A pesar de que existe una abundante producción de libros de ensayo sobre el proceso desencadenado por la ocupación de las plazas de las ciudades españolas en 2011, apenas existen títulos de ficción. En el décimo aniversario de los Indignados, algunas novelas enriquecen el todavía exiguo campo de la narrativa «quincemayista».

Protestas en la Puerta del Sol de Madrid en mayo de 2011

 

 Texto: Bernardo GUTIÉRREZ  Foto: Carlos DELGADO

 

A finales del año 2011, Alejandro Pedregosa decidió escribir una novela atravesada por el 15M. Se puso manos a la obra con un thriller, A pleno sol (Temas de Hoy, 2013), en el que la Acampada Sol de Madrid era el epicentro de la trama. La desaparición de Daniela Espejo, una de las acampadas, es la excusa para retratar el ambiente del Madrid rebelde de aquellos tiempos. Alejandro mandó un cuestionario a algunas personas de la Acampada Sol para conocer su motivación, los momentos más hermosos y los más frustrantes que allí vivieron. Escogió premeditadamente el formato de novela negra. «La investigación de un crimen te obliga a la investigación psicológica de unos personajes y a la investigación sociológica de un grupo», afirma en entrevista con este medio. A pleno sol, una de las primeras novelas ambientadas en el 15M, retrata el devenir de un grupo heterogéneo en el que conviven un policía jubilado, estudiantes y diversos personajes de la farándula. «Había una percepción absolutamente errónea sobre lo que era el 15M (una pandilla de jóvenes izquierdistas). Mi experiencia no decía eso. Había una transversalidad social de la que los medios nunca llegaron a hacerse eco», matiza Alejandro.

La novela recorrió el circuito comercial sin llamar demasiado la atención. Mientras, cientos de ensayos de no ficción intentaban explicar el fenómeno político y social del 15M. Por algún motivo, el grifo de títulos de ficción sobre el magma social de los Indignados se cerró. Incluso diez años después del acontecimiento 15M, una novedad de ficción (Los invertebrados, Gastón Segura, Editorial Drácena) se queda en el inicio de la Acampada Sol. La novela, un thriller con lenguaje crápula y picaresco, retrata con acidez la podredumbre moral y las corruptelas de la España de entonces. «El 15M debía de acontecer en la novela como una especie de deus ex machina, que es como lo vivió la sociedad española, asombrada ante aquella revuelta tan esperanzadora. Sucede como un deslumbramiento», asegura por correo electrónico Gastón Segura.

Sin embargo, a pesar de la escasa ficción sobre el 15M, algunas novelas que se publicaron a partir de 2012 sí contienen los paisajes sociales visibilizados por el estallido. Las novelas Democracia (Pablo Gutiérrez, Seix Barral, 2012), La habitación oscura (Isaac Rosa, Seix Barral 2013), Made in Spain (Javier Mestre, Caballo de Troya, 2014), Clavícula (Marta Sanz, Anagrama, 2017) o El comité de la noche (Belén Gopegui, Literatura Random House, 2014), entre otras, sirven de ejemplo. ¿Por qué diez años después del 15M apenas hay literatura sobre ello?.

Historias cotidianas

Para el décimo aniversario del 15M, Lengua de Trapo ha lanzado Hotel Madrid, una historia triste, de Rocío Lanchares Bardají. La novela es un emocionado torbellino de memorias. En sus entrañas florecen cotidianidades y modos colectivos de habitar la ciudad. Escrita en primera persona, la novela relata la ocupación del Hotel Madrid de la calle Carretas de Madrid (el 15 de octubre de 2011) y describe la energía de las personas que se involucraron en un espacio destinado al fracaso. No obstante, la intensa prosa de Rocío, que rememora a fogonazos la Acampada Sol y aquella voluntad de «permanecer indefinidamente en la plaza hasta que arda todo», se centra en cómo cambió la vida de un grupo de personas del madrileño barrio de Carabanchel. Por la novela desfilan asambleas, fiestas, manifestaciones, okupas, conciertos, hackers, sexo no binario, acciones contra los desahucios. Y apartamentos colectivos. Y vidas declaradamente colectivizadas. Y una nave industrial ocupada, el Vaciador 34, que fue uno de los espacios culturales más alternativos de Madrid. La historia se extiende en el periodo 2011-2014, «que es cuando más presencia tenían los movimientos en la calle, cuando más efervescencia creativa se daba, más movilizaciones, campañas, apertura de centros sociales…», afirma Rocío Lanchares Bardají. Hotel Madrid, una historia triste, posiblemente la novela más quincemayista hasta la fecha, evita la nostalgia. «El 15M no existe. Es un significante hueco», dice la narradora. En la novela, el 15M no es un gran relato. Se cuenta, según la autora, a través de historias personales: «Retratos individuales que, al ponerse en relación a través del contexto, de los hechos, adquieren una dimensión colectiva».

