El catedrático Jeffrey Veidlinger publica en Galaxia Gutenberg «En el corazón de la Europa civilizada. Los pogromos de 1918 a 1921 y el comienzo del Holocausto«.

Cuatro supervivientes judíos del pogromo de Slovechno.

 

Texto: David VALIENTE

 

“¿La verdad? Fue difícil escribir este libro. Las vivencias que leí y escuché eran muy  dramáticas, la gente se suele centrar en detalles perturbadores. Me desgasta personalmente oír estas historias, pero creo que deben contarse”, comenta Jeffrey Veidlinger, desde Michigan, vía Google Meet. Jeffrey, catedrático de Historia y Estudios Judaicos en la Universidad de Michigan y ganador del National Jewish Book Award, el Bernard Hewitt Award, entro otros, ha publicado con Galaxia Gutenberg En el corazón de la Europa civilizada. Los pogromos de 1918 a 1921 y el comienzo del Holocausto, un magnífico ensayo que pone el foco en los pogromos acontecidos hace 100 años en una Ucrania sumida en los salvajes coletazos de la guerra civil rusa.

“Una deriva histórica muy común es considerar que el Holocausto se inició con la ascensión de Hitler al poder en 1933 y la persecución de los judíos dentro de la propia Alemania y en los territorios que conquistó el Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Pero algunos investigadores vemos una continuidad, sin disrupción, entre los acontecimientos de 1918-1921 y la ‘solución final’”, asegura Jeffrey, que no duda en calificar estos pogromos como genocidio: “Es cierto que hay algunos problemas con este término;  aunque basándonos en la definición oficial, es un genocidio”.

En el libro recoge una cita de Arnold Hillerson que, en referencia a la violencia contra los judíos desatada en Óvruch, dice así: “En este caso, el pogromo tuvo lugar bajo la consigna ‘golpeemos a los judíos porque son bolcheviques’, pero la actitud de las masas ucranianas hacia los judíos es tal que cualquier eslogan hubiera valido también para un pogromo”. ¿De dónde nacía ese odio a los judíos?

En la mentalidad de muchos ucranianos había un antisemitismo latente, y Arnold Hillerson lo sabía. Ucrania no era un caso particular, en muchas otras partes de Europa los judíos no eran bien recibidos. Sin embargo, en Ucrania, algunos políticos encendieron la llama y avivaron la violencia antisemita. La sociedad tenía prejuicios hacia los judíos y, sin duda, estaban dispuestos a creer todas las acusaciones que se vertían en su contra. Una de ellas, esa asociación ficticia entre los bolcheviques y los judíos, la instrumentalizó una élite temerosa de perder el poder. Por eso, y ante el avance del comunismo con su promesa de ‘pan, paz y tierra’, las élites tacharon ese eslogan de mendaz y ya de paso acusaron a los judíos de ladrones y mentirosos.

¿De dónde nace la asociación entre judíos y bolcheviques?

Algunos líderes comunistas, aunque a sí mismo no se consideraran judíos, contaban con ancestros que sí lo eran, por lo tanto el resto de personas los consideraron judíos. La figura más representativa de la revolución, quien fuera ministros de Asuntos Exteriores y dirigiera al Ejército rojo, León Trotski, es el ejemplo más claro. Las personas tomaron la imagen de unos cuantos líderes bolcheviques que eran judíos y la universalizaron; así, de pronto, transformaron a toda una comunidad en bolchevique.

La Rada Central de Ucrania aprobó la Ley de Autonomía Nacional que mejoraba la vida de los grupos étnicos en general y, muy en particular, de los judíos. Su libro muestra esta ambivalencia entre el Gobierno republicano y la sociedad. Partiendo de la idea de que los Gobiernos los conforman las personas, ¿cabe responsabilizar de algún modo a la República Popular Ucraniana y al Directorio por los pogromos?

No lo fueron. Los líderes de la Republica Popular Ucraniana apelaban a la multiculturalidad, al pluralismo y a la apertura de mentes, y sobre estos principios asentaron las bases de su Gobierno. Los judíos de todo el mundo se alegraron y se vieron representados en un Estado que les permitía ocupar altos cargos, les dotaba con un porcentaje anual del presupuesto estatal para sus escuelas y orfanatos y convertía al yiddish en una lengua oficial. Aunque se les culpó de los pogromos porque se produjeron bajo su jurisdicción, realmente no los promovieron.

¿Y qué me dice de Symon Petliura, primero secretario de Asuntos Militares y después presidente del Directorio de Ucrania?

A Petliura se le puede culpar de no haber hecho lo suficiente para frenar los pogromos, pero no de instigarlos, al menos no encontré ninguna evidencia de ello. El ejército había sido formado unas semanas antes del inicio de los pogromos y Petliura no supo controlarlo. Mantuvo una relación distante con los soldados, entre otras cosas, por la falta de disciplina y entrenamiento de los reclutas. Los soldados no sintonizaban con los ideales de la Republica Popular Ucraniana. Además, Petliura estaba en Kiev, lejos de los sucesos del frente, de algunas cosas no se enteró. En fin, podía haber hecho más por pararlo, pero no los incitó.

Comenta que los civiles ayudaron a los militares a extender la violencia contra la comunidad judía, ¿por qué?

Muchos judíos regentaban tiendas de manufacturas o primeras necesidades. Entonces, los campesinos, y hasta el propio ejército, si requerían de algo lo robaban en las tiendas de los judíos. El pillaje de dinero, zapatos o comida, para un judío, es también un pogromo. La otra razón, ya hicimos alusión a ella, es la acusación de que los judíos son bolcheviques. Con el paso del tiempo, esta asociación se asienta a nivel social y hace creer a las personas que los judíos van a quemar sus iglesias, robarles sus tierras…

¿Qué papel jugó la iglesia ortodoxa en los pogromos?

