El periodista Nadav Eyal publica «Revuelta. Desde las trincheras del levantamiento  mundial»  (Debate).

 

Texto: David VALIENTE

 

“La globalización es un constructo político diseñado por los occidentales después de la Segunda Guerra Mundial con la finalidad de ganar la Guerra Fría y crear prosperidad”, afirma Nadav Eyal a través de la pantalla del ordenador. En el momento de la entrevista, él se encontraba en su tierra natal, Israel, y nosotros en España. Hace apenas una década este tipo de comunicación hubiera sido imposible; para que nos hubiéramos podido reunir, o él tendría que haber tomado un avión para Madrid o nosotros tendríamos que haber hecho lo propio para llegar a Israel. Gracias a los avances y al progreso mayúsculo de estos últimos setenta años bajo el paraguas de la globalización, proezas tan superfluas a nuestro parecer son posibles. Su libro, Revuelta. Desde las trincheras del levantamiento  mundial, trata sobre los movimientos sociales que han intentado, en los últimos lustros, revertir esta tendencia globalista, mostrando un mensaje de apatía contra la pluralidad y la conectividad internacional. “En su diseño, la globalización no cuenta con las herramientas para sortear o solucionar las dificultades actuales y cada vez da muestras más claras de que es insostenible”, se lamenta Nadav, quien ejerce de periodista en el canal israelí Channel 13 y que gracias a su trabajo ha podido hablar con las personas que conforman esos grupos recalcitrantes. “Uno de los fallos que destacaría tiene que ver con la incapacidad que sigue demostrando la globalización a la hora de dar protagonismo a los países del cono sur, los acontecimientos recientes en Sri Lanka nos demuestran que el sistema no dinamiza la actividad de esos países”. En la antigua Ceilán, la crisis global agravada por la pandemia y la guerra en Ucrania, la falta de carburantes, las malas decisiones políticas en lo referente a la seguridad alimentaria, la cleptocracia y el nepotismo llevaron al pueblo a tomar el palacio presidencial y al gobernante de turno, Gotabaya Rajapaksa, a huir y refugiarse en las Maldivas. “No niego que la globalización tenga algo que ver en la crisis actual de Sri Lanka, pero la situación de caos y la crisis económica que están padeciendo tiene su origen mayormente en decisiones erróneas que se tomaron a nivel local”. “Con una globalización saneada y equitativa para todos los países, la crisis se hubiera prevenido”.

En su libro, Nadav Eyal toma como referencia del buen hacer sociopolítico a las personas que vivieron la “era de la responsabilidad”, un tiempo de mesura y relativa calma, que, atendiendo a las indicaciones cronológicas del autor, comprendería los años que transcurren desde el final de la Segunda Guerra Mundial y los atentados de las Torres Gemelas. “Estas generaciones fueron muy comedidas con sus actos, eran conscientes de que su capacidad de destruirse con armas convencionales y nucleares no había desaparecido. Por eso sostengo en el libro que es saludable tener miedo; creemos que nuestros retos pasan por el dominio de la inteligencia artificial, pero en realidad nuestro desafío es de nuevo que una tontería no nos aboque a una nueva guerra que aniquile a la humanidad”. Matiza: “Este libro lo escribí en 2018, antes de que comenzara la invasión en Ucrania. Por aquel entonces, los europeos no tenían en mente la posibilidad de que la guerra regresara a las puertas de Europa, pero así sucedió. Esto nos demuestra que en cualquier momento puede ocurrir una catástrofe de este tipo, la presión sobre el orden internacional va en aumento”.

La guerra es un tema de actualidad no analizado en el libro. En cambio, uno de los pilares principales del libro es la economía. Nadav se autodefine como socialdemócrata aunque considera la necesidad de una economía libre para que el crecimiento y el progreso no frenen su ritmo. Por su condición política ve que hay aspectos relacionados con lo económico que no funcionan y los núcleos de explotación son uno de esos puntos. Nadav alerta de lo peligrosos que resultan estos espacios donde la ausencia de los derechos de los trabajadores, la relajación fiscal o el bajo coste de las materias primas los convierten en nichos depredadores capitalistas. “El capitalismo es comparable a un huracán: busca estas áreas geográficas con flaquezas estructurales, los utiliza para después abandonarlos y seguir con su búsqueda”. Pero la buena noticia, así nos lo hace saber Nadav, es que las grandes multinacionales abandonan los núcleos de explotación porque su población se empodera, “se enfrenta a su situación, reclama derechos laborales; las personas empiezan a formarse, aprenden a leer y a escribir; y esta es una dinámica que se repite en todos los núcleos de explotación”.

