«Estoy solo», de Mbarek Ould Beyrouk, cuenta la historia de un hombre que se esconde de la barbarie yihadista en la casa de su antiguo amor.

Texto: David VALIENTE  

 

Hasta la publicación de Estoy solo de Mbarek Ould Beyrouk (Atar, 1957), el mercado editorial había ignorado la literatura mauritana. Proyectos independientes, como la Colección de Libros (adscrito a la editorial Las Malas Compañías) que apadrina a este príncipe de las letras mauritanas en España, vienen a enseñar a las grandes marcas que la literatura genuinamente africana despierta el interés de un público sediento de saber sobre todo lo que le rodea o le interpelaba en el pasado. Y esta situación resulta paradójica, máxime por las relaciones histórico-geográficas que tenemos con el país del Sahel y las intensas relaciones comerciales que nos unen a través de las Islas Canarias; nuestro interés por Mauritania no debería pasarnos de refilón.

Estoy solo cuenta la historia de un hombre que se esconde de la barbarie yihadista en la casa de su antiguo amor, a la que abandonó por otra chica que le ayudó a obtener más notoriedad pública. Durante el tiempo que se encuentra encerrado entre esas cuatro paredes, reflexiona sobre su vida: su pasado, su presente y, por supuesto, su incierto futuro; las emociones humanas, la barbarie y la desdicha de quienes abrazan el terrorismo yihadista y soportan la represión de estos en sus propias carnes. El libro se compone del monólogo de un personaje sin nombre: “El narrador no es nadie, tan solo representa el terror que viven miles de personas; el narrador lleva el nombre de todos ellos y, en cierto modo, él es ellos”, responde Beyrouk, autor del libro, a un cuestionario que le hemos hecho llegar por correo.

Beyrouk actualmente funge de consultor de Asuntos Culturales del presidente de la República Islámica de Mauritania. La creación del primer periódico independiente, Mauritanie Demain, le convierte en un pionero del mundo periodístico. Por sus hazañas en este campo, recibió en 2006 la membresía de la Alta Autoridad de la Prensa y del Sector Audiovisual. Ha publicado seis novelas y una compilación de cuentos. Estoy solo es su primera obra traducida al español de la mano de Alejandro de los Santos, y fue en 2019 con el Premio Ahmed Baba.

En su juventud, el monologuista de la novela se rodeó de malas  compañías y tomó un camino turbio, hasta que accedió al mundo del periodismo y comenzó a colaborar en asuntos estatales, que le otorgaron beneficios económicos ilícitos. Este tipo de corrupción a simple vista, y desde una postura ética, podría conectar con los elementos más visibles del yihadismo. Sin embargo, Beyrouk niega este tipo de conexiones: “El yihadismo es un fenómeno ultraviolento que arruina a las sociedades, a los individuos y sus libertades; en cambio, no hay sociedad que escape de la corrupción, y aunque esta pueda generar extremismo, el yihadismo es un tipo de corrupción del espíritu. No ricemos más el rizo”.

El protagonista no habla en voz alta, no hace ningún ruido, nadie puede saber que se encuentra escondido en la casa asignada a su ex novia, Nehza, a quien acudió en busca de refugio. De su silencio depende su seguridad. Por lo tanto, recurre al monólogo interior y lo alterna con breves retazos de la historia del Santo Nacereddine. Nacereddine fue un hombre santo, con una extraña sensibilidad beatica. Su actividad piadosa, en los tiempos que corren, puede ser malinterpretada, por eso, el autor de Estoy solo, la desvincula también de cualquier conexión con el yihadismo que azota el Sahel: “A primera vista, se aprecian similitudes entre el yihadismo actual y el intento de Nacereddine de crear un Estado religioso mediante la fuerza y el terror. Pero no olvidemos lo diferente del contexto. Nacereddine quería, personalmente, inspirarse en lo divino. Y su preocupación fue imponer su ley en el Sahara y en las orillas del río Senegal, prohibir la esclavitud transatlántica y expulsar a los franceses de San Luis de Senegal”.

