Caro Claire Burke desmonta el mito de las esposas tradicionales
La novela “Yesteryear”, que se convirtió en un éxito de ventas instantáneo en Estados Unidos, llega a España de la mano de AdN. Amazon ha comprado los derechos cinematográficos y Anne Hathaway será la protagonista de la versión cinematográfica.

Texto: Sabina Frieldjudssen
Las influencers tradicionales como Hannah Neeleman hornean pan, cuidan gallinas y recolectan fruta de sus huertos, pero también se ocupan de una prole inmensa sin perder el moldeado perfecto del pelo y se declaran, con entusiasmo, sumisas a un hombre muy afortunado. «Mi marido no tiene que mover un dedo cuando está en casa», comenta risueña Estee Williams, otra influencer tradicional, a sus decenas de miles de seguidores en Instagram.
La aparición de canales en las redes sociales de las llamadas tradwifes (esposas tradicionales) que muestran a mujeres monísimas que crían montones de hijos preciosos y educadísimos, hacen todo tipo de tartas, cuidan su huerto con esmero y reciben a su marido sonrientes, ha pasado de ser una anécdota retrógrada a una moda preocupante. A la virginiana Caro Claire Burke, casada y sin ninguna animadversión con la posibilidad de que una mujer pudiera ocuparse de los asuntos de la casa, le preocupó y le indignó esa manera tramposa de presentar el lugar en el mundo de una mujer.
Para contrarrestar a esas influencers tradicionalistas, puso en marcha el pódcast «Mentiras Diabólicas». Explica que el nombre del pódcast se inspiró en el discurso de graduación en el Benedictine College de Kansas City de un jugador de fútbol americano, Harrison Butker (que no había cumplido los 30 años): “Pronunció un discurso de graduación ante las jóvenes entre el público que recibían sus títulos universitarios: ‘Quiero dirigirme brevemente a ustedes directamente porque creo que son ustedes, las mujeres, a quienes les han contado las mentiras más diabólicas’. Esas mentiras eran el feminismo y la idea de que podrían encontrarle sentido a la vida fuera de sus hogares. ¡Me pareció una barbaridad decirle eso a una mujer que se graduaba de la universidad!”.
El debut como novelista de Burke ha levantado un gran revuelo en Estados Unidos, que ha llegado hasta las páginas del New York Times. En Yesteryear presenta a una influencer que muestra su idílica vida como madre de seis hijos en un rancho encantador y tiene millones de seguidores en las redes sociales. Lo que no aparece en las pantallas de esos seguidores es la tramoya de las grabaciones, porque fuera de cámara hay todo un montaje de productores y publicistas, además del apoyo financiero de tener como marido al heredero de una familia muy influyente.
Natalie, esa influencer de vida artificialmente maravillosa, se despierta por la mañana y su mundo se ha transformado: no hay electricidad, la cocina se calienta con leña y hay que cargarla a brazadas de manera agotadora, los niños están sucios y se da cuenta que ha retrocedido al siglo XIX. De posar con unos tarros de mermelada monísimos ha pasado a tener que lavar la ropa a mano hasta hacerse sangre. No sabe qué ha pasado, pero quiere volver a toda costa a su tiempo y recuperar su vida de máximo confort.
La novela tira mucho de la parodia y la ironía para mostrarnos cómo Santa Teresa tenía razón cuando decía que Dios nos castiga atendiendo nuestras más encendidas plegarias. Si quería vida tradicional, ahí tiene catorce tazas.
Burke explica que “cuando vendí el original de la novela a la editorial, hubo quienes pensaron que debíamos publicarla a toda prisa porque era algo pasajero y pronto no sería relevante. Pero ahora es más relevante que hace dos años. ¡La vida de ama de casa tradicional se ha arraigado en la cultura!”.
Afirma que “el concepto de esposa tradicional es una expresión acuñada por hombres para describir un tipo de mujer: una mujer siempre feliz, sumisa y que disfrutaba haciendo todo eso. Por lo tanto, una ‘esposa tradicional’ no es sinónimo de ama de casa. Es una fantasía. Así que, aunque es algo que no pueda tomar muy en serio, sí me tomo muy en serio las consecuencias en la expansión de esas ideas. En esa obsesión con los valores reaccionarios y sexistas existen consecuencias reales y literales relacionadas con nuestros derechos reproductivos y nuestros derechos legales”.
El tema puede tener derivadas muy serias, pero la historia de esta influencer atrapada en su propia fantasía se lee con mucha ligereza gracias a su sentido del humor.