“Parte del discurso marxista sobre la explotación capitalista está en lo cierto, aunque tampoco podemos olvidar que el libre mercado ha sacado a millones de personas de la pobreza total en Asia”, argumenta intentado mostrar que no simpatiza con aquellos que glorifican y demonizan por igual al sistema actual. “Estamos inmersos en un proceso dialéctico, en el libro lo dejo claro: nuestro sistema se debe mantener en pie, reformando los aspectos que se han demostrado obsoletos para que el progreso no cese”.

Nadav Eyal considera un error mirar los estadísticas del crecimiento promedio: “Cuando solo pones tu atención en las estadísticas, desde luego que vas a encontrar datos muy favorables relacionados con la disminución de la brecha entre ricos y pobres de los países asiáticos; por supuesto que fijándonos en las variables de crecimiento  España, México y Estados Unidos lo están haciendo muy bien. Sin embargo, estas estadísticas no explican el rechazo que la globalización suscita en los mineros de Pensilvania, por ejemplo”, asegura Nadav Eyal, que trató con ellos y presenció su descontento ante la falta de oportunidades de sus hijos. “Recuerdo que me dijeron que sus hijos eran tan inteligentes como los niños de Nueva York, pero en las grandes ciudades había grandes empresas tecnológicas y allí, no”. Por estas razones, Nadav defiende un mercado libre “con más impuestos”. “Los impuestos son una buena forma de corregir los fallos del sistema, además, a diferencia de lo que defienden los liberales, los impuestos han demostrado su capacidad a la hora de generar riqueza, pues obligas al inversor a invertir más dinero, en cambio, sin impuestos, el dinero se retira de la circulación”. Asimismo, Nadav Eyal critica duramente que las grandes multinacionales no paguen impuestos o paguen impuestos inferiores que el mediano o el pequeño comercio. “Por ejemplo, en Israel, Facebook vende anuncios a sus usuarios y como lo hace desde Irlanda no paga ningún impuesto, mientras que los anunciantes israelíes, con quienes compiten, sí los pagan. Esta situación hay que revertirla”, defiende Nadav, quien ve en las nuevas generaciones más compromiso para hacerlo. En cuestiones políticas, sostiene Eyal, los promedios de crecimiento no importan tanto, lo trascendental es el reparto de los beneficios y considera que “hay un mal reparto de la riqueza”. “Aquí encontramos uno de los puntos que debemos reformar del sistema”.

“Como periodista debo escuchar a los grupos marginados, conocer sus reivindicaciones para, de este modo, evitar que ciertos espectros del arco político se apoderen del sentimiento público”.  Eso intenta hacer la extrema derecha con su discurso populista y xenófobo que echa la culpa de las crisis a los agentes externos. “Sí, creo que deberíamos preocuparnos por el crecimiento de la extrema derecha, recordemos que en Europa ha ocupado puestos de poder, sobre todo en aquellos países que durante el periodo de entreguerras y durante la Segunda Guerra Mundial estuvieron bajo la influencia cultural y política del nazismo y el fascismo”. Por otro lado, prosigue Nadav Eyal, “se nos olvida que el viejo continente, a diferencia de su vecina rusa, alberga a una población homogénea, conformada por blancos cristianos”. Por su labor periodística, se vio en la obligación de hablar con neonazis: “Su discurso sonaba igual que el ideario de los viejos nazis, no encontraba diferencias salvo en su retórica. Para ellos, el Tercer Reich hizo bien en seleccionar a las personas normales, es decir, en excluir a los judíos, a los gays, a los gitanos, a los discapacitados y a los intelectuales marxistas del sistema social”.

Sin embargo, las continuas crisis financieras y la extrema derecha no son los únicos frentes que la globalización tiene abiertos. Nuestro planeta se calienta, la huella destructora del ser humano no deja de destruir ecosistemas y extinguir especies; estamos en lo alto de la pirámide y como faraones egipcios creemos que nuestras acciones no traerán consecuencias. Aunque en este punto, Nadav Eyal es bastante optimista y no duda de “la capacidad de la globalización para superar el reto climático”. “Es más, considero que la globalización es la única manera de hacerlo”. El capitalismo y la globalización comparten la característica de la eficiencia y si a esto le sumamos la cooperación de los países, las posibilidades de éxito crecen. “Asistí a la última conferencia del cambio climático en Glasgow. Allí conocí a un ministro de Papúa Nueva Guinea que me habló del interés nacional por dejar de talar árboles. La biodiversidad que presenta la región es muy exclusiva, sería grave que ese paraíso se perdiera. Entonces le pregunté que cuánto dinero necesitaban para hacerlo y él me respondió: un millón de dólares. Yo me quedé estupefacto y le pregunté: ‘¿Eso es todo?’. ‘Sí, eso es todo’, respondió”. Nadav reconoce que los países desarrollados, los cuales se deberían de encargar de reconstruir lo destruido por sus intereses, no han movido un dedo para crear un fondo común. “Es innegable que la cooperación hasta en asuntos climáticos ha fracasado. Pero deberíamos de preguntarnos, a las alturas que estamos del partido, qué tipo de globalización queremos porque no vamos a regresar a una economía agraria o a la industria casera de coser la ropa con hilo y aguja, eso no va a funcionar”.

