«Los invisibles», la última novela de la escritora y cineasta argentina Lucía Puenzo publicada en nuestro país por la editorial Tusquets.

 

 

Texto: Bernardo GUTIÉRREZ  Foto: Laura ORTEGO

 

Lucía Puenzo (Buenos Aires, 1976) se mueve con soltura entre la literatura y el mundo audiovisual. Escribe novelas, dirige películas. Escribe guiones para largometrajes y series. Aunque sus primeras historias fueron dirigidas en versión cinematográfica por otras personas, en los últimos tiempos Lucía prefiere adaptar sus propios trabajos. En la actualidad, la escritora y cineasta está escribiendo la tercera temporada de La Jauría (filmada en Chile) y finaliza su largometraje Dive, entre otras cosas. Los Invisibles, su última novela (Tusquets), cuenta la historia de tres menores de edad que acaban siendo arrastrados hacia una red internacional de crimen organizado. Mientras asaltan chalets de lujo en una región recóndita de Uruguay con la muerte en los talones, el trío protagonista se debate entre miedos, dudas y arrepentimientos. Lucía responde a esta entrevista por correo electrónico.

Al leer Los Invisibles y la historia de los dos pequeños (Ajo y La Enana) e Ismael (ya adolescente) pensé que sonaba totalmente real. Me dije, ajá, ha investigado cómo niños que viven en las calles van entrando en la delincuencia. Después, averigüé que la historia te la contaron dos personas que la habían vivido de pequeños. ¿Hasta qué punto te ayudó para darle veracidad?

Sí, así es. Muchos años atrás, mientras estudiaba cine y letras, conocí a un grupito de niñas y niños de la calle que actuaron en el cortometraje de un amigo. Yo era la guionista de ese corto y dos de ellos, Ismael y Ajo, se acercaron para decirme que ellos tenían historias mucho mejores que esa que estábamos filmando. Les tomé el desafío: les propuse encontrarnos una vez por semana en el bar que estaba en la esquina de la universidad, para que ellos me contaran esas historias. Creí que los encuentros no iban a durar demasiado, pero ambos lo respetaron. Al año teníamos nuestro guión, que titulamos Los invisibles y que filmamos poco tiempo después. Nos hicimos muy amigos. Nunca me voy a olvidar ni de la escritura ni de ese rodaje, en el que entendí que además de escribir quería seguir dirigiendo mis historias.

Cuando el trío protagonista de la novela llega a Uruguay, a la región apartada donde les encargan robar en casas de lujo, la atmósfera cambia radicalmente. Podría ser una película coreana o anime japonés. ¿El efecto es premeditado?

Años después de filmar ese cortometraje tuve a mi hija Nina. Andaba con el cochecito por el barrio, recién parida. En esos día leí la noticia de unos policías que cruzaron a un grupito de chicos de la calle al Uruguay, y sin pensarlo empecé a escribir otra novela que unos meses después se transformó en Los invisibles. No tenía más que eso en la cabeza: una atmósfera, un puñado de datos de una noticia, dos niños entrañables a los que conocí de memoria, y un paisaje que conocía, porque también era el de mi propia niñez.

El tema niños y adolescentes abandonados, explotados o en dificultades es recurrente en tu obra. Impregna obras como El niño pez o La maldición de Jacinta Pichimahuida. Las inseguridades de la infancia están presentes en La furia de la langosta. ¿Por qué?

Hay veces que empiezo a escribir un cuento o relato literario o un guión con la intención de que un personaje (muchas veces adulto) sea el protagonista… Y después los personajes y el deambular de la escritura hacen lo que quieren con mis intenciones… Cuando eso pasa en general los protagonistas terminan siendo adolescentes, niñas o niños. Será que me divierten más, me intrigan más, me resultan más imprevisibles.

Los Invisibles nació como un cortometraje, tomó forma de novela y será un largometraje, en este caso, dirigida por otra persona. La pregunta parece casi obligada: ¿Cómo te enfrentas a una historia cuando aparece? ¿Te centras en redondear la historia narrativamente sin pensar en posibles formatos cinematográficos? ¿Sabes cuando escribes si será solo novela o si acabará siendo cine?

Lo único que tengo claro cuando escribo es si algo es literatura o si será algo que voy a filmar, yo o bien otra persona. Nunca dudo si eso que escribo es literatura o cine. Más allá de mis intenciones, en cada idea hay una fuerza que decide su dirección. En la literatura nunca sé que va a pasar más allá de la página que estoy escribiendo. Tengo algunas intuiciones, algunas ideas de para dónde ir, pero todo va apareciendo al escribir. En general paso muchos días jugando con las primeras páginas, hasta encontrar el tono, el ritmo, el punto de vista y la respiración de eso que tengo en las manos… Una vez que lo encuentro el resto sale de un tirón.

