«Al llegar el adiós»: memorias de un amigo fiel
Romualdas Granauskas es el autor de «Al llegar el adiós», una suerte de memorias en las que el escritor lituano narra la relación con su perro y donde reflexiona sobre la lealtad, la amistad interespecies, el envejecimiento y la muerte.

Texto: David Valiente
No es la primera vez que la literatura presta atención a la relación entre los humanos y los perros en términos de fidelidad. Cuando Odiseo regresa a su añorada Ítaca, después de haber estado vagando durante diez años por el Mediterráneo, no consigue engañar a su fiel perro Argos con su disfraz de mendigo. El animal lo reconoció nada más verlo.
Desde el subcontinente Indio, nos llega la historia del rey Yudhishthira y su negativa a atravesar el paraíso si no era en compañía del perro que no le abandonó durante el trayecto. El Mahabharata termina por revelar que el can era la encarnación del Dharma, una suerte de justicia cósmica o fuente de rectitud en el hinduismo. En el siglo XIX, un poeta díscolo, apasionado y aventurero perteneciente a la nobleza británica dedicó el siguiente epitafio a su querido terranova Boatswian muerto por un cuadro clínico parecido a la rabia: “Cerca de este lugar/ reposan los restos de un ser/ que poseyó belleza sin vanidad, / fuerza sin insolencia, / valor sin ferocidad/ y todas las virtudes del hombre sin sus vicios”.
Romualdas Granauskas, uno de los escritores más reconocidos de la segunda mitad del siglo XX en Lituania, aporta una nueva historia a esa unión entre perros y literatura con Al llegar el adiós (Báltica Editorial), donde identifica la lealtad más exaltada con la figura de su perro Bulis, el bóxer tigre de origen alemán al que cuidó durante algo más de siete años. Granauskas escribió una suerte de memorias de la relación con su perro, en la cual las reflexiones sobre la lealtad, la amistad interespecies, el envejecimiento y la muerte complementan los hechos cotidianos algo más banales, aunque relevantes por amalgamar tendencias innovadoras tanto del comportamiento humano como animal.
El autor lo tuvo claro desde el principio: no iba a adquirir una mascota para darle una vida de perro. Como le dijo a la encargada del club canino estonio al que él y su mujer Genutė se desplazaron para buscar a Bulis: “Necesito un amigo”.
Amar a tu mascota como acto de libertad
En las relaciones, especialmente en las amatorias, las personas sienten un profundo miedo a perder la libertad, la facultad humana que, supuestamente, más nos acerca en Occidente a un estado de plenitud y felicidad. Sin embargo, Romualdas Granauskas demuestra que el acto de amar en exclusividad y por muchos años constituye el mayor acto de libertad al alcance de nuestra especie. Lo que impulsa al autor lituano no es la obligación ni la parte más exigente del compromiso, sino la creación de un nexo nacido del deseo y fortalecido día a día por el amor y la humedad del tiempo.
Entre Bulis y Granauskas —también deberíamos incluir en esta relación a la mujer del escritor— se crea un vínculo perfecto, el más puro y consistente que el autor llegó a experimentar. El perro protege la casa. A sus humanos. Y cada vez que Granauskas cae enfermo y es hospitalizado, el animalito siente la ausencia de quien le prodiga afecto, y muestra su pesar con huelgas de hambre voluntarias que, en más de una ocasión, podrían haber acabado con la vida de Bulis por inanición. Ese amor mutuo incondicional se mantuvo vivo sin altibajos, aun después de que Bulis dejara de ocupar su espacio en el salón.
Los últimos años del can coinciden con la caída de la URSS y las luchas de las tres repúblicas bálticas por restaurar su independencia. Mientras la sociedad lituana estrena la libertad largamente anhelada, Granauskas parece incapaz de compartir el entusiasmo colectivo. La muerte de Bulis relega a un segundo plano la trascendencia histórica del momento. Ninguna victoria política ocupa el vacío que su fiel amigo ha dejado tras su marcha.
Mucho de vanguardista
Al llegar el adiós vio la luz en 2012, dos años antes de que el autor nos dijera hasta siempre. Los críticos han valorado estas memorias como una de las obras más íntimas del autor, incluso algunos sugieren lecturas en clave testamentaria: un alegato sin fisuras del amor que se puede llegar a sentir por un ser de otra especie y sobre el dolor que puede producir su despedida. Por mi parte, me gustaría destacar también su carácter precursor. Sería un error de contexto calificarlo como una obra animalista, pero, sin duda, adelanta una sensibilidad bastante reconocible y cada vez más extendida, por suerte, en nuestras sociedades, y supera esa tradición rural que percibía a las mascotas desde una posición utilitarista. Granauskas no representa a su perro como un simple símbolo ni herramienta; Bulis encarna la esencia y todas las cualidades de un sujeto que merece la misma despedida y provoca el mismo dolor que un ser humano al llegar el momento de decir adiós.





