El escritor italiano Nicola Lagioia narra en “La ciudad de los vivos” la historia de no ficción del homicidio del joven romano Luca Varani.

Nicola Lagioia

 

Texto: Susana PICOS

 

Luca Varani era un joven de 23 años, hijo de un vendedor ambulante de la periferia de la ciudad de Roma, que la madrugada del 4 al 5 de marzo de 2016 fue asesinado en un piso por dos jóvenes de buena familia que tras varios días de fiesta con drogas y alcohol le llamaron para participar en un trío sexual. Lo torturaron y lo mataron golpeándolo con un martillo y al día siguiente se entregaron a la policía. Esta noticia que convulsionó la sociedad romana, hizo mella en el periodista y escritor Nicola Lagioia que quiso entender cómo dos jóvenes llegan a cometer tal atrocidad.

El resultado ha sido la novela La ciudad de los vivos que publica en España Literatura Random House, donde Lagioia, ganador del Premio Strega y director del Salón del Libro de Turín, ha escrito una historia literaria basada en hechos reales que nos plantea varios interrogantes sobre nuestra sociedad y nuestros valores como seres humanos.

 

Vd escribe sobre un hecho real: el asesinato de Luca Varani. ¿Qué es lo que le lleva a descartar la crónica para embarcarse en una novela?

La ciudad de los vivos es un libro de difícil clasificación. Podríamos decir que es una novela; una obra literaria que renuncia a la ficción. La obra literaria a diferencia del reportaje te permite indagar, por su estructura dramatúrgica y por el lenguaje, en el componente emotivo del homicidio. La implicación emocional de la voz del narrador posibilita entrar en la vida de los personajes para no solo explicar el qué sino también entender el porqué.

¿Cuántos años estuvo trabajando en este caso?

Estuve cuatro años dedicado a este libro. En ese tiempo escribí, leí las actas judiciales…y también conocí a las personas de este caso, por ejemplo, a los familiares de Luca Varani, la víctima, o por correspondencia al propio Manuel Foffo.

¿Llegó a comprender el porqué del asesinato?

El libro no pretende en ningún caso dar respuestas definitivas a lo que sucedió, más bien lanzo hipótesis. Una buena obra literaria no debe dar respuestas definitivas sino plantear las preguntas adecuadas para que después el lector en plena libertad pueda interpretar lo que sucedió. Yo intento dar algunas hipótesis sin contar con un 100% de certidumbre sobre lo que les pudo pasar a los asesinos por la cabeza. Lo que sí está claro es que si no se hubieran conocido nada de esto habría pasado. No son dos criminales profesionales ni tienen antecedentes policiales. Son dos personas, y ahí viene seguramente uno de los aspectos más inquietantes de este caso, normales o que se consideran normales. De hecho, ellos mismos se sorprenden. Si una semana antes les hubieran dicho lo que iba a suceder no se lo hubieran creído.

¿Cuáles fueron los detonantes de esta tragedia?

El primer aspecto fue el de conocerse, que resultó ser fatal. Entre ellos se creó una relación muy íntima que sacó de cada uno lo peor. Jugaron con fuego, arriesgaron mucho y se metieron noche tras noche en una situación cada vez más peligrosa Fueron muy imprudentes durante días. A pesar de ser dos personas muy diferentes: tendríamos a un Marco Pratto brillante, histriónico, y a Manuel  Foffo quizá más tímido y taciturno, les une el hecho de que ambos son bastante racistas y están bastante solos y, sobre todo, son narcisistas. Tienen interés en sí mismos; les cuesta reconocer a los demás, piensan constantemente en sus propios problemas y dificultades. La soledad en la que están, de alguna manera, es consecuencia de ese narcisismo desesperado. Si a eso le añadimos las drogas, el hecho de que ninguno de los dos sabe qué hacer con su vida ni con su futuro, el resultado es una combinación de elementos que  por sí solos no serían suficientes para llegar a cometer un homicidio, pero todos juntos acaban desencadenando en el asesinato de Luca.

