Texto: Luz GABÁS  Foto: Asís G. AYERBE

 

Las pasiones humanas y la fuerza de la naturaleza forman parte del ADN de las novelas de Luz Gabás, una escritora que ha transitado por el mundo de la política, y que se aferra a la tierra con uñas y dientes como nos cuenta en esta Entrevista Abecedario.

 

Amor: Única razón para continuar adelante.

Benasque: Junto con Cerler y Anciles, del mismo municipio, y Monzón, donde nací, lugar al que pertenecen los latidos de mi corazón.

Cultura: Suplemento vitaanímico para los estados carenciales de la realidad.

Dios: Lo inexplicable que me recuerda la importancia de la humildad.

Éxito:  Suma de retos superados.

Fracaso: Patada para recomponerse y cambiar de estrategia.

Grito: Voz rabiosa que surge en el interior y sale (o no) al exterior cuando se escuchan las noticias.

Herencia: Usufructo de identidad.

Intriga: Yo de muy viejita.

Justicia: Aquello que se busca en la vida poética porque en la real resulta lenta e incompleta.

Kafkiano: Relativo al sistema que te obliga a pagar por recibir (importar) un pequeño regalo navideño de otro país.

Literatura: Suma de mensajes embotellados lanzados por sensibles náufragos existenciales.

Miedo: Ratón que te roe las entrañas al pensar en la enfermedad, la muerte y el avión.

Nieve: Comprensión íntima y absoluta de los conceptos de silencio y calma.

Ñoño: Tu propio diario releído.

Oasis: Cañas con amigos.

Política: Mentira con piel (sintética) de verdad.

Quijotesco: Relativo a la pretensión absurda de que no dilapiden tus impuestos.

Risa: Punto de partida de aquello que se convertirá en un buen recuerdo.

Sueño: Un yo en estado libre.

Tierra: Ser maltratado al que me aferro como una garrapata.

Universal: Lo local visto con un microscopio de alta resolución.

Verdad: En la actualidad, lo imaginado frente a lo que existe u ocurre o lo que un grupo pretende imponer como válido.

Xenofobia: Rechazo a un ser que podría ser yo.

Yo: La amiga íntima que solo me deja tranquila cuando duerme profundamente y, a veces, ni eso.

Zarpar: Sentir un ligero mareo al alejarse de lo sólido.