En la actualidad y desde 2011 (año en el que se produjo el último atentado terrorista), “podemos asegurar que no hay presencia terrorista en Mauritania. Somos el único Estado del Sahel que ha conseguido frenar este fenómeno hasta ahora”, afirma Beyrouk. Los servicios secretos estadounidenses desclasificaron una carta dirigida a Osama Bin Laden y escrita por los cabecillas de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), en la que pedían al fundador del grupo terrorista permiso para llegar a un acuerdo de no agresión con Mauritania, y así emplear los desiertos mauritanos como bases tácticas y desplegar su potencial armamentístico en el país vecino, Argelia. Pocos se han atrevido a desmentir o confirmar esta información que permanece en el limbo. Lo cierto, es que tras las primeras incursiones de AQMI en suelo mauritano en el 2005, el gasto en defensa se incrementó de 24 millones a 37 millones en 2020. Los cuerpos de seguridad han recibido el apoyo de Estados Unidos, Europa y la OTAN. Da la sensación de que Beyrouk habla en su libro de la ayuda internacional con cierta amargura. Aunque no la considera un caramelo envenenado, “a veces oculta la negación o el fracaso del Estado para llevar a cabo las reformas necesarias para mejorar la situación social de los pobres”.

Mauritania es el prototipo de país en vías de desarrollo: “Las tradiciones tribales son a veces antinómicas al Estado moderno”. De ahí que, prosigue Beyrouk, “algunas personas reaccionan fuertemente contra ciertos aspectos de la modernidad”, conduciendo, en ocasiones, “a ciertas derivas yihadistas”. Sucede que las ciudades son vistas como babilonias, donde los gobernantes plantan las semillas de la corrupción y el libertinaje y los ciudadanos se encargan de su germinación mediante sus artimañas que descuidan las virtudes primitivas: “a veces existe un profundo abismo entre la tradición y la modernidad”. Sin embargo, hay soluciones para estos males y quienes más contribuyen en la realización de este proceso de síntesis son los jefes tribales que, lejos de lo que nuestra mente puede imaginar, “suelen convertirse en eficaces agentes del poder”.

De todos modos, la propia sociedad estimula las nuevas tendencias. Por ejemplo. El protagonista hace continuas referencias a su falta de heroísmo. En la tradición literaria mauritana el héroe dispone de un sitio especial: “tanto los primeros musulmanes como los guerreros tribales son celebrados en cuentos y relatos infantiles”. No obstante, la modernidad no difumina la imagen del héroe, sino que la muta; los héroes de la juventud mauritana montan espectaculares deportivos en vez de camellos y han dejado el turbante en casa para cubrir exclusivamente sus ojos con gafas de sol. “Hoy en día los héroes pueden ser los personajes de las películas de Hollywood”, afirma Beyrouk.

En una segunda parte del cuestionario, le hemos preguntado a Beyrouk por algunos acontecimientos internacionales recientes. Entre ellos se encuentra la apoteósica salida de los Estados Unidos de Afganistán y el regreso de los talibanes a las instituciones. Aunque ahora mismo Mauritania sea un país libre de yihadismo, en su momento también sufrió esta lacra y en la memoria de la sociedad vive el recuerdo de aquellos años turbios. Beyrouk matiza que el yihadismo que asola al Sahel con pretensiones internacionalistas tiene muy poca relación con el movimiento talibán: “los talibanes no han luchado fuera de su país. Ciertamente, es un movimiento violento y antidemocrático, pero estrictamente afgano. Los yihadistas quieren llevar el terrorismo a todas partes”.

Otra cuestión que estos días ha ocupado una buena parte del espacio mediático ha sido el respaldo que Pedro Sánchez ha dado a las pretensiones de Marruecos sobre el Sahara Occidental. El consultor de Asuntos Culturales nos ofrece unos argumentos condicionados por la practicidad que todo contexto de dolor intenso y prolongado requiere: “El problema del Sáhara, como a menudo se olvida, es sobre todo un problema de refugiados. Casi doscientas mil personas viven en campamentos desde hace medio siglo. Esta situación no puede prolongarse eternamente. La solución autonómica propugnada por Marruecos y defendida ahora por España puede considerarse como la salida menos mala de la crisis”, concluye Beyrouk.