En tus novelas la psicología de los personajes está muy trabajada, se ve que escribes pensando en clave de novela. Sin embargo, algunas descripciones consiguen dibujar escenas y sensaciones con mucha agilidad, más cinematográficamente. Por ejemplo, los tres pequeños de Los Invisibles están en el bosque con un machete y se describen sonidos de animales y pájaros que vuelan con una eficiencia tal que parece cine. ¿Te es inevitable contagiar formas de contar historias de uno y otro formato?

Escribo con la cabeza llena de referencias del cine, y filmo con la cabeza llena de referencias literarias. Todo se mezcla, y me gusta escribir relatos literarios que el lector pueda ver frente a sus ojos.

¿Qué es lo que más te gusta de escribir novelas y qué limitaciones tiene? Y al contrario: ¿qué es lo que más te gusta de escribir cine y qué limitaciones tiene?

En la literatura no hay más limitaciones que el talento de quien escribe. Es puro derroche: podemos escribir superproducciones. En el cine (latinoamericano) es habitual que quienes escribimos seamos nuestros propios productores… ahí sí escribo pensando en sí podré filmar eso que estoy escribiendo. Pero realmente no lo vivo como una limitación sino como una condición inherente del cine con el que me eduqué y que todavía hoy filmo y escribo.

¿Qué novela de otra persona te gustaría adaptar al cine? ¿Y qué director/a te gustaría que adaptara una novela tuya?

La casa de las bellas durmientes, de Kawabata. Me encantaría filmar esa novela. Borgestein, de Sergio Bizzio. Ada o el Ardor, de Navokov. Podría pasarme un largo rato enumerando novelas que me encantaría filmar. Años atrás Leonardo Fabio me llamó para filmar La maldición de Jacinta Pichimahuida. Tuvimos algunas conversaciones, después enfermó y ese sueño ya no ocurrió.

Creo que en los últimos años hay cierta vuelta a la trama en la literatura que se publica. La historia prima sobre la meta literatura, la prosa poética o la memoria. ¿Estás de acuerdo? ¿Se te ocurre alguna explicación? ¿Tal vez ser por la influencia de las series, que suelen estar enfocadas en historias?

Depende qué literatura. Hay que saber buscar. Vivo con un lector voraz que es además un melómano hace más de veinte años (Sergio Bizzio) por lo que tengo la suerte de tener la mejor curaduría de literatura y música posible… a mis manos llega un gran libro atrás de otro. Y ambos le huimos a la literatura que es pura peripecia. Solamente leo libros que vienen recomendados.

Tú y otra argentina, Claudia Piñero, os movéis con comodidad entre la literatura y las series. Hay escritores que no acaban de considerar las series un género serio. ¿A qué se debe?

Hay series de todo tipo, como hay literatura y cine de todo tipo. Los prejuicios contra las series van siendo derribados con cada serie buena que aparece. Haneke, Bruno Dumont, Lucrecia Martel… Son muchxs lxs directores que juraban que no harían series y hoy fíjate que están escribiendo y dirigiendo. Me gustan las series de pocos capítulos que tienen una respiración cinematográfica.

Parece que Argentina tiene una receta de éxito para contar historias. En los últimos años, en la ficción literaria tenemos a Mariana Enríquez, Samanta Schewlin o Pedro Mairal (entre -muchos otros nombres). En el cine, Damián Szifron, Lucrecia Martel o vós misma (entre otros). Dale, comparte con los lectores de Líbrujula la receta argentina…

Escritores y directores buenos hay en todas las ciudades de Latinoamerica. Mis equipos de autores tienen una mezcla de chilenxs, bolivianxs, mexicanxs, argentinxs… En mi mesa de luz hay ahora mismo poesía cuentos y ensayos de varias nacionalidades… Por un lado están las modas, y los mitos… Sí es cierto desde ya que la Argentina tiene una larguísima tradición de buena literatura que todos conocemos. Buenas escuelas de cine, universidades, movida cultural, muchas editoriales independientes excelentes… Hay movida, y de esa movida salen buenxs escritores y directores.

Mariana Enríquez afirmó en una entrevista reciente que en estos tiempos tan convulsos el realismo es insuficiente para explicar la realidad. Por eso, ella defienda la ficción (incluso la fantástica) como una herramienta más apropiada para desentrañar la realidad. ¿Qué opinas al respecto?

Ahora mismo estoy por filmar una película (Los impactados) y escribiendo una serie (Futuro incierto) que me gusta definir como realismo futurista, porque no es ciencia ficción: el futuro más inquietante es el que ya llegó, es el que viviremos nosotros, el que vivirán nuestro hijos. Su tono, empujado por el viaje emocional de los personajes y no por la peripecia, las acerca a una película como Her de Spike Jonze o a Black Mirror o Exmachina… son historias que tienen lugar en mundos que podrían ser el nuestro… Pero alguien cambió algo de lugar y ya no lo son, como un cuento de Ray Bradbury. Tanto en los diálogos, como en la construcción de personajes, en la trama y en la atmósfera, me gustan esos sutiles corrimientos que arrancan la historia del realismo.