En un momento dado en la novela dice que no son monstruos, que han hecho una monstruosidad.

Básicamente nadie es un monstruo, somos todos humanos. Sí que es cierto que cuando hay algún hecho muy grave, como cuando alguien se mancha las manos en un acto tan terrible, tendemos a decir que son monstruos. Es como para determinar que son una especie distinta, como si no tuvieran ni cabeza ni dos brazos ni dos piernas. No pueden ser como nosotros porque han hecho algo horrible. Somos criaturas complejas, como tales, Pratto y Foffo pueden tener puntualmente sus sentimientos, querer a las personas que les rodean y mostrarse amables y simpáticos si hace falta y también cometer un acto terrible. Todo esto puede convivir en un mismo ser humano porque somos complejos, somos contradictorios. Retomando la primera pregunta es lo que también la literatura intenta capturar a la hora de explicar episodios trágicos

Habla del miedo que tenemos de ser víctimas por azar, como le ha pasado a Luca Varani, pero ¿podríamos ser verdugos?

Es muy difícil que lleguemos a ser asesinos. De hecho, es de lo más improbable. Yo nunca pensaría algo así. Ahora bien, sin necesidad de llegar a ser asesinos, por el simple hecho de existir nos equivocamos, cometemos errores, podemos hacer daño a los demás y eso sin evocar episodios extremos como los que se narran en este libro. Vivimos en un clima cultural que nos hace casi imposible admitir que nosotros somos capaces de hacer mal a los demás. El mundo actual es muy polarizado: somos víctimas o somos verdugos y en medio parece que no haya nada cuando es en medio justamente donde se encuentra la humanidad. Somos frágiles, somos contradictorios, somos complejos. Causamos mal y, a veces, ese mal que causamos puede ser porque queremos o a veces puede ser por superficialidad. Si lo admitiésemos de una vez tendríamos una visión más realista de quiénes somos. Si nos imaginamos puros y buenos, y que nunca nos equivocamos, estamos eludiendo que el que mata también forma parte de nuestra especie. Si somos conscientes de que podemos hacer mal, seguramente cuando lo hagamos nos daremos cuenta y admitiéndolo podremos quizás controlarlo un poco más. Somos imperfectos y esa, quizás, es la idea que nos tendríamos que quedar.

Cuando en la novela se descubre que Luca Varani tiene un lado oscuro, que no es ese chico bueno que tiene novia y trabaja en un taller, alguna gente considera que a lo mejor se merecía lo que le ha ocurrido. ¿Hay víctimas de primera y segunda categoría?

No. Varani no deja de ser una persona inocente que entra en ese piso en el momento equivocado y sin sospechar nada de lo que le va a ocurrir a pesar de tener esa doble vida. En cambio, los que pasaron antes que él por el piso ya sospecharon y vieron algo raro en Marco y Manuel.  Es cierto que hubo gente que conectó el hecho de que se prostituyese con lo que le ocurrió porque eso les consuela, así piensan que no murió por el azar sino porque se prostituía y se engañan pensando que “como nosotros no nos prostituimos no nos va a pasar nunca una cosa igual.”  Pero no va por aquí la cosa, simplemente fue un hecho de muy mala suerte y eso nos puede pasar a todos, lo que obviamente nos da mucho miedo

La ciudad de Roma es también protagonista de la novela. Nos presenta una Roma caótica, sucia, corrupta. ¿Ese ambiente puede propiciar que se produzcan casos como este?

Roma es caótica, sucia, pero también es maravillosa. Es de los lugares donde hay mayor concentración de arte en menor espacio. Convive lo más bonito con lo más feo. Si nos fijamos desde un punto de vista estadístico no deja de ser una ciudad relativamente tranquila en cuanto a homicidios. El número de asesinatos respecto al número de habitantes al año son pocos comparados con otras capitales más violentas como podrían ser Bruselas, Londres o París. Roma no influye para que ocurran actos terribles, pero sí influye en el carácter de las personas, en la manera cómo se relacionan, cómo se comportan, cómo actúan. En los personajes de Marco, Foffo y Alex sí que se nota un poco la huella de la ciudad, se respira que los personajes son típicamente romanos.