El autor considera el tema de la inmigración especialmente delicado. “Si quieres saber mi posicionamiento, me gustaría que se produjera más migración, es algo sano para nuestras sociedades y economías”. Sin embargo, la inmigración acarrea problemas graves a nivel político. “Comprendo que la Unión Europea procure suplir su índice de fertilidad y las crisis económicas futuras con la llegada de inmigrantes, pero cuando la sociedad abre sus puertas se generan problemas culturales y nacionalistas. Antes de iniciar un proceso de apertura de fronteras masivas deberíamos sopesar la situación interna del país y, lo más importante, contar con la aceptación social y recurrir a las herramientas democráticas para consultar a la ciudadanía si está de acuerdo con ello”.

Otro de los aspectos a destacar de la actualidad es la posición ambigua que mantiene China respecto a la globalización: “China creció gracias a la apertura de Deng Xiaoping y de la globalización”, resalta Nadav, que advierte de la tendencia contraria que se aprecia en el país desde que Donald Trump empezó su guerra económica y la Covid apareció como un actor nuevo para los países desarrollados. “Salvando las distancias, pero parece que China compra algunos aspectos de la agenda de la extrema derecha, el Partido Comunista teme que la globalización se convierta en una amenaza para su ideario autoritario”. China nunca ha acatado todas las reglas del liberalismo económico, pero realmente ¿qué país lo hace? “No obstante, están dispuestos a entrar en el juego de la exportación y la importación y desean estar conectados”. “¿Si China es un país de peso a nivel mundial? No, aún no es un país crucial, pero tampoco sería una fuerza positiva para el mundo”.

Sin embargo, China no es el único peligro para los valores democráticos de Occidente, las democracias y los derechos humanos se ven amenazados por más países revisionistas. “Ucrania es una muestra de optimismo, si queremos que nuestro sistema sobreviva solo contamos con un camino: luchar por él”. Para el periodista de Channel 13, las revueltas de los países revisionistas no son per se una sublevación contra la globalización, en el fondo subyace una cruzada contra el progreso y los principios de la razón. “Las mentiras de Putin, su sistema de opresión y el renacer nacionalista ruso no tratan de derrumbar la globalización, sino el progreso”. Alexandr Duguin, el ideólogo de extrema derecha que inspira parte de la visión geopolítica de Putin “afirma que todo lo que es bueno es ruso y basa sus pensamientos en la tradición y en todo aquello que contradiga lo establecido por la ciencia”. Por ello, continúa el autor, “debemos entender el valor intrínseco de la verdad y no evitar la confrontación”. Su libro comienza con una cita de Frederick Douglass, liberto que luchó en Estados Unidos por suprimir la esclavitud, que dice así: “Si no hay lucha, no hay progreso” “Esta es la lección importante que debe aprender Occidente, creemos en la capacidad de nuestros sistemas de soportar cualquier envite por violento que sea, pero la realidad es que tenemos que luchar por nuestra forma de vida. Me entristece que la guerra nos haya obligado a darnos cuenta de ello”.

El nacionalismo gana puestos en los compromisos de los políticos, por eso su libro es un llamado a las armas: “El nacionalismo solo va a convertir nuestro mundo en un lugar más pobre y violento, no quiero ese futuro para mis hijos”. Nadav Eyal ve la solución en los políticos de toda la vida, en los moderados, da igual que sean progresistas o conservadores: “Veo un despertar del progresismo y el conservadurismo tradicional, junto a la reacción que se ha producido en Ucrania, podemos decir que existe la esperanza”. La misma expulsión de Boris Johnson es una buena noticia: “Le han expulsado sus propios compañeros de partido, aunque él no quería abandonar su cargo, le han obligado a ello en cuanto vieron que tendía hacia el radicalismo”. “Hay un renacer de la política tradicional, las discusiones se alejan del populismo, el racismo y el militarismo; podrán tener diferencias, pero al final se llegaran a acuerdos”.