La editorial Tiempo de Papel publica “Donde los perros ladran con la cola”, de la escritora francesa de origen antillano Estelle-Sarah Bulle.

Texto: Susana PICOS  Foto: Bruno DEWAELE

 

Estelle-Sarah Bulle es de las pocas escritoras que ha logrado el éxito con su primera novela y ya pasados los 40. Esta autora nacida en 1974 en Créteil (Francia), graduada en la escuela de negocios y que trabajó en distintas instituciones culturales, incluido el Museo del Louvre, dio un giro de 180 grados a su vida cuando a los 40 decidió dejar su trabajo y dedicarse a escribir. “Al principio quería escribir, sobre todo, sobre mí, pero eso me obligaba a hablar de mis padres y de mis abuelos”. En 2018 publicó su ópera prima, Donde los perros ladran con la cola, que ahora llega a nuestro país de la mano de la joven editorial Tiempo de Papel. Ese mismo año logró el premio Stanislas al mejor escritor novel, el Carbet a la mejor novela del Caribe, el APTOM y el Eugène Dabit a la novela más popular.

Estelle-Sarah Bulle ha escrito la historia de una mujer francesa que quiere conocer sus orígenes, su identidad, la vida de su familia: los Ezechiel. Recurre a su padre, pero sobre todo a sus tías, especialmente a su tía Antoine, una mujer con una personalidad fuerte y libre que la tiene fascinada. Ellos le contarán cómo era la vida en la isla de Guadalupe en los años 40, le hablarán de la exuberante y dura belleza isleña y del sol abrasador, del ron y la caña, pero también de la pobreza, la marginación y el racismo. A través de las vivencias de Antoine, Lucinde y Hermano Pequeño, nombre del padre de Sobrina, personaje que cuenta la historia; descubriremos distintas visiones de la existencia en la isla, de su propia intrahistoria familiar y de cómo cada uno de ellos siguió un camino distinto que desembocó en la emigración a Francia. “Contrariamente a la Sobrina del libro, yo nunca he buscado mi identidad, pero sí soy el producto de una historia, la historia de las Antillas, que se puede explicar como una novela. Por esa razón decidí que mi primera novela sería sobre esa historia que, a su vez, tiene que ver con la mía”.

En la novela, Bulle utiliza una prosa de gran lirismo para describir situaciones y momentos históricos, como las revueltas del 67, cuando los jóvenes de la isla se levantaron contra un gobierno que los trataba como una colonia, donde los blancos ejercían el poder y los negros trabajaban sin tener derecho alguno. Muestra cómo, pese a la pobreza, en los años 40 se podía vivir en la isla Guadalupe con los recursos existentes, pero la explotación de las materias primas por parte de la metrópoli y la introducción de sus productos en la isla convirtieron los cultivos en un páramo y los nuevos sectores económicos emergentes, como el turismo, siguieron estando en manos de los blancos. Esto abocó a la emigración masiva a Francia a los negros antillanos, donde descubrieron que en el país galo no se les consideraba franceses por no cumplir con el estereotipo de blancos europeos y el resto de los emigrantes no los consideraba igual que ellos por proceder de una región de ultramar de Francia. “Es necesario remontarse en el tiempo. ¡Un siglo de historia contemporánea de las Antillas! Yo me inspiré en mi propia vida porque durante la infancia y la adolescencia es cuando nos preguntamos más por nuestra identidad, sobre todo, cuando te das cuenta de que no tienes mucho en común con las otras jóvenes del barrio donde vives. Yo era una de las pocas mestizas de mi barrio, pero convivía con niñas de otros orígenes. La cuestión del exilio y la doble identidad ha sido una constante en mi generación”.

El título de Donde los perros ladran con la cola es la traducción de una expresión criolla, “Cé la chyen ka japé pa ké”, que la tía Antoine utiliza para describir su ciudad natal, Morne-Galant (nombre de ficción). Significa «rezagada, lejos de todo». Y es que Bulle utiliza palabras y frases criollas en la novela; aunque ella no lo habla, recuerda las conversaciones entre su padre y su abuelo de los veranos que fueron a visitarlo, incluso, utiliza términos inventados entre el francés y el criollo como “labyrinther”, “zinzonner” o “tchiper”.

Tras esta novela, Estelle-Sarah Bulle ha publicado una segunda dirigida al público juvenil, que todavía no ha sido traducida al idioma español. La andadura exitosa emprendida por la escritora guadalupeña Marysé Condé, Premio Nobel Alternativo en 2018, es un buen acicate para continuar apostando por la literatura con sabor antillano.