Nos cuenta que Roma es una de las ciudades donde el paso del tiempo es más evidente porque en cualquier rincón se puede encontrar un objeto artístico que nos lleva a otra civilización, a una cultura que no existe, pero ¿el ciudadano romano es consciente de ese paso del tiempo?

Eso me recuerda un poco a la historia del pez que no sabe qué es el agua porque está sumergido en ella.  Es cierto que cuando llevas un tiempo viviendo en Roma te acostumbras, y a lo mejor no te das cuenta que estás pasando a diario por un museo al aire libre, pero Roma tiene un carácter fuerte y eso se percibe. Se dice de Roma que es la ciudad eterna, pero yo en cambio pienso lo contrario. No hay ciudad como Roma que te transmita precisamente el paso del tiempo, en el sentido de que nada es eterno,  que todos estamos de paso y que todo es transitorio, que nadie está en el centro del universo básicamente porque el centro del universo no existe. Este mensaje solo lo pueden transmitir ciudades con una historia tan larga y tan antigua a las espaldas como Roma, por la que han pasado emperadores, papas, dictadores. Es interesante que esta ciudad, con esta atmósfera donde se sabe que nada es eterno y todo se termina, coexista con la Ciudad del Vaticano, donde la cuestión de la eternidad es fundamental.

En la novela aparecen muchísimas voces que van complementando la historia, ¿fue una decisión del yo periodista o del yo escritor?

Del yo escritor. Hay una vertiente de cronista en la organización de la información, pero la novela se estructura de forma muy literaria.

La historia es muy dramática, pero incluye algunos toques de humor, por ejemplo cuando los carabinieri van a buscar el cuerpo y se equivocan de puerta en el bloque, ¿no le preocupó restar dramatismo o banalizar la historia?  

De alguna manera todo se puede llegar a banalizar, incluso la historia más excepcional si no se explica bien puede caer en la banalidad. Pero esto no ocurre cuando tú sientes dentro la historia, cuando puedes incluso ponerte en lugar de los protagonistas. La atención al detalle y la implicación emotiva es fundamental en literatura.

En la novela hay un personaje, un turista holandés que no tiene que ver con la trama principal, pero con el que empieza el libro y lo termina, ¿por qué tanto protagonismo?

Necesitaba una mirada externa sobre la ciudad. No solo quería reflejarla desde dentro sino también desde fuera, y además quería que esa mirada fuera la de un depredador. Y justamente ese turista holandés es un depredador y también un verdugo. Ese es el segundo motivo: quería poner enfrente dos tipos de verdugo. El turista holandés es consciente del mal que está haciendo, es un pedófilo. Marco Pratto y Manuel Fofoo podrían ser una nueva especie de culpables, porque no son conscientes de lo que hacen hasta que no llegan a hacerlo. No eluden la justicia ni actúan a escondidas, de hecho, al día siguiente se entregan a la policía y son incapaces de explicar porqué han asesinado. Esa falta de conciencia hace que todo sea más inquietante.

¿En la novela se hace justicia?

Habría que hablar de sobre qué entendemos por justicia.  Si entendemos por justicia que se castigue a los culpables del homicidio, entonces sí que ha habido justicia, porque uno está en la cárcel condenado a 30 años y el otro, Marco Pratto, se suicidó. Si esta justicia es suficiente, si es una solución efectiva, seguramente tendríamos dudas. Por ejemplo, las tres familias nunca llegaron a comunicarse. El padre de Luca Varani ha lamentado que no le llamaran para pedirle perdón. Yo tampoco voy a entrar a juzgar esto ni mucho menos, porque realmente hace falta mucho valor para levantar el teléfono y llamar. Pensemos que esa familia también ha perdido a un hijo. Las tres familias han sido golpeadas por la tragedia y acaban quedando solas.