La NASA pone en marcha una colección de libros de divulgación espacial en inglés y castellano con la intención de animar las vocaciones de astronauta entre los más jóvenes.

 Texto: Antonio ITURBE   Foto: ESA

 

La NASA, tótem del avance tecnológico y la investigación, parece un lugar donde solo trabajan los del bachillerato científico. Pues no es exactamente así. Entras en su página web y encuentras piezas que cuentan el lanzamiento del último gran telescopio espacial James Webb o las actividades navideñas de los astronautas en la Estación Espacial Internacional. Al final de la página aparece un cintillo con la frase “More Stories” (“Más historias”). Esas piezas que leemos son escritas por manos educadas en el arte del relato.

Lo que la NASA quiere contar a la gente en su web no es información detallada, cifras ni datos, sino historias. No se trata de romanticismo, sino de sentido práctico. Son las historias con su carga de interés humano y emocional las que hacen que la opinión pública no vea a la NASA como un búnquer de cerebritos, sino como algo empático que los interpela emocionalmente. Y es que los políticos solo van a soltar la pasta que permite construir los cacharritos para investigar la atmósfera de Venus si la opinión pública mayoritaria de la que dependen sus votos resulta favorable.

La NASA ha dado un paso más en ese afán de hacer una comunicación basada en el arte de contar historias y acaba de publicar La primera mujer, una novela gráfica dirigida al público de cualquier edad -pero especialmente la chavalería- que se puede leer y descargar gratuitamente en inglés y en castellano en https://www.nasa.gov/specials/calliefirst/. Una buena manera de unir ciencia y literatura. Y de tener un reconocimiento al español.

Es la primera entrega de lo que va a ser una serie protagonizada por la comandante Callie Rodriguez. La comandante, al frente de una importante misión lunar, tiene la piel oscura y apellido hispano. Y eso no es casual. Hay una aventura en la luna, con una inesperada tormenta radioactiva que muestra el coraje de la comandante, pero sobre todo este primer volumen es su aventura personal, hija de un matrimonio inmigrante de clase modesta con un padre mecánico de coches. Una historia de superación y sueños en la que la pequeña Callie, que desde niña quiso ser astronauta, muestra un gran talento para las matemáticas y la inteligencia artificial. El apoyo de su familia es muy importante; el programa de becas, también. Porque en estas cosas de la inversión en investigación y talento, el cariño no basta.

Hay un momento de la historia en que la vemos mirar en internet imágenes históricas de astronautas y girarse compungida hacia sus padres: “Ninguno de los astronautas se parece a nosotros”. Los de la foto son todos hombres y blanquitos, y ellos tienen la piel oscura. Pero su padre le hace ver que en las fotos más recientes las cosas están cambiando. Falta hace, porque la NASA se caracterizó durante décadas por su racismo, de ahí su voluntad ahora de ser mucho más cuidadosos con la participación de mujeres y pieles que no sean blanco nuclear. Finalmente, ella es aceptada en la agencia espacial.

Como no podía ser menos siendo editora la Agencia Espacial más poderosa del planeta, hay un componente tecnológico importante, pero bien administrado y que resulta interesante. A lo largo de las páginas hay códigos QR por si se quiere ampliar información concreta sobre Rovers, cultivos de plantas en el espacio o saber qué es un túnel de lava en la luna, con vídeos breves y amenos que se activan al momento.  Quien no quiere detenerse en esa parte más didáctica puede saltarlos y seguir la aventura de Callie sin perder el ritmo. Otro de los ingredientes es el sentido del humor, especialmente en la bocaza del robot que ella misma ha fabricado, RT. Es un robot al que le abrió el acceso aleatorio a todo internet y habla mezclando frases de películas, informativos y series de televisión. A ratos ni los astronautas aguantan su estilo rimbombante y un poco loco.

El mensaje de empoderar a mujeres y personas de color parece que por fin se lo toman en serio en la NASA. Y también se están tomando en serio ofrecer más atención al castellano. Esta novela gráfica infantil ingeniada por la NASA también puede descargarse en castellano, con los contenidos extra también en castellano o subtitulados. Una muestra de su interés es que uno de los lanzamientos que había levantado más expectación en los últimos años, la llegada de un Rover de exploración a Marte, fue retransmitida en directo por un canal en español por la ingeniera colombiana de la NASA Diana Trujillo, implicada en la misión.

Una nota de la NASA explica en torno a este primer libro para jóvenes que “traducirlo al español fue el siguiente paso natural para la NASA, ya que el compromiso de la agencia con la diversidad, la equidad y la inclusión conlleva expandir sus comunicaciones en español para llegar mejor a la población hispana en los Estados Unidos y más allá”.

Afirma la administradora adjunta de la NASA Pam Melroy que “Al destacar a una afrolatina y gracias a la traducción de la novela gráfica al español, podemos expandir nuestro alcance a la comunidad hispana, la segunda comunidad étnica más grande y también la segunda de más rápido crecimiento en el país. No es por casualidad que apodamos esta novela gráfica La primera mujer: la promesa de la NASA para toda la humanidad«.

Aquí en España luchamos poco y nada por la importancia del castellano en las instituciones europeas, no se establece ningún vínculo idiomático con los 31 millones de hispanos de Estados Unidos, el intercambio universitario con América Latina es anecdótico y en Cataluña se pone el grito en el cielo por la posibilidad de que haya una cuarta parte de horas lectivas en castellano. Sin embargo, parece que en Marte se van a incrementar las horas de castellano. Cosas que pasan.