No hubo una respuesta unívoca. La iglesia ortodoxa tomó varias posiciones, dependiendo de la región. En algunos casos, el sacerdote toleraba la violencia, en otros frenaba los pogromos. Se podría asemejar a la responsabilidad de Petliura: no los hostigaron, pero podrían haber hecho más para detenerlos.

Su libro contrapone dos propuestas de gobernanza en Europa del Este: una de ellas, ya la hemos comentado, la representa la República Popular Ucraniana; la otra, una propuesta etnocentrista, encuentra su mayor defensor en el Gobierno polaco de Ignacy Jay Paderewski, ¿es así?

Sí, así es. Aun así en Polonia también existían voces que pedían un Estado más inclusivo; pero no las escucharon. En cierto modo, a causa de la historia geográfica de ambos países: mientras Ucrania formó parte de diferentes reinos e imperio y albergó una mayor variedad étnica, Polonia fue más homogénea. Hasta 1919, cuando se constituyen los dos nuevos países, no hay una percepción sobre lo condicionante que es la geografía.

En la guerra civil rusa, ¿en qué bando podía encontrarse más seguro un judío?

Al comienzo de la guerra, los judíos se encontraban por toda Ucrania. Unos se acercaron a los blancos porque creían que esta asociación les triaría orden y ley, otros se aproximaron a los bolcheviques en busca de la igualdad que propugnaban, y el resto se unieron a los polacos o los ucranianos según de qué nacionalidad se sintieran. El tiempo y los pogromos les obligaron a unirse al Ejército rojo, ya que los altos mandos prohibieron cualquier actividad violenta contra los judíos. Los bolcheviques fueron de pueblo en pueblo expulsando a los ejércitos rivales y atrayendo a las comunidades judías, quienes los consideran unos libertadores, a sus filas. Claro, esto hace que en el imaginario colectivo la asociación judío-bolchevique se intensifique.

Durante los pogromos, aconteció la Conferencia de Paz de París, ¿cuál fue la respuesta internacional a la violencia desmedida contra los judíos?

La comunidad internacional se tomó los pogromos muy en serio y el resultado de ello es que lograron convencer a Polonia y a Rumania de que dieran asilo y protección a las minorías judías que huían a estos países. La posibilidad de una intervención militar, a pesar de que había unidades militares en la zona, se descartó debido al temor a que la guerra se intensificara y se desatara más violencia antijudía.

Como ha cambiado Europa, ¿verdad? Hoy, hemos abierto los brazos a los refugiados ucranianos cuando hace 100 años hicimos todo lo contrario con los refugiados judíos.

Tiene que ver con quien controla el Gobierno. Ahora, Ucrania es un país democrático y occidentalizado, y nos vemos reflejados en los refugiados, ellos huyen de un país con ideales semejantes a los nuestros. En 1921 los Gobiernos europeos temían que los refugiados judíos fueran agentes de los bolcheviques y extendieran el comunismo a lo largo del continente.

¿Le parece adecuada la reacción que tuvo la Europa Occidental ante la crisis de refugiados judíos de los años 20 del siglo pasado?

Entre 1918 y 1919, se les permitió entrar en la mayoría de países, pero unos meses después la oposición a los refugiados tomó fuerza, alimentándose del cansancio de la gente. En 1923, la Unión Soviética ganó la guerra y, en respuesta, los movimientos antijudíos, que ya contaban con un peso importante, intentaron expulsar a los judíos de sus países.

¿Haría alguna crítica a los judíos que se encontraban en la diáspora?

No necesariamente. Debido a la guerra, los propios judíos no pudieron ir en auxilio de quienes se habían quedado en Ucrania. Acusaron a los polacos de algunos brotes de violencia antisemita, y, aunque ciertamente el Gobierno polaco hizo de las suyas contra las comunidades judías, los pogromos se deben analizar dentro de un contexto más amplio y con la guerra de fondo, ya que la situación era mucho más compleja. El asesinato de Petliura dejó a la vista este sesgo. La comunidad judía internacional justificó este asesinato porque estaban convencidos de la responsabilidad del presidente del Directorio en los pogromos, cuando no era así. Buscaron respuestas simples a los problemas.

¿Cree que la guerra que estamos viviendo ahora puede hacer que estos hechos históricos sean silenciados?

Los pogromos de 1918-1921 ya se han olvidado en Ucrania. De todos modos la guerra puede hacer que los ucranianos se den cuenta de lo compleja que es su historia. La gente comenzará a mirar con más detalle su pasado y tal vez lleguen a reconocer sus fallas, como en Estados Unidos estamos haciendo con nuestro pasado racial. Ucrania es un Estado nuevo que nace tras la descomposición de la URSS en 1991. En estos 30 años ha sufrido dos revoluciones, sigue aprendiendo de sí misma e intenta hacer las paces con su pasado conflictivo. Estados Unidos es un país estable y recién estamos cuestionando la historia y a nuestros héroes. Este es un proceso largo, debemos darles tiempo.

¿Y la guerra les puede ayudar en este proceso?

Es complicado hablar de un efecto positivo, pero la guerra va a enfrentar a los ucranianos con su pasado. La identidad ucraniana se está fortaleciendo, aunque esto iba a suceder con o sin guerra. De lo que sí estoy convencido es que Putin inició la invasión porque Ucrania estaba adoptando principios multiculturales y democráticos, peligrosos para él. La guerra, lejos de un intento de frenar la supuesta expansión fascista, es más una herramienta para evitar que en Rusia se propaguen los ideales adoptados por Ucrania.