El teatro perpetuo

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El teatro perpetuo

Franco Chiaravalloti

Tres Hermanas

176 págs. 18’50€

                                                   

Si aceptamos que cada uno de nosotros juega unos cuantos roles en la sociedad, y que los mismos solo dependen del entorno en que nos encontremos (escuela, trabajo, amigos, familia), es lógico concluir que la vida no es sino un teatro, un teatro perpetuo. Franco Chiaravalloti, en su libro homónimo, El teatro perpetuo (Tres Hermanas) explota este concepto en trece contundentes cuentos que paulatinamente van hundiendo al lector en la desesperanza más irremediable para luego elevarlo, sin caer en la cursilería, a un estado en el que la esperanza es más que una posibilidad, acaso una obligación.

La familia es el contexto que predomina en las narraciones. La voz femenina, la cantante. Y la muerte y el destierro, los dos temas más conspicuos. Con cada cuento se abre el telón y se nos presenta una escena en la que, invariablemente, algo -o todo- se ha perdido o algo -o todo- se puede perder. Una familia que llega a Fuerteventura a visitar a su hija recientemente hospitalizada, muy grave; una pareja que en medio de la noche busca cobijo y comida en un sórdido refugio búlgaro; un inocuo accidente de tráfico que deja por tierra los buenos modales y hace aflorar los peores instintos de los implicados; una hija vuelve a casa tras la muerte de su madre y descubre la persistencia de un penetrante hedor. Es imposible no identificarse con alguna de ellas. Marca de la casa es una muy trabajada tensión, que aparece desde las primeras líneas y se tensa párrafo a párrafo. No hay piedad. No hay tregua. Pero tampoco hay crueldad gratuita. En los cuentos de Chiaravalloti, escritos con estilo pulcro y contenidamente literario, se contemplan y potencia todas las pasiones. El abanico se estrena con el miedo y se despliega hasta su opuesto, el amor. Los desarrollos no son en absoluto previsibles, pero las resoluciones, a menudo amargas, siempre dejan un contradictorio poso de final necesario, que actúa como un ácido en la resaca lectora. ¿Así somos? O más bien, ¿así podemos llegar a ser?

El indicador más fiable de haber leído un buen libro de cuentos es que, terminada la lectura de cada relato, uno siente que lo que ha leído es una novela entera, y que los personajes siguen viviendo más allá del punto y final.  Guillem Borrero