Grietas, de Santi Fernández Patón (Lengua de Trapo, 2014), es otra de las novelas atravesadas por el 15M. Recreada en el período inmediatamente posterior a la ocupación de las plazas, la novela refleja cómo un clima social lleno de asambleas o manifestaciones transforma a los personajes. «Así evitaba el riesgo del folclorismo o la ideologización». Santi critica que algunas novelas que han tenido el 15M como eje, en realidad lo hicieron con una excusa resultona o comercial para ambientar una trama convencional. «Mucha gente se dio cuenta de la irrepresentabilidad del 15M, que fue un acontecimiento con tantas lecturas posibles, a veces contradictorias, que lo más interesante fueron sus efectos, y esa huella sí está presente en parte de nuestra narrativa», matiza.

El retorno de lo político

David Becerra Mayor disecciona en Después del acontecimiento (Bellaterra Edicions, 2021) cómo ha afectado el 15M a la literatura española. En primer lugar, destaca la aparición de “novelas de la crisis”, como Ejército enemigo (Alberto Olmos, Literatura Random House, 2011), El público (Bruno Galindo, Lengua de Trapo, 2012) o El acontecimiento (Javier Moreno, Salto de Página, 2015). En ellas, «la subjetividad ya no concierne únicamente al individuo en su intimidad, sino que se interpreta en términos políticos». En el ensayo de David Becerra Mayor, merece especial mención la novela de Belén Gopegui Acceso no autorizado (Literatura Mondadori, 2011). “Las proclamas del 15M de ‘No nos representan’ y ‘Lo llaman democracia y no lo es’ quedan en la novela legitimadas al señalar a una clase política incapaz de intervenir sobre el curso de la historia”, escribe David Becerra. Aunque en el universo literario de Belén Gopegui siempre estuvieron presentes las formas colectivas de vida, algunas de sus novelas posteriores a 2011 contienen atmósferas, ideas o acciones que sucedieron a la ocupación de las plazas. Las movilizaciones de la Marea Blanca aparecen en El comité de la noche. En su novela más reciente, Existiríamos el mar (Literatura Random House, 2021), un grupo de personas comparten piso y un plan colectivo para sus vidas. Uno de los personajes intenta poner en marcha en su empresa la iniciativa Stop Despidos, un claro guiño al Stop Desahucios que surgió tras el 15M. En La habitación oscura de Isaac Rosa, los protagonistas alquilan un local en el que se refugian de la virulencia de la crisis. El clima social post 15M es un telón de fondo. Se escucha el rumor de las asambleas y las acciones anti desahucios. El hacktivismo, tan importante en el 15M inicial, está muy presente en la novela.

David Becerra Mayor habla del “retorno de lo político”: “De pronto pasamos de lo que denominó ‘novela de la no-ideología’, que armonizaba las contradicciones del sistema capitalista y narraba conflictos en clave individual, a empezar a politizar nuestro sufrimiento. En las novelas del ‘retorno de lo político, el conflicto político y social ya no se desplaza, sino que se tensa, para hacerlo estallar”, asegura David por correo electrónico. En su ensayo cita la obra de Rafael Chirbes, Belén Gopegui, Marta Sanz, Isaac Rosa, Matías Escalera, Eva Fernández, Alfons Cervera o Rafael Reig. ¿Será que la literatura quincemayista es precisamente la que ha iluminado temáticas inexistentes para lo que el periodista Guillem Martínez denominó “cultura de la Transición”?.

Producción de realidad

La escritora Noelia Pena destaca el contraste entre la escasez de ficción sobre el 15M con la abundancia de voces nuevas en el periodismo y el análisis de actualidad. “Del 15M nacieron muchas iniciativas sin las que se hace difícil entender el presente. A mí me interesa más la producción de realidad derivada del 15M que la falta de producción de ficción”. En 2014, Noelia publicó el ensayo El agua que falta (Caballo de Troya), tejido con reflexiones poéticas sobre la precariedad o la crisis. Peña destaca una característica puramente quincemayista del libro, su carácter de “toma de palabra”. En 2018, publicó La vida de las estrellas (La Oveja Roja), una novela que nace con intenciones alejadas del 15M, aunque apuesta por la sororidad, un rastro que la autora identifica como quincemayista.

