince sufrieron infancias complicadas, marcadas por la pobreza y por sendos traumas. En el caso del primero, el encarcelamiento del padre, lo que dio con los huesos del pequeño Charles en una fábrica de betún durante el día y en una pensión, sin compañía familiar alguna, por las noches. En cuanto al segundo, el divorcio de sus progenitores y los abusos psicológicos que sufrió por parte de su padrastro.

2) Prince debutó a los 20 años con el álbum For You, pero su primer gran éxito llegó con 1999, a los 24… la misma edad que tenía Dickens cuando comenzó a vender 40 000 ejemplares mensuales de las entregas de Los papeles de Pickwick. Y el resto de esa década estuvo plagada de obras maestras en la trayectoria de ambos, desde Purple Rain y Sign O’The Times hasta Oliver Twist y La pequeña tienda de antigüedades.

3) Ambos se rigieron por una ética laboral que hubiera hecho palidecer a Alekséi Stajánov. Las novelas de Dickens suman cuatro millones de palabras (Hornby, que le ha sobrevivido ya en seis años, duda haber llegado a las 750 000), y a ello habría que sumarle su extensísima producción epistolar, su labor periodística, sus lecturas dramatizadas, etc. Prince, además de sus cuarenta discos de estudio, de sus colaboraciones, de sus conciertos y de sus conciertos post-concierto, dejó entre 5000 y 8000 temas inéditos.

4) Ambos se sintieron maltratados por la piratería, la ilegal en el caso del escritor (plagios, ediciones norteamericanas por las que no recibía derechos de autor…) y la legal en el caso del músico (fruto del famoso contrato con Warner Bros que le llevó a cambiarse de nombre y a aparecer en cierta ocasión con la palabra “slave”, esclavo, pintada en la mejilla).

5) La voracidad creativa del punto tercero se trasladó también al ámbito erótico-festivo. Dickens tuvo diez hijos con su esposa y al parecer sufrió el ataque definitivo en casa de una amante de 18 años. Respecto a Prince… bueno, digamos que su fama lúbrica parece haber estado justificadísima.

6) 58 años tenía Dickens en el momento de su fallecimiento y con 57 se fue Prince. El escritor aparentaba quince o veinte más y el músico, diez o quince menos, pero ahí se notó la diferencia de un siglo de avances entre ambos. En cualquier caso, los dos habían sufrido numerosos achaques relacionados con sus compulsiones.

7) Cierto es que la rareza del nombre de pila del uno y del apellido del otro ha ayudado, pero si tanto Prince como Dickens han entrado en la exclusiva categoría de artistas reconocibles e identificables sin necesidad de leer la totalidad de su DNI se debe a esa genialidad excesiva y desprejuiciada que compartieron.