La historiadora de arte Julia Ramírez-Blanco, sin respuesta categórica sobre la ficción del 15M, apunta hacia múltiples caminos de imaginación y creatividad colectivas. La autora de 15M: el tiempo de las plazas (Alianza Editorial), uno de los grandes ensayos del décimo aniversario, destaca los formatos nuevos de protesta: “Si entendemos la protesta como un género performático, parateatral, el 15M tuvo una enorme fuerza imaginativa. El inicio fue ese tomar las plazas con campamentos contraculturales, pero a ello le siguieron muchos otros espectáculos comunitarios. Solo enumeraré algunos: llevar a juicio a Rodrigo Rato entendiéndolo como una gran obra de teatro (15MPaRato), bailar flamenco anticapitalista en las sedes de los grandes bancos (colectivo Flo6x8) o rodear las escuelas con abrazos”. Cuando la realidad supera a la ficción, afirma Rocío Lanchares Bardají, lo “que mejor puede acercarse a ella es el ensayo, la crónica o la escritura documental”. Alejandro Pedregosa asegura que la ficción se levanta sobre territorios conocidos: “A partir de ahí, genera nuevos significados que ensanchan la realidad. Ni escritores ni lectores tenían unos referentes claros para tratar el fenómeno del 15M. No se puede narrar sobre lo que no se conoce”.

El filósofo Amador Fernández-Savater aborda nuevos ángulos sobre la construcción de ficción en su ensayo Habitar y Gobernar (Ned Ediciones, 2020). El autor —que también ha publicado La fuerza de los débiles en Ediciones Akal para el décimo aniversario del 15M— profundiza en el concepto de “ficción política” de Jacques Rancière. Y lo vincula, remezclando sus palabras con las del filósofo francés, al proceso social desencadenado por la ocupación de las plazas: “[La ficción política] impugna la distribución jerárquica de lugares. Hace ver cosas que no se veían, pone en relación lo que estaba disperso, hacer surgir otras voces, otros temas, otros lenguajes, otras escalas, otros razonamientos, otras legitimidades, otros hechos». Ficciones políticas, decíamos: bibliotecas organizadas en plazas ocupadas, escuelitas infantiles en medio de acampadas, sucursales bancarias transformadas en centros socio-culturales, huertos brotando en rotondas y alcorques, abrazos colectivos aplicados a las fuerzas policiales… Mundos otros desplegados sobre una realidad que, de golpe, parecía caducada. Sin el 15M, ¿habría sido posible el batacazo de subversión sexual de Lectura fácil (Cristina Morales, Anagrama, 2018)? ¿Y el duro retrato de la precariedad laboral de La trabajadora (Elvira Navarro, Literatura Random House, 2021)?, ¿Diego Sánchez Aguilar habría disparado sin piedad contra las élites en Factbook. El libro de los hechos (2018, Candaya)?

El 15M (y su literatura) puede que resida en los detalles. En los sutiles pliegues que el acontecimiento dejó sobre la superficie. En el cambio que millones de personas sintieron en sus vidas. Rocío Lanchares Bardají habla de las historias mínimas del 15M: “No me interesa la historia con mayúsculas o la historia única sobre el tema. Quizá no sea un tema para grandes relatos, y sí para historias mínimas con una épica muy propia”. Para David Becerra Mayor lo interesante es pensar el 15M como acontecimiento, “como un momento que tiene la potencia de desestabilizar la situación, de transformar el lenguaje y los códigos de comunicación, de convertir lo obvio en inestable”. ¿El ciclo abierto por el 15M está agotado?, ¿o su final está todavía abierto?, ¿las aguas volverán al cauce político de la Transición?, ¿o habrá otros desenlaces?, ¿la literatura sobre el 15M está todavía por llegar, como afirma Julia Ramírez-Blanco? David Becerra Mayor sugiere que siempre quedará el archivo de narrativas de después del acontecimiento: “Aunque tal vez cubierto de polvo y moho, el archivo estará disponible para que los historiadores culturales del futuro puedan identificar las grietas que se abrieron en la ideología dominante, para hacer sobrevivir estas narraciones que un día anunciaron la emergencia de otro mundo posible.

El tiempo de las plazas

En 15M. El tiempo de las plazas (Alianza Editorial, 2021), Julia Ramírez-Blanco busca algunos posibles referentes históricos para el 15M en el activismo transnacional (como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional), en iniciativas ciudadanas de España (V de Vivienda, centros sociales) o en revueltas internacionales (revolución islandesa, protestas árabes). Sin embargo, lejos de abusar de la linealidad, la investigadora construye una genealogía de algo mayor. 15M. El tiempo de las plazas es un conjunto de itinerarios que desembocan en el enrarecido estado de la sociedad, la economía y la política actuales, especialmente la española. El ensayo es una brújula posible para un tiempo que fue más allá del acontecimiento y se desdobló en diversos procesos complementarios. La micropolítica de las plazas ocupadas convive con narrativas transglobales, con un abanico de visiones macro y con un tupido ecosistema de prácticas sociales que se extiende hasta el año 2015.